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Emilio Campmany

Begoña de España

Si Helena no opuso excesiva resistencia a ser secuestrada por el bello Paris, tampoco Begoña supo zafarse de los amaños de los apuestos Hidalgo, Aldama y Barrabés.

Si Helena no opuso excesiva resistencia a ser secuestrada por el bello Paris, tampoco Begoña supo zafarse de los amaños de los apuestos Hidalgo, Aldama y Barrabés.
Begoña Gómez en un congreso de CEAPI | Europa Press

Desde los remotos tiempos de la Hélade, cuando Helena de Esparta provocó la guerra de Troya, no había nacido mujer que fuera capaz de engendrar un conflicto de la crudeza que aquella contienda tuvo hasta que Begoña Gómez desencadenó ésta que hay hoy entre Argentina y España. Si el secuestro de Helena por Paris, príncipe de Troya, desató la ira del marido, Menelao, rey de Esparta, la acusación de corrupción proferida por Javier Milei, presidente de la República de Argentina, ha encendido la del esposo de ésta, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España. Si Helena poseía la belleza digna de una diosa, como hija de Zeus que era, Begoña, que no es hija de un dios, pero casi, no le va a la zaga y su hermosura despierta la misma admiración. Es verdad que la bella Helena lo fue sin ninguna ayuda quirúrgica y quizá nuestra Begoña, quién sabe, a lo mejor se ha hecho algún retoque por obra de la hábil mano de un Asclepio de nuestro tiempo. Pero eso no desmerece en nada el parecido. Si Helena no opuso excesiva resistencia a ser secuestrada por el bello Paris, tampoco Begoña supo zafarse de los amaños de los apuestos Hidalgo, Aldama y Barrabés. Si Menelao recurrió a su hermano para que reuniera una gran flota aquea con la que asediar y atacar Troya, Sánchez ha llamado a filas no sólo a los afines, sino a todos lo que no quieran ser identificados con la extremaderecha. Eso incluye a las grandes empresas del país cuyos beneficios dependen de lo que decida el caprichoso dedo del conducator socialista. Si Menelao pudo contar con el coraje de Aquiles y la astucia de Ulises para vengar su afrenta, Sánchez dispone del valor de Albares y la inteligencia de Puente para lavar el honor de su esposa. Con tales héroes a su lado, nuestro presidente no puede perder. Si no lo hace con el arrojo de uno, lo hará con la astucia del otro.

Ya han empezado a surgir Homeros voluntarios para cantar las hazañas socialistas. No lo hacen en hexámetros porque ya nadie sabe lo que es eso y, lo que es peor, a nadie le importa no saberlo. Lo hacen en vulgar prosa, tal y como gusta hoy que se escriban las epopeyas. Quizá con el tiempo se ruede incluso una serie. Falta todavía encontrar en el campo argentino a una Briseida y a un Héctor y en el español a un Patroclo y a un Ajax. Pero, seguro que alguien con la boca hecha a las loas a Sánchez hallará paralelismos para todos y en su momento cantará con fervor cómo las huestes de Sánchez desagraviaron las ofensas hechas a su esposa, rindiendo uno tras otro a los enemigos de la extrema derecha internacional. Gran literatura nos espera.

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