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Carmelo Jordá

El "reconocido prestigio" de Carmen Calvo

En ninguna de sus etapas en la primera línea de la política Carmen Calvo ha sido la más lista de la clase.

En ninguna de sus etapas en la primera línea de la política Carmen Calvo ha sido la más lista de la clase.
La exvicepresidenta Carmen Calvo. | Gustavo Valiente / Europa Press

El Tribunal Supremo ha anulado el nombramiento de Magdalena Valerio como presidenta del Consejo de Estado por no tener "reconocido prestigio" como jurista y, para recuperarse de tal revés, el Gobierno ha buscado una jurista prestigiosísima, ha mirado en el baúl de los recuerdos y ha encontrado a Carmen Calvo.

Vamos a decirlo sin más rodeos: en ninguna de sus etapas en la primera línea de la política Carmen Calvo ha sido la más lista de la clase. De hecho, siempre ha dado muestras de lo contrario y lo que todos nos preguntábamos no era cómo era posible que tan prestigiosa jurista estuviese sacrificando una vida en las mejores universidades del planeta a cambio del siempre ingrato ejercicio del servicio público, sino más bien cómo había llegado tan lejos teniendo menos luces que un triciclo de madera.

En este sentido, su reacción al nombramiento ha sido al mismo tiempo indignante y un poco enternecedora por ver tanta simpleza: se ha comparado a sí misma con Bobby Kennedy y a Pedro Sánchez con JFK, que nombró a su hermano Fiscal General. Calvo pone ese caso de nepotismo entre familiares como ejemplo de que colocar a alguien que no lo merece en un puesto público relevante es lo más normal del mundo, pero olvida –o quizá nunca ha sabido– que aquel fue uno de los nombramientos más polémicos del mandato de Kennedy, precisamente porque era un caso claro e injustificable de enchufe de alta tensión.

Y además, Carmen, la verdad es que tú tampoco eres Bobby Kennedy.

Pero no hagamos más sangre de la insigne egabrense, que al final es una mandada y una esbirra en el sentido literal de la tercera definición que de la palabra da la RAE, porque al cabo ella hace lo que le mandan: si Consejo de Estado pues Consejo de Estado, si la hubiesen puesto a presidir la academia de colombofilia pues mira qué bonitas las palomitas. El responsable de este nombramiento es, por supuesto, un Gobierno que cuando no insulta a los jueces y los acusa de lawfare se descojona en su cara.

Porque después de la sentencia del Supremo nombrar a Carmen Calvo con su "reconocido prestigio" como jurista es un chiste, una bufonada de mal gusto, un insulto. Una señora que no ha tenido prestigio ni como política y que cada vez que hablaba de leyes se limitaba a demostrar que su doctorado en Derecho Constitucional lo había ganado en una tómbola o le había caído de una piñata, quizá a la puerta de Ferraz.

No vamos a descubrir a estas alturas la falta de respeto por las instituciones, de decoro y de vergüenza de Pedro Sánchez, pero que la costumbre no nos haga inmunes a comportamientos que en un país serio resultarían grandes escándalos. Es cierto, afortunadamente, que el Consejo de Estado tampoco es la clave de bóveda que sostiene nuestra democracia, pero eso es lo de menos: lo crucial es cómo los que ejercen el poder se muestran convencidos de que pueden hacer con él lo que les salga de los testículos, incluso después de que el más alto tribunal del país les diga que no.

Ni JFK se habría atrevido a tanto, querida Carmen.

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