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Agapito Maestre

Impunidad

El terrorista Otegi ha certificado su final: el Estado español depende de quienes desean la muerte de España.

El terrorista Otegi ha certificado su final: el Estado español depende de quienes desean la muerte de España.
Pedro Sánchez | Europa Press

La nación española desapareció hace tiempo del sistema institucional español. En el mejor de los casos es una expresión retórica. Ahora le toca su desaparición al Estado. El terrorista Otegi ha certificado su final: el Estado español depende de quienes desean la muerte de España. Cierto. Separatistas y terroristas mantienen el tinglado que preside Sánchez. La cosa está clara. La impunidad para los que delinquen contra España es total, pero la "Derecha sin remedio", el PP, mira para otro lado, porque no quiere, dice su líder, la confrontación entre españoles.

Feijoy (sic) ha renunciado por completo a los principios y a la defensa del Estado-Nación. No estuvo presente en la sesión que selló la impunidad para destrozar lo que queda de España. Tampoco ha respaldado las concentraciones de VOX. ¿Qué quiere Feijoy para llegar al poder? ¿su juego para reeditar una nueva edición del libro de Adolfo Suárez puede llevarnos al abismo? Creo que su táctica para rehuir enfrentarse a quienes desean destruirnos como Estado-Nación puede descalificarse de múltiples maneras, pero todas ellas tienen dos presupuestos comunes: la cobardía y la estulticia. Nada puede y nada quiere contra un gobierno que ha establecido la impunidad frente al delito. Terrible. El gabinete de Sánchez no es digno de ser llamado gobierno sino banda de sediciosos. Son asesinos de guantes blancos. Sánchez y los terroristas han conseguido que España sea un gentío sin ley. ¿Qué hace el líder de la Oposición contra esa banda? Jugar al despiste. Esconderse.

Sí, Feijoy critica la cosa, o sea el desmantelamiento de la nación y la democracia, con pellizquitos de monja. He ahí la tragedia de España. Hiela la sangre en las venas, me dice un gran amigo, el razonamiento que hizo el sábado pasado una voz autorizada como la de José María Macías, magistrado y vocal del CGPJ, entrevistado en 13TV, sobre lo sucedido la semana pasada de madrugada en el Congreso de los Diputados. La reforma del delito de sedición no es simplemente una rebaja de penas, es una derogación total del delito, y ello entraña consecuencias demoledoras. Suprimido el delito, debe anularse la sentencia que condenó a quienes lo cometieron, "nullum crimen, nulla poena sine legem".

Pero hay más; si no cometieron delito de sedición (que ya no existe), tampoco hay delito de malversación, puesto que esta figura quedó configurada como una bastarda utilización de fondos públicos para la comisión de un ilícito legal. Pero desaparecido el ilícito, desaparece cualquier reproche al uso de fondos públicos. Ello nos sitúa en un escenario de total impunidad. No ha existido delito alguno. Conclusión irrefutable desde una perspectiva de técnica jurídica penal. Precisamente en estos momentos (creo que hoy domingo debía pronunciarse el tribunal de justicia de la UE sobre la extradición de Puigdemont) carece ya de sentido cualquier decisión.

Analizado sin pasión, concluye mi amigo, no hay duda de que Sánchez ha traspasado todas las líneas de la decencia política y humana. Su indecente deriva (y la de sus ministros, no hay que olvidarlo), lo sitúan en un infame epicentro de traición, deshonestidad y desvergüenza jamás vistos en la historia de España. A la gente honrada no le cabe la menor duda de que algún un día, ojalá no sea lejano, acabará condenado por alta traición al país.

¡Y, mientras tanto, Feijoy esperando las elecciones!

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