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El mundo necesita que los tíos vuelvan a su lugar

La crisis de la masculinidad se terminaría en unas pocas semanas si los hombres dejaran de leer en los medios woke lo que se supone que piensan las chicas sobre ellos.

La crisis de la masculinidad se terminaría en unas pocas semanas si los hombres dejaran de leer en los medios woke lo que se supone que piensan las chicas sobre ellos.
John Wayne | Cordon Press

Los hombres solíamos ser fuertes, rudos, y parcos en palabras. Los hombres solíamos ser hombres. La primera consecuencia de la crisis de masculinidad es que tengo amigos que van a clases de Pilates, otros que te hacen llamadas de media hora por teléfono —sin que se haya muerto su padre, ni nada—, e incluso tengo uno que fue sorprendido en los vestuarios del Club de Tenis depilándose el pecho; obviamente le hemos retirado la palabra.

Solo hay algo peor que el exceso de testosterona y es la carencia total de ella. La nueva masculinidad ni es nueva ni, por supuesto, es masculinidad, a menos que creas que Justin Bieber y John Wayne pertenecen a la misma especie. Yo no. Hace algún tiempo, para recuperar la testosterona que, al parecer, estamos perdiendo, Tucker Carlson proponía broncearse las pelotas. Personalmente prefiero, llegado el momento, zamparme unas pastillas que acudir a Urgencias con quemaduras de primer grado en mis huevos. Pero algo hay que hacer, sí.

Si lees los medios, las mujeres parecen estar pidiendo un nuevo tipo de masculinidad que sea más parecida a… ellas. Sin embargo, es todo una gran mentira, solo una careta de una minoría cuyos intereses están lejos de la igualdad de sexos. La mayoría de las mujeres sigue queriendo lo de siempre: que seas capaz de descongelar las tuberías en invierno cuando se quieren duchar, que las saques a pasear en un coche lo más grande y contaminante posible, que tengas músculos gruesos y buenos pectorales para que puedan presumir de ti cuando la visitan las amigas más cotillas, y que seas capaz de matar al malo a dentelladas para casarte con ella al final de la película.

Por lo demás, existe una secreta complacencia femenina con ciertos vicios masculinos, sobre todo si implican la participación de una pelota, y una total desaprobación hacia ellos, si implican piezas de hielo flotando o minifaldas. A su manera lo contó hace años Dave Barry: "A los chicos les importan los equipos deportivos. No me refiero simplemente a un arraigo; me refiero a una relación que los hombres desarrollan, un compromiso con un equipo deportivo que los hombres toman mucho más en serio que, por ejemplo, los votos matrimoniales".

Es posible que lo que más diferencia a los auténticos hombres de las auténticas mujeres sea el modo de enfrentar el miedo y el dolor. Mientras que las mujeres parecen tener más miedo que los hombres en el primer segundo, lo cierto es que tienen una capacidad de resistencia al dolor muy superior a los hombres, y además pueden hacer algo que a nosotros nos parece sobrehumano incluso en circunstancias extremas: no quejarse.

De hecho, una mujer puede entrar al quirófano varias veces al año sin que nadie se entere, y nunca hará una tragedia de ello, mientras que cuando a un hombre le programan una operación, lo más normal es que firme su testamento, tenga que medicarse durante los meses previos a la cirugía para poder dormir, y se entere de su triste suerte hasta el repartidor de Amazon: "Disculpa que haya tardado tanto en abrirte la puerta pero verás, estoy preocupado, es sobre mi próstata, dentro de seis meses alguien pretende acercar un bisturí a esa zona y… a propósito, ¿una cerveza? Ponte cómodo. ¿Mucho reparto, hoy? Entonces van a cortarme algo ahí, ya sabes, es terrible. Además, es anestesia general. No creo que despierte jamás. Noto presión en el pecho. Mi vida se termina. No creo que pueda sobrevivir a esto. Llévate el paquete, ¿qué más da ya?".

La crisis de la masculinidad se terminaría en unas pocas semanas si los hombres dejaran de leer en los medios woke lo que se supone que piensan las chicas sobre ellos. La crisis se terminaría simplemente si los hombres volvieran a saber de verdad lo que las mujeres y toda la sociedad espera de ellos. Llevamos ya demasiados años de incomparecencia masculina y la consecuencia es que la principal víctima de la situación no son los tíos, sino las mujeres auténticas.

Así que, amigo: levántante, golpeáte el pecho, ruge un poco, y deja que se despierte tu masculinidad dormida. Puente, tú quédate como estás.

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