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Agapito Maestre

El único sospechoso

Ningún ciudadano de a pie, ningún español de bien, está libre de sospechar de Sánchez. He ahí la tragedia de España.

Ningún ciudadano de a pie, ningún español de bien, está libre de sospechar de Sánchez. He ahí la tragedia de España.
Pedro Sánchez. | EFE

Mientras que el empobrecimiento de los españoles es cada vez más agudo y profundo, la mayoría de la casta política sigue haciendo como si no pasara nada. Cuando la justicia investiga a uno de ellos, siguen manteniendo el mismo cinismo de siempre: callan y miran de reojo, y, de paso, insultan a la inteligencia con el tópico: "dejemos tranquila a la justicia y esperemos su veredicto". O, aún peor, con descaro mafioso acusan a los otros partidos también de robar. ¿O acaso estoy equivocado sobre el contenido exacto de las declaraciones de Sánchez, cuando le preguntaron sobre el posible cobro de comisiones ilícitas de su ángel de la guarda para alcanzar la secretaria general del PSOE? La reacción de Sánchez, de todo un presidente del Gobierno, acusando a Isabel Díaz Ayuso de enriquecimiento de su hermano por el cobro de comisiones ilícitas de la Administración de la Comunidad de Madrid son de juzgado de guardia.

Se dice pronto, pero estaba falsificando, mintiendo, el presidente del Gobierno sobre algo ya juzgado por la justicia. Eso lo convierte en alguien susceptible de ser denunciado por declaraciones falsas. Supongo que los agraviados por Sánchez contemplarán acciones judiciales contra él no sólo por conservar su honorabilidad, sino también por la defensa de la justicia y de la comunidad democrática. Ese tipo de infamias son la ruina de cualquier sistema democrático. En realidad, son la debacle de la política como mecanismo de resolución de conflictos y problemas.

Claro que la justicia, el poder judicial, tiene por misión perseguir la corrupción política, pero eso no debería ser jamás excusa para que el ámbito de las instituciones políticas, del poder político, empezando por los propios partidos, no tomen medidas inmediatas y contundentes para perseguir la corrupción. Ésta no sólo se combate con la ley en la mano sino también con la política y, por supuesto, con la colaboración ciudadana en todos los órdenes. Por eso, cuando nos enfrentamos a escándalos de corrupción como el actual, recogidos por todos los medios de comunicación de España y el mundo, sentimos una sensación de asco y miedo, de angustia y horror. La sospecha se apodera de la ciudadanía y todo son interrogantes dramáticos. ¿Quedará todo igual o se llevará por delante a quienes protegen el delito? ¿Se llegará hasta las últimas consecuencias o esto se detendrá en un caso aislado? Sí, nadie con un poco de sensibilidad ciudadana, al conocer las noticias sobre el procesamiento de un hombre estrechamente vinculado al régimen político montado por el PSOE en España, puede dejar de preguntarse: ¿estaba Sánchez al tanto de todo este inmenso robo a los españoles?

Que uno de los colaboradores más cercanos de Sánchez, Santos Cerdán y Ábalos, entre otros políticos prominentes del PSOE, esté siendo investigado por la justicia por enriquecimiento ilícito, durante el período de confinamiento (ilegal y anticonstitucional según sentencia del Tribunal Constitucional) de los españoles por la pandemia del Covid-19, estremece y asusta a cualquier ciudadano de bien. Nadie preocupado mínimamente por lo común, por la convivencia pacífica entre los españoles, puede dejar de vincular el procesamiento de ese individuo, militante socialista, alto cargo en la anterior administración del gobierno de socialistas y comunistas y colaborador de la flor y nata del sanchismo, con Sánchez. De hecho, y esto es lo más grave, no conozco persona alguna que al tratar de este asunto no cite de modo directo a Sánchez. Ningún ciudadano de a pie, ningún español de bien, está libre de sospechar de Sánchez. He ahí la tragedia de España. Solo hay un sospechoso. El resto son colaboradores.

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