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Gracias a Pedro, Pedro, Pedro

Ahora por fin la libertad se va a pagar a precio de aceite de oliva. Ahora se acabó tirar la piedra y esconder la mano. Ahora habrá que hilar muy fino. Yo ya estoy entrenando.

Ahora por fin la libertad se va a pagar a precio de aceite de oliva. Ahora se acabó tirar la piedra y esconder la mano. Ahora habrá que hilar muy fino. Yo ya estoy entrenando.
Pedro Sánchez en la sesión de control en el Congreso | Europa Press

Sinceridad. Lealtad. Inteligencia. Humildad. Cordura. Prudencia. Sencillez. Son tantas las virtudes de nuestro gran presidente, que los dioses enaltezcan, que soy incapaz de quedarme solo con una. Esta mañana me he visto su última entrevista en TVE y casi me trago la chapa de "Free Bego" de la emoción. Qué clase, qué verbo, qué festival de sabiduría política. Se le sale la honradez a chorros por las orejas, que ha quedado el plató con dos palmos de honradez del presidente en el suelo, que han tenido que venir hasta los bomberos a rescatar a Marc Sala y Silvia Intxaurrondo, dos grandes del Olimpo de la independencia y la libertad de prensa española. Este es el presidente que España llevaba esperando desde, por lo menos, los romanos, o quien demonios viviese en la península antes de que Ernest Urtasun nos abriera los ojos de la cultura y nos quitara la venda de nuestro analfabetismo secular.

La economía va como un cohete. ¡Qué digo como un cohete! ¡Como un cañón! ¡Como un cañón montado encima de un cohete! El crecimiento es tal que quizá deberíamos disimularlo, para no despertar envidia en nuestros socios europeos. Todo el mundo tiene trabajo aquí, y el que no lo tiene, gracias a nuestro inconmensurable escudo social-comunista, es recogido por los generosos brazos de nuestro presidente, que los dioses custodien en salud, y amamantado en su propio regazo como si se tratara de un cervatillo malherido.

En los últimos días he estado releyendo las obras completas de Pedro Sánchez, que los dioses soplen sobre su nuca, con especial atención a su maravillosa tesis, obra cumbre del pensamiento económico internacional de todos los tiempos. Sus Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público (2000-2012) está a la altura de Adam Smith, de nuestro padre Karl Marx, o de nuestro hermano John Maynard Keynes. Mañana en los manuales de economía a nadie le sorprenderá ver juntos en la misma portada las efigies de Smith, Marx, Keynes y Sánchez, que los dioses premien con el Euromillón. Pero por su delicadísima prosa, he mandado a encuadernar todas sus cartas para decorar el salón, el presidente también podría honrar con su bella faz las cubiertas de los manuales de gramática.

De gustos sencillos, al presidente, que los dioses coronen con rosas, le encanta mezclarse con las gentes. Aquí y allá, donde pisa con su grácil pie las tierras de las regiones de España, se produce una explosión de fervor popular, florecen sonrisas en los rostros acongojados, las infraestructuras recuperan su novísima virilidad, y en torno a su persona se entonan cánticos angélicos y vítores, mientras ancianos y niños arrojan pétalos desde sus ventanas. Es tal la comunión, tal el cariño de la gente sencilla a nuestro presidente, que los dioses dancen a su alrededor, que cuenta la leyenda que las muchachas más jóvenes de los lugares que visita, al mero cruce de miradas con él, se quedan encintas de futuros socialistas.

En el plano internacional no se habla de otra cosa. Todos los líderes del mundo quieren venir a conocerlo, tratarlo, y empaparse si quiera unos minutos de su grandeza, de su empatía, de su audacia, de su excelsa manera de entender la vida y la política, siempre enfocada al servicio público, siempre entregado abnegadamente al bien común, sin anteponer jamás sus intereses personales a las necesidades de los ciudadanos.

Y es que a la ultraderecha del fango le molesta muchísimo y por eso hay que decirlo más: Sánchez, que los dioses jaleen, es un hombre de palabra. Dijo que no podría dormir si compartiera Gobierno con Podemos y ha preferido perder el poder antes que pactar con comunistas. Dijo que jamás pactaría con los etarras y, lo mismo. Y dijo que jamás se entendería con los secesionistas catalanes y ahí los tiene, cogidos por los huevos, que no se atreven ni a respirar, que están de rodillas ante nuestro Amado Líder, una mano en un ejemplar de la Constitución, y la otra, el puño cerrado, pum, pum, pum, golpeándose el pecho silabeando mea maxima culpa. Hoy Cataluña es un remanso de paz, unidad, buen rollito y canciones de Bob Marley, gracias a Pedro, Pedro, Pedro.

Ahora nuestro presidente, que los dioses tuesten suavemente su sien, en su infinita valentía, se ha decidido a coger el toro por los cuernos, o el rábano por las hojas, y plantar cara a esos fascistas manipuladores que desde cualquier tribuna mediática se piensan que tienen derecho a decir lo que quieran, como si esto fuera un país libre. ¡Pedro, esclavízanos un poco más! Que ya está bien. Se nos ha acabado la fiesta –con perdón—.

Con el paquete de medidas que va a aprobar nuestro presidente, que los dioses arrojen perfumes caros sobre sus cabellos, a partir de ahora tendremos que rendir cuentas a La Moncloa por cada cosa que digamos, que escribamos, o tal vez por cada cosa que pensemos, o incluso antes, allá en la noche de los tiempos de la memoria, por cada idea futura que pudiéramos llegar a engendrar. Ahora por fin tendremos que cuidarnos mucho en nuestros bulos y falsedades sobre nuestro querido presidente, que los dioses dancen alrededor de su Falcon, Pedro Sánchez, sean dados todos los honores y cabezazos, y nuestro ejemplar Consejo de Ministros, desde la bellísima Yolanda, el nobilísimo Fernando Grande-Marlaska, hasta la docta y elegante María Jesús Montero.

Ahora por fin la libertad se va a pagar a precio de aceite de oliva. Ahora se acabó tirar la piedra y esconder la mano. Ahora habrá que hilar muy fino. Yo ya estoy entrenando.

Ya a la venta el nuevo libro de Itxu Díaz: I Will Not Eat Cricket. An Angry Satirist Declares War on the Globalist Elite.

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