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Fraude

España debe jugar un papel fundamental: el Gobierno tiene que reconocer como legítimo presidente de Venezuela al verdadero ganador de estas elecciones.

No por más esperado lo que ha ocurrido en Venezuela es menos criticable. La dictadura ha actuado como tal y, despreciando la voluntad popular, ha cometido un fraude gigantesco para perpetuarse en un poder al que lleva décadas aferrándose a sangre y fuego: masacrando a su pueblo, torturándolo y sometiéndolo a una pobreza atroz y al exilio.

Ya antes de que las urnas llegasen a los colegios electorales, estas elecciones eran totalmente fraudulentas: porque se había impedido la candidatura de la líder natural de la oposición, María Corina Machado, que a pesar de ello ha llevado a cabo una campaña excepcional en apoyo del candidato Edmundo González Urrutia; porque ocho millones de venezolanos han tenido que huir del país, perseguidos muchos por el hambre y otros por el régimen y sus sicarios; porque Nicolás Maduro y sus esbirros han tratado de boicotear la campaña opositora; porque se ha procurado que no haya más observadores internacionales que aquellos que están a sueldo del régimen…

Finalmente, ese fraude se ha trasladado al resultado de una forma tan burda como escandalosa: con un recuento en el que los datos se han interrumpido entre el 40% y el 80% del escrutinio, en el que no se ha permitido a la oposición ejercer el control y la supervisión a la que tiene derecho y en el que el resultado final contradice todos los datos anteriores y posteriores y sólo puede calificarse de inmensa mentira.

Aun así, la verdad se va a abrir paso y la verdad es que los venezolanos han dicho basta, han votado en masa a la oposición y han ganado el país para la democracia y la paz, diga el régimen lo que diga. La victoria de la candidatura que encabeza Edmundo González Urrutia y lidera María Corina Machado es incuestionable, el mandato del pueblo de Venezuela es claro y contundente, el tiempo de la narcodictadura de Maduro debe llegar a su fin.

Y esto sólo será posible a través de una presión internacional que ya ha empezado a llegar incluso desde países cuyo presidente tiene no poca cercanía ideológica con el régimen chavista, como el Chile de Gabriel Boric. Una presión internacional en la que España debería jugar un papel fundamental: el Gobierno tiene que reconocer como legítimo presidente de Venezuela al que sabe que es el verdadero ganador de estas elecciones, Edmundo González Urrutia, y trabajar para que Maduro y los suyos abandonen el poder sin provocar el baño de sangre con el que el dictador amenazó a los venezolanos durante la campaña. Y con el liderazgo de España, la UE debe ser también una fuerza para ese cambio pacífico.

No tenemos grandes esperanzas de que Pedro Sánchez lo haga, pero cualquier otro posicionamiento será, simple y llanamente, colaborar con un régimen criminal y asesino. Lástima que eso no parezca un problema muy serio para aquellos que han recibido calurosas felicitaciones de gentuza como Hamás.

Por último, no podemos olvidar y no vamos a olvidar el papel que algunos españoles están jugando en la defensa de los asesinos chavistas: José Luis Rodríguez Zapatero y Juan Carlos Monedero son las dos caras más visibles de este colaboracionismo inmoral y vergonzoso, que no duda en condenar a la miseria a todo un pueblo amigo a cambio de los favores, los privilegios y el dinero que recibe desde el régimen. También llegará el día en el que estos comportamientos criminales reciban su merecido.

Los venezolanos se han pronunciado con extrema claridad y quieren dejar atrás las décadas de dictadura comunista y ser otra vez un país libre y próspero. En la medida de nuestras posibilidades desde Libertad Digital les ayudaremos a que sea así. ¡¡Viva Venezuela libre!!

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