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Emilio Campmany

Sillas musicales en el Consejo de Estado

Camps ha estado guardándole la silla a de la Vega para que pudiera volver a ella cuando acabara el Gobierno de Sánchez.

Camps ha estado guardándole la silla a de la Vega para que pudiera volver a ella cuando acabara el Gobierno de Sánchez.
María Teresa Fernández de la Vega, junto a Pedro Sánchez. | Archivo

La movida es la siguiente: siendo María Teresa Fernández de la Vega consejera permanente del Consejo de Estado, fue nombrada por Pedro Sánchez presidenta del mismo. Para sustituirla al frente de la sección séptima fue designada otra socialista, Victoria Camps. Como la presidencia del alto órgano consultivo es discrecional, teme de la Vega que, si el PP gana las próximas elecciones, la destituirá. De manera que le han pedido a Camps que renuncie para que de la Vega pueda, una vez dimitida, ser nombrada de nuevo consejera permanente. A la catedrática le han prometido que la harán consejera electiva, que no es lo mismo, pero menos da una piedra. O sea que Camps ha estado guardándole la silla a de la Vega para que pudiera volver a ella cuando acabara el Gobierno de Sánchez. Sin ánimo de ofender, es lo mismo que hacía Medvedev con Putin cuando la constitución rusa limitaba los mandatos. Ahora ya no hace falta porque la carta magna rusa se reformó y el autócrata puede legalmente seguir presidiendo su país hasta 2036, cuando estemos todos calvos y de la Vega siga asesorando al Gobierno como consejera permanente desde la sección séptima del Consejo de Estado.

Se dirá que es un nuevo asalto a las altas instituciones del Estado, que ya no se preocupan por ocultar sus intenciones, que cometen sus fechorías a cara descubierta y culo pajarero, que colonizan la Administración como parásitos y todo lo que ustedes quieran, pero no será noticia y no merece la pena comentarlo. Tampoco lo es, y tampoco exige glosa alguna, que de la Vega no se crea las encuestas de Tezanos. Nadie se las cree, ni siquiera Tezanos, así que ¿por qué se las iba a creer la presidenta del Consejo de Estado? Eso tampoco es noticia.

La verdadera noticia es que en el Consejo de Estado juegan a las sillas musicales precisamente ahora, cuando se supone que falta más de un año para las elecciones generales y cuando se piensa que hay tiempo para darle la vuelta a la tortilla. Lo natural habría sido que de la Vega esperara a las municipales y autonómicas, para las que faltan ocho meses, y ver que salía de ellas y, en función de los resultados, arriesgarse a mantenerse en el puesto o dimitir para ser nombrada consejera permanente. Haciéndolo ahora, obliga al Gobierno a elegir un nuevo presidente, que nadie con prestigio querrá serlo para tan poco tiempo, o a aguantar durante un año a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, al que le tocaría presidir la institución interinamente hasta que otro Gobierno decida. Por lo tanto, hacer el intercambio de puestos tan pronto está cuajado de inconvenientes. Salvo que, da miedo decirlo en voz alta, las elecciones vayan a ser en realidad mucho antes de lo que ha dicho Pedro Sánchez. ¿Será verdad que Dios aprieta, pero no ahoga?

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