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Pablo Planas

Corrupción a la catalana: Varça, Mas y "el drogas" de Borràs

El Barça, Farsa o Varça es un partido político que juega en el campeonato nacional de liga de la federación española.

El Barça, Farsa o Varça es un partido político que juega en el campeonato nacional de liga de la federación española.
Pancartas de 'Spain sit and talk' en el Camp Nou. | Europa Press

El caso de los pagos del F.C. Barcelona durante al menos 17 años al que fuera vicepresidente del comité técnico de los árbitros suscita encendidos debates en Cataluña. No es cierto que todos los medios hayan corrido un tupido velo sobre el asunto. En algunos se habla de ello. La cuestión candente en la Barcelona mediática es cómo fue posible que los rigurosos mecanismos de control ético de la benemérita institución azulgrana no detectaran el elevado gasto, medio millón de euros al año, en el tema Enríquez Negreira. Lo de menos para estos ejemplares medios de comunicación es que el Barcelona comprara el favor arbitral. La parte sustantiva es el elevado gasto y que no hubiera un contrato.

De modo que a los paladines de la moral culé y de llegar hasta el final caiga quien caiga no les escandaliza que el club de fútbol sobornara a uno de los jefes de los árbitros, sino que gastara demasiado. Ah, las cosas catalanas, eso de que las piedras se hacen panes... Dan por descontado que los demás grandes clubes también compran árbitros para garantizarse una cierta neutralidad. Así que aquí, en Barcelona, lo que preocupa en los ambientes de la ética es la opacidad de la entidad ante el "soci", que no hubiera contrato con el trencilla, que las preceptivas auditorías internas avaladas por las más estrictas garantías del catalanismo catalán no detectaran el enjuague, quién se llevaba las inevitables comisiones y, ojo al piojo, que no vaya a ser que el "más que un club" haya sido víctima de una estafa. Esa última teoría es la que le han ordenado difundir a otro bien pagado, Javier Tebas, elemento de la escudería de Roures.

De lo que no albergan la más mínima duda los defensores de la "causa justa" catalana es de que no es en absoluto casual que el escándalo haya saltado en el momento de máximo esplendor del príncipe de los valores, el entrenador Xavi, heredero del emperador de mear colonia Guardiola, hijo pródigo del cruyffismo, cuyo profeta es Laporta. Lo de que el club de sus amores y del proceso independentista amañara los resultados de una competición que genera miles de millones de euros ni se lo plantean.

El Barça, Farsa o Varça es un partido político que juega en el campeonato nacional de liga de la federación española. Ni "ejército desarmado", ni "simbólico", ni ninguna de las mandangas que ha difundido el catalanismo antes, durante y después de haber gozado del favor de Francisco Franco, cuyo busto presidió uno de los accesos principales del "Camp Nou" durante años y que fue condecorado tres veces por el club en agradecimiento a favores de todo tipo, desde condonaciones de deuda a fichajes como el de Kubala o la misma construcción previa recalificación de terrenos del actual estadio azulgrana.

Ni que decir tiene que la cosa acabará en nada. Eso mismo es lo que sostiene el ínclito Artur Mas sobre el caso Pujol. Este pasado lunes aparecía una entrevista con el promotor del "procés" en El periódico catalán, no confundir con La vanguardia, en la que el delfín político de Jordi Pujol, evasor confeso por antonomasia, decía que su mentor se equivocó al confesar lo de la fortuna oculta en Andorra. Según Mas, Pujol quiso salvar a su familia y está inmerso en una "fase de expiación personal de acuerdo con su filosofía y forma de ser". Vaya, Mas ha canonizado a Pujol en vida. ¡Santo súbito! El tipo que fundó Convergencia santificado por su heredero, el que presidió Convergencia en pleno apogeo del caso Palau. Una de las cosas más extraordinarias de la inaudita política catalana durante las últimas décadas es que hiperventilados como Jordi Cuixart u Oriol Junqueras hayan pisado la cárcel y Mas, no. Y ahí sigue el timonel del Ítaca, dando lecciones de ética y moral, diciendo que el partido no cobraba comisiones por la adjudicación de obras públicas, que es la palabra de Millet y Montull contra la suya.

Más cosas catalanas. La cuestión Borràs, la última perla convergente, presidenta del partido de Puigdemont, presidenta suspendida del parlamento de Cataluña y encausada por prevaricación y falsedad documental por fraccionar contratos durante su etapa como directora de la "Institución de las Letras Catalanas", el Instituto Cervantes a nivel catalán. El beneficiario del fraccionamiento de contratos dice que sí, que se benefició del fraccionamiento de contratos, que era colega de Borràs y que Borràs le impartió las instrucciones para fraccionar los contratos. El hombre ha admitido su culpabilidad, lo que aboca a su patrocinadora al sumidero. La defensa de Borràs aduce que el sujeto es drogadicto, que ha consumido porros, cocaína, LSD, éxtasis y finalmente heroína "intravenosa". ¿Se puede caer más bajo? Seguro que los abogados de Borràs sí que pueden.

La adicción a las drogas del autor de ese testimonio es lo que ha alegado la letrada Isabel Elbal, pareja de Gonzalo Boye (condenado por el secuestro de Emiliano Revilla e investigado por blanqueo de capitales del narco Sito Miñanco), el titular de la defensa de Borràs. El mismo Boye que es patrono del "Observatorio DESC", donde operaban Jaume Asens, Gerardo Pisarello y Ada Colau antes de dar el salto a la política. El Boye que defendió a su paisano chileno conocido como el asesino de los tirantes y el que ejerce la representación legal de Puigdemont, todos ellos grandes defensores de la ética, la moral y la democracia a la catalana de la república catalana y del más que un club. Eso es Cataluña y eso es lo que hay.

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