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Jesús Fernández Úbeda

Sánchez se encomienda a 'san Alvise' y anuncia un "paquete" contra medios y jueces

Feijóo y Abascal se refirieron a la presunta corrupción del hermano del presidente, David Azagra. Rufián pide multar a medios con hasta 150.000 euros.

Feijóo y Abascal se refirieron a la presunta corrupción del hermano del presidente, David Azagra. Rufián pide multar a medios con hasta 150.000 euros.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la sesión de control al Ejecutivo este miércoles en el Congreso. | EFE

Sale uno del Congreso de los Diputados deduciendo que, antes de las vacaciones estivales, España se parecerá un poquito más a una republiqueta bolivarianoide y que, más pronto que tarde, salvo que los "ropones" (Raúl del Pozo) lo impidan, Carles Puigdemont será presidente de la Generalidad de Cataluña. A los dos días de que el sedicioso Josep Rull fuera elegido nuevo presidente del Parlamento catalán, el líder del Ejecutivo, Pedro Sánchez, le anunció a Gabriel Rufián un "paquete de calidad democrática" después de que el polichinelo de ERC le pidiera votar "vocales del CGPJ", vetar a empresas y sancionar a los medios del "fango" con multas "de 14.000 a 150.000 euros". Seguro que –guiño, guiño– se refería a Infolibre, el digital dirigido por Jesús Maraña que, hace cosa de tres meses, publicó el bulo de que "La Xunta de Feijóo concedió al menos 114.000 euros a la empresa en la que trabajaba su pareja".

La flácida sesión de control de este miércoles fue precedida con un aplauso cesarista al presidente del PP por sacarle al PSOE cuatro puntos y dos diputados en las elecciones europeas del pasado domingo y con Yolanda Díaz entrando al hemiciclo abrazada a Sira Rego y, para sorpresa de algunos, sin una pancarta donde se pudiera leer "Del río hasta el mar". Alberto Núñez Feijóo: "Su Gobierno está desbordado, está paralizado. Usted y los suyos están acorralados por casos de presunta corrupción". El jefe de la oposición predijo que Sánchez le hablaría "de la derecha, de la ultraderecha y de Franco" y le pidió no eternizar "lo que es inviable"; le restregó la "manipulación fraudulenta del CIS", que "la justicia le ha tenido que pedir que le deje trabajar en paz", que "la ley de amnistía no va a ser coser y cantar", que ha entregado "la presidencia del Parlament a los independentistas", que "otra persona de su círculo más íntimo", o sea, su hermano David, está siendo "investigada por corrupción" y, finalmente, que "tiene una vicepresidenta que ha dimitido… un poquito", y remató preguntando si entregará "la presidencia de la Generalitat al señor Puigdemont para que gobierne un poquito más".

Sánchez, que morirá matando –políticamente, quiere decirse, y si es que muere–, exhibió su novísimo comodín para atizar al PP: Alvise Pérez, su partido SALF y los 800.763 votos que le respaldaron en las europeas. Después de invocar a Aznar y de nombrar a Feijóo "portavoz de una organización ultraderechista como Manos Limpias", el presidente alertó de que un can Cerbero recorre España: "Hoy no tenemos una ultraderecha, sino dos ultraderechas, y eso es una responsabilidad que usted tiene". Y, como donde hay dos caben tres, el marido de la "investigada" Begoña Gómez aventuró que, en las elecciones de 2027, concurrirán "tres ultraderechas: la de usted, la de Alvise y la de Abascal. Y vamos a ganarles a los tres. Si no, al tiempo".

Santiago Abascal preguntó a Sánchez si "está dispuesto a meternos en una guerra para tapar su corrupción" y, acto seguido, se puso a repartir besos a, entre otros, Milei, Orban, Meloni y Le Pen. El líder de Vox, henchido de una majestad autosugestionada, no desaprovechó la oportunidad de atizar "al PP español", que no "bloqueó en el Senado, pudiendo hacerlo, la Ley de Amnistía", y al PP Europeo de "Von der Leyen, que está blanqueando al señor Sánchez, que representa a un gobierno de la extrema izquierda". El presidente del Gobierno, desde un spa, volvió a sacar la carta de Alvise: "Comprendo su nerviosismo, lo comprendo. Le ha salido un duro rival". E insistió: "Somos un problema para la internacional ultraderechista de, ahora mismo, tres cabezas en España. (…) ¿De dónde sale usted? Del PP. ¿De dónde sale Alvise? De Vox. Son como las muñecas rusas".

Rufián preguntó a Sánchez si teme una moción de censura –"De momento no cuela que el señor Feijóo pacte con el señor Puigdemont para echarle a usted, pero algún día colará"– y pidió votar en el Congreso, este mismo jueves, "vocales del CGPJ", vetar "a empresas privadas que han colaborado con la máquina del fango en contratación pública" y votar "multas por perseguir, difamar, mentir. De 14.000 a 150.000 euros. Si se quejan, por algo será". El presidente del Gobierno, salivando: "Tengo muchos defectos, pero hablo claro: me propuse presentar un paquete de calidad democrática antes de que termine el verano, y lo voy a presentar ante las Cortes". Al poco, en la casa de masajes mediática de Silvia Intxaurrondo, el cíborg daba al PP quince días para renovar el Poder Judicial; en caso contrario, le quitará la competencia al CGPJ para nombrar jueces.

La farfolla parlamentaria posterior se puede resumir en lo siguiente: Cuca Gamarra dijo no sé qué de un cohete y María Jesús Montero celebró que "el PP planteó estas elecciones europeas como un plebiscito y ha fracasado", allá ella, en fin; Elías Bendodo, a la viseprecidenta: "El Gobierno del que usted forma parte es un barco en llamas" con "tres banderas: la corrupción, el chantaje y la pregunta", respuesta de esta: "La palabra de este Gobierno es una palabra mucho más válida que la del PP"; Miguel Tellado, a Teresa Ribera: "Sigue cobrando como vicepresidenta de este Gobierno, pero no ejerce. Es usted una vicepresidenta fija discontinua", y la socialista, más chula y derrotada que un directivo del Barça: "En lugar de dar lecciones de lo que no saben, dedíquense a estudiar". Mientras, una jueza de Sevilla ordenaba la detención de Vito Quiles, el Negro de Negre, según Federico, y jefe de prensa de Alvise.

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