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Los problemas de Pedro y Begoña

No se aventuran buenos días para el jefe del sanchismo, pero es lo que tiene aferrarse al poder de la manera que él lo ha hecho.

No se aventuran buenos días para el jefe del sanchismo, pero es lo que tiene aferrarse al poder de la manera que él lo ha hecho.
Pedro Sánchez y Begoña Gómez. | Flickr/CC/EU2023ES

El jefe del sanchismo tiene que enfrentarse este martes a un interrogatorio como testigo en la causa abierta por el titular del juzgado número 41 de Madrid, Juan Carlos Peinado, por posibles delitos cometidos por su mujer, Begoña Gómez, concretamente el de tráfico de influencias e irregularidades en los negocios.

Es seguro que, al jefe del sanchismo, dada su conocida humildad, le repateará ese interrogatorio en su despacho o en otra dependencia del Palacio de la Moncloa, que además será grabado en audio y video y en el que estará presente, como representante de la acusación particular, VOX. Quién se lo iba a decir a Sánchez: él, que ha sido el gran impulsor del cordón sanitario a VOX; él, que trata con un gran desdén en el Congreso a la formación política de Abascal, mientras que relaja su tensa mandíbula y emplea un tono de voz como de niño que no ha roto un plato, cuando se dirige a los herederos políticos de ETA. Tendrá que responder este martes a las preguntas que le pueda hacer Marta Castro, coordinadora jurídica de VOX.

Los problemas familiares del jefe del sanchismo no solamente son los de Begoña, sino también los de su hermano David, ese patriota que, para no pagar impuestos en España, ha establecido su domicilio fiscal en Elvas, localidad portuguesa y fronteriza con España, cuando trabaja, es un decir, y cobra su nómina, esto está confirmado, en la Diputación de Badajoz.

Estos problemas de su círculo más íntimo, el jefe del sanchismo no sabe a ciencia cierta lo que pueden dar de sí. Desde el punto de vista judicial, todo apunta a que el juez Peinado —tan atacado por ministros-siervos del sanchismo como el de Justicia, Félix Bolaños, que en un ejercicio claramente antidemocrático no cesa de descalificar su actuación— avanza poco a poco en la instrucción del caso, lo cual ha puesto muy nervioso, no sólo a Sánchez, sino a la propia Begoña, que en un ejercicio claro de creerse impune a todo, ha intentado —según publicaba este lunes El Mundo— renovar su cátedra en la Universidad Complutense de Madrid hasta el 2028, pese a la investigación judicial y a los indicios de irregularidades y de posible "apropiación indebida" comunicados al juez Peinado hace unos días por la propia institución universitaria. Esta señora, que hay que recordar que es una ciudadana particular, que no tiene ningún cargo institucional, da la impresión de querer seguir yendo por la vida con su tarjeta de visita en la boca: soy la mujer del presidente del Gobierno, a ver si os enteráis de una vez.

El caso del hermano, al que se le presta menos atención mediática, es posible que tenga más enjundia desde el punto de vista judicial. También en este caso, la juez de Badajoz, Beatriz Biedma, está llevando la instrucción con bastante rigor.

Lo que es indudable es que, al jefe del sanchismo, desde el punto de vista de la opinión pública, estos dos casos de su círculo familiar más cercano le están minando. Es evidente que la mayoría de españoles piensan que su mujer, al menos, se ha movido en las aguas turbias, nada éticas ni estéticas, del tráfico de influencias. Y que esos movimientos eran, también al menos, conocidos, cuando no ayudados, por su querido esposo.

Es de suponer que eso es lo que tratará de averiguar el juez Peinado en su interrogatorio de este martes al testigo Sánchez, que siempre se podrá acoger al derecho que tiene, según la ley de Enjuiciamiento Criminal, para no declarar nada que pueda perjudicar a su esposa. Pero si lo hace, la sombra de sospecha sobre la actuación irregular de Begoña crecerá también, porque hasta ahora, según Pedro, en el caso de su mujer "no hay nada de nada", y "todo es fango, bulos y mentiras" lanzados por la fachosfera y sus tabloides digitales. Ese argumento, el marido de Begoña debe saber que ya está ya muy desgastado y devaluado. Sólo lo utilizan Patxi, Félix, María Jesús, Pilar y otros ministros cuyo nombre no recuerdo —son tantos y tan irrelevantes— y que repiten como papagayos el argumentario que reciben todos los días de Moncloa.

Por eso el jefe del sanchismo, en su desesperada huida hacia adelante, necesita algún "triunfo" político, después del batacazo que sufrió la pasada semana, cuando el prófugo Puigdemont le infligió un duro correctivo al no apoyar la aprobación del techo de gasto, impidiendo de esa forma la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado.

Ese "triunfo" político lo puede lograr Sánchez si consigue cerrar el acuerdo con ERC para investir a Illa como presidente de la Generalidad. El precio que pagará por ello será altísimo, sobre todo en la fórmula acordada para que Cataluña tenga prácticamente una independencia fiscal. Pero ya se sabe que el jefe del sanchismo, con tal de permanecer en el poder, ha sido y sigue siendo capaz de todo: indultos, supresión del delito de malversación, ley de amnistía, blanqueamiento de los herederos políticos de ETA.

El único problema que tiene es que, si cierra con ERC el apoyo a la investidura de Illa, ese grano que tiene en el culo, con perdón, que es el prófugo Puigdemont, crecerá y le molestará tanto, que muy probablemente no podrá aprobar ninguna ley en el Congreso y se verá abocado a convocar elecciones generales, con el riesgo evidente, no sólo de perderlas —ya pasó en las de hace un año— sino de no sumar con sus socios y apoyos del actual gobierno Frankenstein.

No se aventuran buenos días para el jefe del sanchismo, pero es lo que tiene aferrarse al poder de la manera que él lo ha hecho: pactando con quien lo ha hecho, poniéndose en manos de un prófugo de la justicia, destrozando a su partido, y, sobre todo, haciendo un daño casi irreparable a la democracia española. Cuando uno se convierte en un kamikaze y en un suicida, las cosas no suelen acabar bien.

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