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Emilio Campmany

Europa en Ucrania

Los europeos debemos aceptar nuestras responsabilidades y unir nuestras fuerzas y nuestras economías para infligir una segunda derrota a Rusia.

Los europeos debemos aceptar nuestras responsabilidades y unir nuestras fuerzas y nuestras economías para infligir una segunda derrota a Rusia.
Putin. | Europa Press

Tras ser derrotado Napoleón, su sobrino, Napoleón III, volvió a intentar dominar Europa sin cometer el error de su tío de enemistarse con Gran Bretaña. Francia tuvo que ser derrotada de nuevo en la guerra franco-prusiana. Después de haber la Alemania guillermina perdido la Primera Guerra Mundial, Hitler volvió a probar sin cometer la equivocación de Guillermo II de luchar en dos frentes a la vez. Igual que Francia, Alemania también tuvo que ser derrotada en una segunda ocasión. Hizo pues falta que ambas hincaran la rodilla dos veces para que dejaran de presentar una amenaza. Con Rusia pasa lo mismo. Perdió la guerra fría, pero no se da por vencida. Ahora Putin vuelve a la lucha tratando de evitar los errores de Stalin y sus sucesores. Para ello necesita reconstruir el imperio soviético y ha empezado por Ucrania. Y, como se hizo con Francia y con Alemania, hay que derrotarla otra vez. Una misión que le corresponde a Occidente.

Trump, probable próximo presidente de los Estados Unidos, dice que acabará con la guerra permitiendo a Rusia anexionarse el territorio que hoy tiene ocupado. ¿Y qué garantía tiene de que Putin se conformará con eso? Ninguna. Es más, puede darse por seguro que volverá al ataque, pasado un mes o transcurridos cinco años, contra Ucrania o contra cualquier otro vecino. Este peligro no desaparecería con la muerte física de Putin. Una gran mayoría de rusos comparten las ambiciones expansionistas del presidente ruso. Quieren que su país vuelva a ser reconocido y temido como la gran superpotencia mundial que nunca debió dejar de ser. Y han de ser convencidos de que el objetivo no está a su alcance pues, por muchos sacrificios que estén dispuestos a hacer para conseguirlo, nosotros estamos listos para asumir los que sean necesarios para impedírselo.

Mientras Estados Unidos vacila, los europeos debemos aceptar nuestras responsabilidades y unir nuestras fuerzas y nuestras economías, en conjunto mucho más poderosas que las de Moscú, para infligir una segunda derrota a Rusia que le obligue a conformarse con lo que es y renuncie para siempre, no sólo a someter a Ucrania, sino también a todo el Este de Europa, hoy seriamente amenazado. A tal fin es especialmente necesario que Alemania, Francia y Reino Unido coordinen sus esfuerzos. Berlín debe dejar de racanear su ayuda con la ilusión de que Ucrania ceda y firme una paz que saben que no puede ser duradera. París debe dejar a un lado su orgullo y estar dispuesto a prestar toda la ayuda de la que sea capaz, aunque el liderazgo lo desempeñe Washington. Londres tiene la importante misión de mantener a los Estados Unidos tan comprometidos como pueda, pero, en caso de no poder hacerlo, debe armonizar su estrategia con Francia y con Alemania, sin hacer la guerra por su cuenta, superando todos ellos los recíprocos recelos causados por el Brexit.

Los demás tienen que dejar de poner palos en las ruedas, como hacen Hungría y Eslovaquia, y no contemporizar con una posible paz desigual, como hace, además de Alemania, Austria. Aquí tiene Pedro Sánchez un escenario perfecto para demostrar sus dotes de líder mundial. A ver si tocarle las narices a Putin se le da tan bien como darle collejas a Netanyahu.

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