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La otra vida cañón

Lo bueno es que hace tiempo que el verano es algo más que sol, playa, bikini de rayas, y mojito.

Lo bueno es que hace tiempo que el verano es algo más que sol, playa, bikini de rayas, y mojito.
Una joven lee un libro. | Unsplash/Clay Banks

Volver a Valle. Recrearse en la literatura de Wiesenthal. Sonreír con Pla. Abrazar otra vez el teatro de Jardiel. Postrarse ante Cervantes. Dibujar versos en el aire con Garcilaso. Lo gonzo con Hunter S. Thompson. Llorar de risa con P. J. O’Rourke. Pensar con José R. Ayllón. Rezar con Benedicto XVI. Penar con los cantecitos de Manuel Machado. La bohemia licorera de Sawa. La graciafinísima de Chesterton. La pólvora de Houellebecq. La sensibilidad de Tamaro. La prosa elevada de Cela. La belleza recreada de Delibes. Las maravillosas terceras de Foxá. El monólogo diario de Larra. Desconocerse con Gil de Biedma. Acariciar la naturaleza con José Antonio Muñoz Rojas. La novela vibrante con Cormac McCarthy y John Steinbeck. La historia con Pemán. El fútbol con La Galerna. Y la vida y la literatura con Pardo Bazán.

Escribo en la tierra coruñesa, la ciudad del mar y de Doña Emilia, y, si existe tal cosa como el verano, nos lo vais a tener que venir a contar con grandes adjetivos, porque aquí ya es más fácil entender el misterio de la Santísima Trinidad que el parte meteorológico de febrero, perdón, de junio, que ayer me empeñé en fugarme a la playa al mediodía, dos horitas, y creo que no he pasado más frío desde la última vez que subí el K2.

Lo bueno es que hace tiempo que el verano es algo más que sol, playa, bikini de rayas, y mojito. Ahora quisiera esas vacaciones larguísimas de la niñez para todo lo que quiero hacer, leer, escuchar, ver, descubrir y compartir. Pero como no es posible, que escribir en 2024 significa no tener vacaciones, como el tiempo apremia, la forma más sencilla de hacer todo eso sin moverse demasiado del sofá es abrazarse a la literatura, placer infinito al que incomprensiblemente sigue renunciando una parte alarmante de la población.

Los libros permiten también que sumerjamos en sus aguas la cabeza y el corazón. Gran alivio. La cabeza porque el Gobierno nos la tiene al borde del estallido. El corazón porque siempre hay alguien dispuesto a rompérnoslo. Ayer escuché una vieja canción de Le Punk: "la noche que conocí a Cupido / él estaba borracho / jugaba a los dados con Carmen / en un bar del extrarradio". Tal vez eso explique muchas cosas. Con cabeza y corazón a remojo la vida se vuelve bella. Ponle una puesta de sol en el campo. Un trocito de mar que barrer con la mirada. Un cóctel sonrosado con mucho hielo. Un beso inesperado. Lo que quieras. Condimenta como más te guste, pero viajando entre libros las ansiedades se dan de baja, las ilusiones vuelven a subir a tu azotea, y septiembre, otro año, y hasta los lunes, ya no nos parecen tan odiosos.

Leer o releer. Ya he llegado a esa edad, ya sabes, en que no haces ni un solo esfuerzo por terminar un libro que te está decepcionando. En cambio, soy feliz con el tiempo perdido de volver a leer lo que una vez me llenó el pecho. Y no hablo solo de la poesía, claro. La poesía es casi como la música, puedes y debes repetir. Me refiero a todo: ensayos, novelas, y hasta obras de teatro. En verano voy a aquellos libros en los que descanso. Para leer por obligación intelectual ya tenemos todo el invierno.

En esta España empobrecida por el comunismo de Sánchez, no paro de escuchar quejas estos días, familias que no pueden irse de vacaciones, que está todo caro y este año han juntado pocas nueces en la cesta. La decepción, pedir cuentas al poder político, y el enfado son lo primero. Lo segundo es pensar que, en realidad, condicionamos en exceso nuestro descanso a expectativas que tampoco son tan doradas, digámoslo: la mitad de los destinos vacacionales más demandados son un maldito infierno. De acuerdo, la literatura no es una opción de viaje para todos, lo sé, pero hay mucho más. En fin, me gustaría contagiarme hoy de la actitud de mis amigos de Siempre Así, en esa genialidad que es Completamente tieso: "No podemos viajar a otros países / pero sí que podemos pasear / y dejar que Sevilla nos improvise / una tarde que nunca olvidarás". Eso sí es la vida cañón.

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