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Carmelo Jordá

Papeles sí, pero sólo para pobres

Hablamos de los que se llenan la boca con frases tipo "ningún ser humano es ilegal". Sí, por lo que se ve ninguno, excepto los ricos.

Hablamos de los que se llenan la boca con frases tipo "ningún ser humano es ilegal". Sí, por lo que se ve ninguno, excepto los ricos.
Pedro Sánchez. | Europa Press

Se me ocurren pocas muestras más evidentes de que quieres vivir en un país determinado y, por tanto, de que vas a contribuir a sostenerlo con tu dinero y tus impuestos que comprarte una casa de más de medio millón de euros.

Una cantidad que, exceptuando algunos sitios muy concretos, las zonas lujosas de la costa y las cuatro o cinco mayores capitales de España, es un dinero más que respetable para una propiedad inmobiliaria en nuestro país. Una inversión a cambio de la cual el comprador lograba, gracias a la llamada Golden Visa, dos años de permiso de residencia, que tampoco es que le diesen la nacionalidad y un puesto de funcionario en el Ministerio de Fomento, vaya.

El mismo día que se inicia el trámite para regularizar a 500.000 inmigrantes ilegales, nuestro Gobierno de progreso ha anunciado entre atronadores fanfarrias de demagogia que va a anular esta posibilidad, que por cierto han mantenido en vigor durante seis años y aquí no ha pasado nada. Aducen dos razones para ello, a cual más estupefaciente: que la compra de estas propiedades hacía que subiese el precio de las viviendas para todos; y que no es justo que la capacidad económica te permita conseguir vivir legalmente en nuestro país.

Respecto al primero, no hay mucho que discutir: es simple y llanamente una trola, otra más. A ver, estamos hablando de Pedro Sánchez y sus secuaces, es lo normal, nada que ver aquí, circulen.

El segundo tiene más enjundia, sobre todo viniendo de los abanderados del "papeles para todos", de los que trajeron el Open Arms y de los que se llenan la boca con frases tipo "ningún ser humano es ilegal". Sí, por lo que se ve ninguno, excepto los ricos.

Voy a decir algo que igual no es muy popular: un país no es una ONG. Por mucho que creamos que el Estado del bienestar nace en los árboles con sólo regarlos un poquito, la realidad es que, como tanto nos recuerda la izquierda, para tener unos servicios hay que pagar antes unos impuestos –no voy a entrar ahora en un debate liberal sobre qué servicios y qué cantidad de impuestos, este no es ese artículo–. Más aún: para poder asumir los costes que conlleva la llegada masiva de nuevos habitantes con derecho a todo pero con escasa capacidad para contribuir hace falta, precisamente, que haya más que puedan hacer una aportación positiva.

Es decir, de los que se compran casa que valen 500.000 euros o más.

A ver, yo no creo que sólo haya que admitir como nuevos residentes a los ricos o a los acomodados –aunque no nos engañemos, históricamente lo han hecho países a los que no les ha ido mal del todo– pero lo que no tiene mucho sentido es renunciar a los que más pueden aportar y no sólo en dinero: igual me equivoco pero me da que gente capaz de comprar viviendas tendrá más posibilidades para crear empresas y empleos, hacer aportaciones culturales significativas o lograr hitos científicos, por poner sólo tres ejemplos, que uno que haya llegado en patera, quizá igual de encantador y de buena persona, pero así de entrada me da que va ser menos productivo en todos esos campos.

Al final, uno solía tener la duda de si estas cosas se debían más a la demagogia o más a la estupidez, pero cuando medida tras medida y ley tras ley se ve a un Gobierno que hace todo lo posible por destrozar el país… empiezas a tener claro que nada de lo que pasa es casualidad.

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