
En tiempos tan lejanos que ni siquiera había nacido Joe Biden, el hombre prehistórico comenzó a desarrollarse aprendiendo a cazar. Su siguiente reto fue tratar de subirse a un unicornio flotante en la piscina de la urbanización. Su reiterado fracaso en la pugna con el animal flotante cambió la evolución humana para siempre, y provocó el nacimiento de extremidades de defensa frente a golpes, particularmente las manos, para tratar de evitar perder la dentadura contra el borde de la piscina. Los unicornios, por su parte, no evolucionaron. Nunca han existido, pero nunca han dejado de estar entre nosotros. Como las meigas en mi tierra.
Mi experiencia
Un periodista debe estar preparado para todos los peligros: meterse en la boca de un volcán, cruzar una trinchera en la guerra, perseguir a una víbora, fotografiar una explosión nuclear, o hacerle una pregunta incómoda a Pedro Sánchez. La muerte siempre nos está rondando. Yo, sin ir más lejos, el pasado sábado me subí a un unicornio flotante. Pensé en mi familia, en mis amigos, en los años que podrían quedarme de vida. Lo pensé y aun así lo hice, porque era mi obligación experimentarlo antes de venir a escribir estas líneas. Temo por el día que vaya a explayarme sobre los efectos del LSD en los jóvenes.
Mi unicornio mide unos dos metros de diámetro y metro y medio de altura, y mi piscina tiene un ancho de cuatro metros y un bordillo diseñado por el Estado Islámico para acabar poco a poco con la libertad de prensa. Lo primero que he aprendido es que, en el agua, no te puedes subir a nada que esté más alto que tus pelotas. Lo segundo, que intentarlo y no terminar con el culo completamente al aire es imposible, lleves el formato de bañador que lleves, y lo ates con lo que ates, incluidos los tirantes acuáticos. En la Estación Espacial Internacional deben tener una importante colección de fotografías de traseros al aire, y el 100% corresponden a tipos que están intentando subirse a un puñetero unicornio.
Lo que he aprendido
Dice el principio de Arquímedes que un cuerpo sumergido en un fluido en reposo recibe un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja. Es falso. Arquímedes jamás intentó subirse a un unicornio. En primer lugar, no existen los fluidos en reposo, a menos que se solidifiquen –como los ligues de una noche— y entonces dejan de ser fluidos, creo. En segundo lugar, en el principio falta el otro cuerpo. Ya sabemos que el unicornio empuja hacia arriba, precisamente para que no puedas subirte, pero falto yo, que empujo hacia abajo, incluso aunque no esté desalojando ningún fluido, que esas cosas no se hacen en la piscina, y, seré cronista, pero aún mantengo algunos principios estéticos. Y, en tercer lugar, Arquímedes jamás tuvo en cuenta el carácter malvado del unicornio, que es un bicho que disfruta al verte sufrir, que aprovecha la más mínima corriente de aire para separarse justo cuando vas a saltar, y que nació solo para agotar la paciencia de los bañistas.
El tamaño importa
En el mercado hay varios tamaños de unicornios. En mi experiencia, si es muy grande, no podrás subirte sin ayuda de una escalera (esta práctica es mortal en un 99% de las veces), y si es muy pequeño, por el principio de Arquímedes, se hundirá un poco, y de inmediato, el fluido desalojado serás tú. Lo ideal es que compres uno lo bastante grande como para que no se hunda, y lo bastante pequeño como para que no rebotes mucho sobre él al lanzarte y termines catapultado fuera de la piscina, porque en tal caso el unicornio te nacerá a ti en la frente.
La naturaleza humana
El hombre, ahora me refiero al macho, tiene cinco impulsos primarios: hambre, sed, sexo, sueño, y subirse a cosas. Solo hay uno de ellos que puede realizarse en la piscina sin resultado de muerte, y ahora sé que no es el de subirse a cosas.
Riesgo de explosión
Una de los aspectos desconocidos de la práctica de subida a unicornio es que en la intentona, existe un riesgo bastante alto de explosión. Si el bicho es muy pequeño, tan solo te llevarás un susto y un rasguño, pero si el bicho es grande, de nuevo Arquímedes, puedes ser desalojado a la velocidad de la luz en el vacío —ahora acudo a Einstein—, lo que podría hacer que caigas en el más allá, sobre un unicornio de verdad, que esté pastando en el jardín de San Pedro.
Navegación del unicornio
Si por causa de alguna intervención divina logras subirte (yo lo conseguí al décimo intento; mi causa de intervención divina fueron las palabras de mi amiga: "¿A que no hay huevos?"), una vez arriba lo normal es tomar el sol. Pero a menudo las piscinas no son individuales y es posible que tengas que intentar cambiar el rumbo para no matar a alguien. Es casi imposible pilotar un unicornio, pero lo que he aprendido es que si haces girar tus pies, bajo el agua, a gran velocidad como si fueran hélices, el unicornio no se desplazará como quieres, pero a cambio se partirá de risa. Tiene una risa muy contagiosa.
El selfie
Como es sabido, solo hay una razón por la que el hombre trata, desde tiempo inmemorial, de ascender a un unicornio flotador. Y esa razón es hacerse un selfie. Como resulta imposible subir a un unicornio sin empapar el móvil, lo mejor es que te lo haga otro. No hay manera de conseguir el ángulo perfecto, de todos modos, dile a tu fotógrafo que se cerciore de que la foto es apta para menores. Yo me hice una –con la que pensaba ilustrar este artículo— y he tenido que censurarla, porque debido a mi arriesgada posición en el unicornio, sale de mi mismísima entrepierna un cuerno de enormes dimensiones que, si bien no me deja en mal lugar, podría dar lugar a delicadas confusiones.
Bajarse
Si crees que lo más difícil del mundo es subirse a un unicornio, prueba a bajarte. La única manera de bajarse de un unicornio es tirarse al agua, pero ese bicho te atrapa de tal manera que es imposible deshacerse de él. Solo voy a darte un consejo: si eres hombre, es mejor que lo hundas antes de saltar. Yo traté de saltar con esa enorme cabeza entre las piernas y ahora no entiendo por qué dicen que el tabaco provoca impotencia, si lo realmente peligroso en este terreno es bajarse de un unicornio. No sentía tanto dolor por rasguño y quemadura desde la última vez que vi una rueda de prensa entera de Maduro.
Venderlo en eBay
El unicornio es la típica compra entretenida mientras dura la novedad. Al tercer día, comprenderás que el maldito bicho ocupa demasiado espacio en la piscina, que es incómodo para tomar el sol, y que la aventura de subirte a él suele conducirte al hospital, ya sea por golpe, ya por asfixia, ya por ahogamiento. Entonces querrás deshacerte de él. Dile que se ponga guapo, espera a que haya un día bonito, y sácale la mejor foto con el agua de la piscina en calma. Ponlo a la venta en Wallapop a mitad del precio original. Aunque no lo creas, hay millones de personas que sueñan con tener uno. Si quieres una venta más rápida, en la descripción del producto, añade su historia en primera persona: "Hola. Me llamo Bobby. Soy un unicornio flotador. Divertido, sencillo, amigo de sus amigos, y muy bonito. Hago de tu experiencia de bañarte una aventura inolvidable. Para niños y mayores. El cabrón de mi dueño quiere pincharme y tirarme a la basura. Me quedan solo 40 horas. Ruego adopción inmediata para salvar mi vida. Atentamente, Bobby". Para un bronceado perfecto añade el hashtag #SalvemosABobby