
Quien acaba de dar un golpe de Estado en Venezuela no es el presidente saliente, Nicolás Maduro, sino los altos mandos del Ejército; hoy, el verdadero poder desde la sombra. Por lo demás, no se trata de una sentencia retórica y más o menos metafórica. El golpe lo han dado ellos porque quienes tienen en sus poder ahora mismo las famosas actas no resultan ser otros que los militares. Y no sólo las retienen bajo su custodia uniformada en este instante, sino que las secuestraron el mismo día de las votaciones, justo tras el cierre de los colegios electorales, para acto seguido encerrarlas bajo siete llaves en sus cuarteles.
Y es que, germinal anomalía perversa que ya por sí misma debiera desautorizar a priori los resultados de los comicios a ojos de la comunidad internacional, en Venezuela, quienes reciben el encargo legal de controlar la logística de las votaciones, amén de ocuparse de la custodia posterior de todos los documentos derivados del proceso de escrutinio, son los miembros del mismo Ejército Bolivariano cuyo comandante el jefe, si bien desde el otro mundo, sigue siendo Hugo Chávez. Así las cosas, resultaron ser los milicos quienes, primero, trasladaron el material a los colegios; segundo, quienes vigilaron que no se produjera ninguna irregularidad con ese material sensible durante el periodo de tiempo que duró la votación.
Tercero, también fueron quienes, una vez concluido el proceso, se encargaron del transporte de la documentación en sus propios vehículos, siempre al margen de las infraestructuras civiles; y finalmente, igual serían los uniformados quienes retuvieron todo el material en los días posteriores. Y hasta la fecha. Por lo demás, muy ilustrativa a propósito de lo que piensan hacer en el futuro sobre tal particular ha sido la deposición solemne de su actual líder máximo, el compañero Diosdado Cabello. "Nosotros no vamos a entregar actas, no vamos a enseñar nada", aclaró por si a algún gil todavía le quedaba alguna mínima duda sobre la naturaleza última de lo que está pasando en el país en este justo instante. Y la progresía, asintiendo.