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Cristina Losada

Operación Triunfo nacionalista

En su último cónclave, un BNG ya libre de la amenaza terminal que le había supuesto el tinglado de las Mareas optó por cambiar de traje para "ensanchar su base electoral".

En su último cónclave, un BNG ya libre de la amenaza terminal que le había supuesto el tinglado de las Mareas optó por cambiar de traje para "ensanchar su base electoral".
La portavoz nacional del BNG, Ana Pontón, durante el acto de apertura de la campaña electoral en La Coruña. | EFE

He visto campañas electorales, en Galicia y fuera de. En una ocasión hasta hice una, la de las elecciones gallegas de 2016. El resto las he padecido como cualquiera, a través de los medios. Y no sabría decir qué es peor, si verlas desde fuera o sufrirlas desde dentro. Con este desigual bagaje, puedo decir que como esta campaña gallega no he visto ninguna. No he visto nada igual en mi vida. Excepto que lo compare con una de esas repentinas campañas publicitarias masivas para promocionar, pongamos, a una cantante que no canta y hacer creer al público, al que se supone idiota —recuérdese la definición de demagogia de Mencken—, que estamos ante una estrella de la canción mundialmente conocida, aplaudida y exitosa, cuando antesdeayer nada sabíamos de ella y, además, no canta.

Lo mismo con la candidata Pontón del BNG. El bombardeo de propaganda es incesante. Abres una página web y ahí está Pontón, no en uno, sino en varios anuncios. Entras en redes sociales, y ahí está Pontón, cada dos minutos. Vas a la prensa y está Pontón, entrevistada, fotografiada, entre algodones. Tienes a Pontón hasta en la cocina. Y yo, claro, lo primero que me pregunto es de dónde sale tanto dinero. Lo de Pla: ¿y esto quién lo paga? De momento, no lo sé. Pero sé que nunca había visto algo así. Lo siguiente que sé es que todo ese material, publicidad directa o publicidad encubierta, está pasado por filtros, que igual que los fotográficos, borran o atenúan. Aquí se borran o marginan hechos y datos. Empezando por el hecho de que Pontón no es una joven estrella recién salida de una Operación Triunfo nacionalista, porque lleva una veintena de años como diputada del Bloque en el parlamento gallego.

No hay tampoco manera de enterarse de que Pontón es de la UPG (Unión do Povo Galego). No se dice o apenas. Y no se dice por algo. La UPG es un partido comunista, marxista-leninista y separatista, que se relaciona fraternalmente con partidos comunistas de todo el mundo y celebra la vida y la obra de Lenin. De esto no hace cuarenta años: ahora. Bien, pues queda claro. A la operación Pontón no le favorecen la hoz y el martillo, que la UPG entrelaza en sus siglas, de modo que esa militancia suya no se airea. Pero hace unos años sí se daba esa información en la prensa gallega. Sólo que entonces, las elecciones estaban lejos.

En su último cónclave, un BNG ya libre de la amenaza terminal que le había supuesto el tinglado de las Mareas optó por cambiar de traje para "ensanchar su base electoral". Había que ponerse una ropa más formalita y convencional, y dejar en el armario las prendas más estrafalarias, republicanas, separatistas o soberanistas. Uno de sus dirigentes, también de la UPG, dijo entonces que no eran independentistas. Vaya, vaya. ¿Se habrían hecho autonomistas, leales a la Constitución? Pero no es la primera vez que se ponen camuflaje. Hizo lo mismo Anxo Quintana, que llegó a vicepresidente. Claro que cuando perdió fue relegado con desprecio. ¡Ay, si no sale la Operación Triunfo!

Todo esto se planeó hace algún tiempo. En 2021, el BNG se propuso extender la idea de que la Xunta estaba a su alcance. Exactamente la idea que ha querido extender, por tierra, mar y aire, desde el minuto uno de la convocatoria electoral. Y que extiende con la fraternal ayuda del PSOE. Es la idea de la profecía autocumplida: la creencia en que va a ocurrir algo, hace que ocurra. En estas elecciones gallegas se somete a test la capacidad de resistencia al poder propagandístico, al poder del márketing y al poder del engaño. Sin olvidar el autoengaño. Y es difícil ser optimista cuando en tantas batallas hemos visto que la información pierde y la manipulación gana.

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