
Cuando era niño, la toalla de playa más grande tenía la extensión de una caja de cerillas, y toda su decoración era el logotipo ochentero desteñido de alguna marca de refrescos. Además, tenía el grosor del bigote de una gamba, y su principal utilidad era ayudarte a terminar la jornada rebozado en arena. Las toallas dormían en la bolsa de playa de un año a otro, y nadie se preocupaba en absoluto por su existencia, su aspecto, o su funcionalidad. En realidad, en aquel tiempo lo realmente importante no era la toalla, sino el frisbee, pero esa es otra historia.
Hoy las viejas toallas playeras ya no existen. Han sido sustituidas por alfombras de varios metros, del tamaño del traje de baño de un surfero, que una vez extendidas, permiten al bañista entrar en la playa, llegar a la orilla, bañarse y regresar sin haber pisado la arena. Esta animadversión a la arena demuestra que la mayoría de los bañistas lo que en realidad quieren es una piscina con vistas al mar.
Dimensiones y formas
En la mayoría de los comercios puedes hacerte con toallas de playa de dos tamaños: en una caben 16 Pau Gasol puestos en hilera, y la otra cubre todo el arenal; que el otro día un tipo gordo que tenía a mi lado en la playa se puso a sacudirla al viento levantando los brazos y se hizo de noche durante un buen rato.
Antes estaba tan estandarizado su contorno que tú podías decir que algo tiene "forma de toalla de playa". Hoy las hay con silueta de corazón, con forma de hamaca (con palos portátiles incorporados), y hasta circulares, que están muy bien si tienes el culo del tamaño de una mesa camilla.
El diseño
Hasta hace poco solo existían dos diseños de toalla de playa: niños y mayores. Hoy los diseños son infinitos. Anteayer vi a un tipo que llevaba una toalla que simulaba un agujero en la arena. Era tan realista que una señora, que la pisó sin querer, se cayó y todavía la están buscando.
A la hora de elegir diseño, piensa en qué deseas: pasar desapercibido o que te mire toda la playa. Leo en la prensa especializada que ahora la tendencia es llamar la atención, pero esto también puedes conseguirlo cosiendo unos cascabeles por los extremos, o simplemente leyendo un libro gordo.
Lo barato es caro
Compré, por no más de 5 euros, una de esas toallas fabricadas en países comunistas donde azotan a los trabajadores. Era azul, preciosa, mullida, y grande, lástima que olía un poco a pangolín. Sin embargo, al salir del agua me sequé con ella, destiñó, soltó pelo azul, y al rato todos los niños empezaron a confundirme con Papa Pitufo.
El material
Han empezado a comercializar unas toallas fabricadas en un material que repele la arena. Me parece buena idea, pero para mi el verdadero gran invento sería el coche que repele la arena.
Las citas
En ciertas ciudades se ve mucho este verano la toalla con texto personalizado, ya sea una cita o un fragmento de un libro célebre. La mayoría de la gente, por no pensar, lleva a la tienda la taza del desayuno y pide que le graben el mismo mensaje. Cotizan al alza Jodorowsky, y Coelho, a la baja Cicerón. Si realmente quieres dar un golpe de efecto, copia un texto al azar el BOE.
Extender la toalla
En las playas del norte, con el viento, extender la toalla puede ser una pesadilla. Como veraneo allí, lo he probado. Ahora estoy en vías de obtener la patente del Método del Murciélago. Consiste en extender brazos y piernas agarrando las esquinas de la toalla con las manos y las uñas de los pies (importante: que no te las hayas cortado desde mayo), y en un momento en que cojas al viento desprevenido, das un brinco y te arrojas en plancha a la arena sin soltar las esquinas. Si lo haces bien, masticarás crujiente durante el resto del día, pero la toalla estará extendida. Eso sí, no te levantes o descubrirás que, además de toalla, es cometa.
Si no, ahora fabrican unas piquetas, como las de las tiendas de campaña, que sirven para clavarla a la arena. Pero he visto un video de cómo funcionan y dudo que quieras instalar todo eso, a menos que tengas previsto quedarte a vivir en la playa.
Cuándo se seca la toalla
Nunca. Es un material que viene ya mojado de la tienda, con olor a crema solar, y tendrá humedad durante toda su vida. No pierdas el tiempo tendiéndola por las noches.
Cambiador
Hay un tipo de toalla que hace las funciones de vestidor. Las chicas las manejan muy bien. Los chicos, mucho cuidado con ella: un día me enfundé una de ellas para cambiarme el bañador por unos calzoncillos, perdí el equilibrio, rodé por el arenal con el culo al aire, y finalmente tuvieron que rescatarme los socorristas cortando con bisturí la tela, que nunca he estado tan cerca de que me operen de fimosis accidentalmente.
Cortesía al sacudir la toalla
Por último, antes de irte de la playa, conviene sacudir bien la toalla. Hacerlo con educación implica no echar arena a los demás. La teoría es similar a los consejos que se dan a los novatos cuando van a hacer pis por la borda de un barco por primera vez; es decir: hazlo siempre a favor del viento, procura que no haya nadie debajo, y, sobre todo, recuerda siempre, siempre, siempre, que el aire puede llevarlo unos cuantos metros más allá.