
Lenin decía que el comunismo eran los soviets más la electrificación; de modo análogo, la política parlamentaria es palabrería más matemáticas. Pero así como la palabrería da para llenar los periódicos todos los días del año, las matemáticas dan para muy poco en el caso catalán; dan para tan poco que las dos únicas opciones factibles se reducen a la investidura de Illa o a una repetición electoral (considerar en serio la opción de Puigdemont aboca a lo que Pla llamaría una collonada). Y lo único seguro en caso de repetición es que ERC se esnafraría contra las urnas; muy seriamente, además.
Así las cosas, lo que ahora mismo necesitan con urgencia los negociadores de la Esquerra no es una financiación autonómica diferenciada y exclusiva para Cataluña, quimera imposible que bloquea de modo expreso el texto de la Constitución para las Comunidades del régimen general, sino alguna coartada que haga más digerible a ojos de su clientela el apaño con el PSC y los Comunes para montar el tercer tripartito. Y yo me huelo que ese caramelo terapéutico destinado en exclusiva a mantener sedada y tranquila a su tropa de infantería va a responder por Banco Nacional de Cataluña, la gran aspiración del Ejecutivo de Aragonès a la que dijo "no" en su momento el gobernador Hernández de Cos.
A fin de cuentas, lo del banquito nacional, una de aquellas famosas "estructuras de Estado" que se propusieron fundar los sediciosos de 2017, no chocaría con ninguna barrera legal y tampoco generaría a priori demasiados agravios comparativos en otros territorios. De hecho, la infraestructura material de eso ya existe (el Instituto Catalán de Finanzas). Únicamente necesitan el preceptivo informe favorable del Banco de España para que el BCE les conceda la ficha. Y es que para los separatistas el asunto supone un objetivo estratégico irrenunciable. Toda vez que, cuando vuelvan a sublevarse en el futuro, los bancos locales no huirían despavoridos y en desbandada como entonces, ya que el BCE mantendría sus líneas institucionales de liquidez a la nueva entidad. Pedro, sí, les dará su banquito.