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Los complejos del lehendakari Pradales

Haría bien en estar muy atento a los movimientos políticos que se produzcan en los próximos meses en lo que los nacionalistas llaman "Madrid".

Haría bien en estar muy atento a los movimientos políticos que se produzcan en los próximos meses en lo que los nacionalistas llaman "Madrid".
El lehendakari, Imanol Pradales, ante el árbol de Guernica. | EFE

Imanol Pradales, el sexto lehendakari en democracia, juró su cargo el pasado sábado, como es tradición, en la Casa de Juntas de Gernika, sin ninguna mención ni a la Corona ni a la Constitución. Lo que mal empieza, mal acaba, y esa desafección del nuevo inquilino de Ajuria-Enea al Rey y a la Carta Magna no es una buena señal de lo que puede ser su papel institucional.

Junto al árbol de Gernika, donde se reunía la nobleza vizcaína, Pradales ha utilizado casi en su integridad la fórmula que empleó el primer lehendakari, José Antonio Aguirre, en 1937: "En pie sobre la tierra vasca, humilde ante Dios y la sociedad vasca, bajo el roble de Gernika, con el recuerdo a nuestros antepasados, ante los que sois representantes del pueblo, juro cumplir fielmente mi mandado". Eso sí, sin crucifijo ni Biblia, que ya se encargó de suprimirla el lehendakari socialista Patxi López cuando prometió su cargo, y que pasó sin pena ni gloria por la Presidencia del Gobierno Vasco, al que accedió gracias al apoyo gratuito del PP, algo que nunca ha agradecido el actual portavoz parlamentario del PSOE en el Congreso.

Ya dentro del salón de plenos de la Casa de Juntas, Pradales, desde la tribuna de oradores, pronunció en euskera y castellano la fórmula de asunción del cargo: "Por voluntad del Parlamento Vasco, prestado el juramento, tomo posesión y asumo el cargo de lehendakari del Gobierno del País Vasco, así como la condición de representante ordinario del Estado, de acuerdo al ordenamiento jurídico". Y punto. Ni una mínima referencia expresa a la Corona o a la Constitución.

Es posible que el nuevo lehendakari pensara que para qué iba a ser "más papista que el Papa", cuando el partido con el que ha formado la coalición de gobierno no es precisamente un ejemplo de lealtad ni al Rey ni a la Constitución. Al Jefe del Estado, el jefe del sanchismo —que en su fuero interno se cree un jefe de estado en minúscula— no deja de hacerle feos siempre que puede; y a la Carta Magna, no es que le haga feos, es que la quiere modificar por la puerta de atrás, cuando no incumplirla directamente.

Es de suponer que Pradales sabe que el Estatuto de Autonomía de Gernika —que otorga a la Comunidad Autónoma Vasca un grado de poder mucho mayor que cualquier comunidad o región de Europa pueda tener— deriva de la Constitución aprobada en 1978. Y que la disposición adicional primera de esa mima Constitución "ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales", es decir, la restitución a Vizcaya y Guipúzcoa del concierto económico que Franco había suprimido al considerarlas dos provincias "traidoras", respetando sin embargo el de Álava y Navarra. Pero eso a Pradales debe parecerle una minucia.

El nuevo lehendakari debe de ser consciente de que los complejos son malos acompañantes de la acción política y su partido, el PNV, no está para muchas bromas. Acaba de perder de forma rotunda las elecciones europeas en el ámbito de la Comunidad Autónoma Vasca, siendo la tercera fuerza política, detrás de Bildu y del PSE. Incluso en su feudo inexpugnable e intocable de Vizcaya, donde nació el partido fundado por Sabino Arana, fue segunda fuerza, detrás de los socialistas.

Pero es que, en las autonómicas de hace dos meses, el PNV y Bildu empataron a 27 escaños, lo que en la práctica supuso un gran triunfo de los herederos políticos de ETA y un mal resultado de las huestes lideradas por un cada vez más cuestionado presidente del Euskadi Buru Batzar del PNV, Andoni Ortuzar.

Haría bien Pradales en estar muy atento a los movimientos políticos que se produzcan en los próximos meses en lo que los nacionalistas llaman "Madrid", para que no le coja de sorpresa una posible moción de censura impulsada por el jefe del sanchismo y Bildu, para desalojarle de Ajuria-Enea. No es probable que eso se produzca a corto plazo, pero la vida, y la política da muchas vueltas, sobre todo cuando el que puede mover los hilos para que eso sea realidad es el jefe del sanchismo, que ha dado pruebas tan evidentes de llevarse tan bien, de ser tan amable, de blanquear, de pactar tantas cosas con los herederos políticos de ETA.

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