
Ayer, en la tenida del PSOE para amenazar a los críticos con la soberanía fiscal catalana, precio de la investidura de Illa que paga el PSOE, Sánchez dibujó los planes del búnker en el que, desde ahora, instalará su Gobierno: no habrá más poder que el suyo ("estamos dispuestos a gobernar contra el Poder Legislativo"), habrá que creer lo que diga bajo palabra (no mostró el texto del acuerdo de soberanía fiscal, revelado por ERC) y son atroces los sufrimientos de la familia Sánchez ("el precio de ser familiar cercano de este presidente es altísimo") responsabilidad que achacó a unos jueces, políticos y medios que persiguen a unos seres de inocencia acrisolada.
Confusión en el rebaño
La pandilla sociata salió del cónclave algo perpleja, porque no sabe qué tiene que defender, qué compensaciones puede haber para la soberanía fiscal catalana en las comunidades autónomas plebeyas, y si el pacto fiscal con Illa es constitucional, cosa que Lambán y Page niegan. Cierto que el PSOE siempre criticó el cupo catalán. Pero también estaba en contra de la Amnistía a los golpistas y la abrazaron cuando Junts la exigió para investir a Sánchez. ¿por qué no han de cambiar ahora? El único bien indiscutible para el PSOE es ver en el poder a Sánchez, su Cénit, su Nadir, su Todo.
Como en El Hundimiento, cuando, guarecido en el búnker, Hitler mandaba avanzar por diversos puntos del frente a divisiones que ya no existían, pero sus generales no lo contradecían, porque habían entregado su integridad al Fuhrer, los conmilitones de Sánchez no se atreven a pedirle una levísima modulación, una promesa de diálogo, una mano tendida a la oposición, en fin, algo que permita una retirada dialéctica o parlamentaria. Sánchez debe aceptarse y celebrarse en su totalidad, sin matices siempre traicioneros.
Clemenceau decía que la República Francesa: "est un bloc". Y como el Terror y sus crímenes no podían empañar en las escuelas las raíces del régimen, la guillotina regicida se ocultaba, se disimulaba o se justificaba. Sánchez no está aún en el momento de fabricar un relato piadoso sobre sus excesos sino más dispuesto que nunca a cometerlos. Desde que, tras las últimas elecciones, no tiene mayoría parlamentaria, su mantenimiento en el Poder se basa en la sumisión de su partido y en una gigantesca maquinaria de propaganda para establecer una realidad paralela, que lo justifique todo.
Cómo explicar a los votantes la bondad de ser robados
El problema de la secta sanchista es que para justificar todo lo de hoy, debe borrarse todo lo de ayer. Nada les importa acumular mentira sobre mentira, pero como sucede con los venenos, el efecto debe ser real pero no mortal, no pude acabar de golpe con quien se pretende matar lentamente. Y como lo que se busca es que el descuartizamiento de España se haga de forma que la opinión pública no se dé cuenta o, por lo menos, no se queje mucho, hay que tener a punto el argumentario del suicidio asistido, o sea, obligado.
Y son los socialistas aragoneses, valencianos, manchegos o andaluces, los que tienen que explicar a sus electores por qué es excelente para ellos que Cataluña ya no les aporte nada mientras ellos siguen aportando a Cataluña. Lo harán, sin duda, pero no los creerán salvo los dispuestos a creerlo todo. E incluso esos tendrán dudas, porque las explicaciones son contradictorias. No puede ser que Cataluña mejore sustancialmente su financiación y ya no aporte nada a la caja común, salvo alguna migaja, y que eso no perjudique a las comunidades que vamos a llamar plebeyas. Es decir, todas aquellas de las que dependa que Sánchez siga en el Poder. Es imposible e increíble.
A Sánchez, eso le da igual. Al PSOE también, porque al cabo es esclavo de Sánchez. Pero, naturalmente, eso acarrea problemas electorales. Como ha dicho Lambán, "si lo de la amnistía y la secesión ya nos pasó factura, no quiero pensar lo que puede costarnos esto". Pero ya acechan Alegría y Sabés, siervo oscense, para asumir cualquier coste si llegan al Poder.
La naturaleza del búnker
Aunque el búnker nace para la defensa, su naturaleza es la incomunicación. Desde el bunker se pierde perspectiva, y pueden tomarse decisiones que no tienen nada que ver con la realidad. Si Hitler no hubiera estado dentro del búnker, seguramente no hubiera ordenado el avance de divisiones fantasma, porque había visto por grabaciones aéreas o sobre el campo de batalla las tropas que existían y las que ya habían sido destruidas. Es muy posible que el desenlace hubiera sido parecido, pero los generales no se habrían mirado por detrás de la espalda del Fuhrer lamentando una derrota tan demencial.
Cuando Sánchez repite, de forma ridícula por exagerada, que a su familia la persiguen injustísimamente, pese al esfuerzo que él ha puesto en frenar la acción de la Justicia, denunciando al juez o negando claras evidencias, él se blinda hacia dentro, pero su partido y su gobierno se debilitan hacia afuera. Cada día hay más noticias sobre los millones que, de forma ilegal, afanó su señora o trincó su hermano. Ni un solo socialista ha salido a desmentir una sola noticia sobre el fraude fiscal de David Sánchez, porque es imposible. Y nadie en la Complutense ha defendido la legalidad de la cátedra de Begoña.
Cabe decir sin exageración que Sánchez se ha acostumbrado a vivir en el fango de la corrupción y, como el cerdo en la cochiquera, no ve con malos ojos el albañal en que engorda ni cree que haya cosa mejor. Sólo en el momento de la matanza advierte el peligro, pero ya es demasiado tarde. La diferencia de Sánchez y el cerdo, es que el de la vista baja nos regala al dejar su sucio entorno y este mundo cruel, muy sabrosos lomos y jamones. Sánchez nos dejará, si nos deja, un Estado destruido, una nación anulada, una legalidad comprometida y una economía endeudada para siempre. Y no es seguro que nos deje. Y mucho menos para ir a la cárcel, que es donde los delitos familiares, de partido y de Gobierno, pueden acabar llevándole. El búnker es también un lugar propicio para el suicidio, pero tengo la certeza de que Sánchez, antes de irse del Poder, es capaz de suicidarnos a todos. Pablo Castellano dijo en tiempos de González "el paso del felipismo a la democracia está cada vez más difícil". El del sanchismo es casi imposible. Sánchez se ha recluido en el bunker, pero nos ha metido a todos dentro.