Las declaraciones de Enaam Mayara, presidente de la Cámara de Consejeros de Marruecos, institución que equivaldría al Senado, en las que ha considerado que las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla están "ocupadas" por España, pero que veía posible poder recuperarlas "sin tener que recurrir a las armas" son, sin duda, lamentables. No menos bochornoso ha resultado, sin embargo, el silencio del Ejecutivo español ante estas persistentes pretensiones anexionistas sobre estas dos ciudades españolas que lo son desde mucho antes del nacimiento del estado marroquí. Y es que, con la excepción de la ministra de Defensa, Margarita Robles, quien, a instancias de una periodista, ha manifestado que "Ceuta y Melilla son tan españolas como Zamora o Palencia y no hay nada más que discutir sobre ese tema", el gobierno, empezando por su presidente y siguiendo por el ministro de Asuntos Exteriores, ha mantenido un clamoroso silencio ante unas declaraciones que deberían haber suscitado la inmediata llamada a consultas de nuestro embajador en Rabat o, cuanto menos, la más enérgica repulsa de nuestro presidente del Gobierno.
No hay que ser, sin embargo, muy perspicaz para saber que el hecho de que el Gobierno español haya querido pasar de puntillas sobre este asunto, se debe a que estas declaraciones constituyen la enésima prueba de que Pedro Sánchez mintió descaradamente a los españoles —incluidos sus socios de Podemos— al justificar el bochornoso y servil cambio de postura de España ante el Sáhara Occidental sobre la base de que, a cambio, Rabat se comprometía a respetar la integridad territorial de España, que, lógicamente, incluye a Ceuta y Melilla.
Como ya señalamos en su día, aun cuando Rabat se hubiera comprometido a respetar la españolidad de Ceuta y Melilla, cosa que nunca hizo, sería inaceptable pagar por ello un precio como el de traicionar la posición española respecto al derecho del pueblo saharaui a decidir si quiere ser un Estado independiente o una provincia autónoma de Marruecos. La cuestión, por tanto, sigue siendo a cambio de qué Sánchez cedió ante las pretensiones anexionistas de Marruecos sobre el Sáhara, repentino y drástico cambio de postura que, para colmo, perjudicaron nuestras relaciones con Argelia, relaciones que siguen deterioradas. Sánchez sigue sin dar explicaciones por un cambio de postura que no entiende buena parte de su propio partido, que no respalda sus socios de Gobierno podemitas y que no es creíble que se deba a simple incompetencia. De hecho, constituye uno de los enigmas más inexplicables de toda la etapa de gobierno de Pedro Sánchez.
Lamentablemente, PP y Vox, en lugar de reclamar la inmediata comparecencia de Pedro Sánchez para que explique a qué se debe el cambio de postura ante el Sáhara, cuya justificación ha quedado desmentida por enésima vez por el presidente de la Cámara de Consejeros de Marruecos, han preferido enzarzarse en una estúpida discusión por el hecho de que Enaam Mayara es uno de los dirigentes de Istiqla, partido al que, a su vez, pertenece Nizar Baraka, quien el año pasado asistió como invitado al XX congreso Nacional del PP en Sevilla. Omite Espinosa de los Monteros que a ese mismo congreso del PP en Sevilla también asistieron como invitados miembros del Frente Polisario, encabezados por su delegado en España, Abdulah Arabi, y, sobre todo, desvía la atención sobre lo fundamental, que no es pedir explicaciones al PP, sino exigírselas a Sánchez por el cambio de postura ante el Sáhara.
Frente a estas reacciones, no tenemos recelo alguno en elogiar las declaraciones del representante de Podemos, Javier Sánchez Serna, quien ha asegurado que España debe mantener una posición "fuerte" ante Marruecos, que ha definido como "monarquía dictatorial", y defender "la soberanía española en Ceuta y Melilla" y también a la hora de defender el derecho a la autodeterminación del Sáhara Occidental.
Lo que es evidente es que la inadmisible e irresponsable condescendencia y el silencio de Sánchez, con independencia de a qué sean debidos, no hacen más que dar alas a un régimen, ciertamente dictatorial, que cree posible anexionarse ciudades españolas sin tener que recurrir a las armas.

