Gobernar constituye algo extremadamente complejo y difícil de ejecutar. Pero hacer política, actividad que no tiene nada que ver con gobernar, resulta, por el contrario, una ocupación bastante simple que, en lo esencial, consiste en usar a diario los foros institucionales de resonancia pública y los medios de comunicación de masas con el fin de mantener excitados y movilizados a los propios, primer objetivo, y para, segundo propósito, tratar al tiempo de inducir un estado de apatía y desánimo abstencionista entre la clientela de los contrarios. En el fondo, es muy poco más que eso.
De ahí lo sorprendente de que dos profesionales de la política que conocen por experiencia la verdad que encierra ese axioma, Alberto Núñez Feijóo y Pablo Iglesias Turrión, coincidieran hace unas horas en reclamar, cada uno por su parte, la urgente convocatoria de un adelanto electoral. Y es que, tratándose de dos estrategas a los que se les supone pericia en los entresijos de su común oficio, resulta evidente por razones obvias que uno de ellos, ya se trate de Iglesias o de Feijóo, se está equivocando de modo grave. Pero es muy probable, además, que tanto el que acierta como el que yerra hayan partido de idéntico razonamiento para fijar su posición concurrente.
Feijóo puede estar pensando que establecer un vínculo causal entre la crisis constitucional y la cuestión catalana, su actual táctica, operaría en unos comicios adelantados como un poderoso catalizador que aglutinase en torno al PP al grueso de una derecha sociológica alarmada ante la eventualidad de un referéndum pactado por Sánchez y la Esquerra a realizar en la próxima legislatura. Un perentorio voto útil que, de paso, le serviría al gallego para deshacerse de la incómoda escolta parlamentaria de VOX. Dos por el precio de uno, que hubiera dicho Alfonso Guerra. ¿E Iglesias? ¿Por qué quiere el adelanto Iglesias? Pues porque tiene en la cabeza la famosa foto de Colón, un instante de clímax apocalíptico muy similar al actual. Lo de Colón, recuérdese, fue el 10 de febrero de 2019. Y Sánchez se animó a convocar justo después, el 28 de abril. La derecha (PP+Cs+Vox) perdió 22 escaños y la izquierda (PSOE+Unidas Podemos) ganó 26. Una diferencia de 48 a favor del Gobierno. ¿Quién se equivoca? No lo sé.

