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Fachas y orgullosos

Facha, en 1993, en 2008 y hoy día, en realidad sólo significa una cosa: que no quiere que gobierne el PSOE, el partido de FIlesa y de los GAL.

Facha, en 1993, en 2008 y hoy día, en realidad sólo significa una cosa: que no quiere que gobierne el PSOE, el partido de FIlesa y de los GAL.
José Luis Ábalos y Pedro Sánchez. | EFE

Seguramente hubo un tiempo en el que ser facha significaba algo, pero la verdad es que yo no lo recuerdo, y ya tengo suficientes canas en la barba para posicionarme como "madurito interesante" en Tinder o como "Papá Noel" en El Corte Inglés de Preciados, que todo es cuestión de adaptarse al público objetivo. Creo que aún no había cumplido los catorce la primera vez que alguien me lo llamó; una compañera de clase repetidora con familia algo más disfuncional que la media, que vestía como si se dedicara full time a la lectura de manos y posos del café en un puestecito ambulante en Caños de Meca y al atardecer hiciera la danza de agradecimiento al Sol y la Pachamama. No sé si me explico. El caso es que era 1993 y Felipe González ganó sus últimas elecciones, prolongando tres innecesarios años la agonía de su gobierno y de paso la crisis económica, y yo, que, seamos sinceros, no tenía ni idea de nada, como ella, lo lamenté en público. "No sé cómo se puede ser joven y facha", dijo. Por entonces era muy joven y muy idiota y me empeñaba en explicar que en realidad no era facha sino simplemente de derechas. Por suerte ahora ya no soy joven.

Da la impresión de que ser facha es cada vez más sencillo. Uno se imagina que la media aritmética de lo facha se encuentra en algún lugar entre el asesino de Lucrecia Pérez y el señor que grita Franco muchas veces en la tumba del dictador. No es el caso. Para ser facha en 2024 basta con defender exactamente lo mismo que el editorialista de El País, Àngels Barceló o el presidente del Gobierno, valgan las redundancias, defendían en 2023. Lo facha es un concepto móvil, voluble y adaptable a las circunstancias. Resiliente, sostenible, inclusivo, todos los palabros vacuos y las buzzwords para politólogos colocados a dedo que hagan falta. Ser facha depende mucho del entorno, entendiendo por entorno "lo que diga la PSOE". Por ejemplo, en la primera mitad de los noventa lo más facha que había era denunciar el terrorismo socialista, eufemísticamente denominado "de Estado" para culpar a toda España de los asesinatos de Lasa y Zabala en vez de al Gobierno del PSOE que los patrocinó y pagó con fondos públicos. Investigar la corrupción también era facha. Recordemos al juez Marino Barbero, el primer instructor del caso Filesa, la trama corrupta de financiación ilegal del PSOE que inflaba contratos para pagar sus campañas electorales. "Barbero quiere influir en política sin presentarse a las elecciones, dictando sentencias, abriendo y cerrando sumarios, al igual que hace ETA, que quiere participar en política poniendo bombas". Palabras de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidente de Extremadura en aquella época. El mismo que unos meses antes se había inventado la acusación de que el magistrado no pagaba sus deudas con el banco. En 2024 investigar la corrupción de la familia del presidente del gobierno también es facha, y en vez de al bellotari eructando insultos con tufo a whisky de bar de carretera tenemos a periodistas inventándose que el juez Peinado tiene dos DNIs y denunciando que el muy facha posee, ahí es nada, un chalé en un pueblo de la sierra. La vida sigue igual, que decía el padre de España.

Bares de carretera, decía. Hablemos de José Luis Ábalos, exministro de transportes. Resulta que una estudiante de odontología de 29 años le acompañaba en sus viajes como ministro a cambio de 1.500 euros diarios, suponemos que dietas aparte. Además de estos sin duda merecidísimos emolumentos, Jessica cobró un sueldo público en una empresa dependiente del ministerio, o sea del ministro. La versión millenial del estanco para la querida es un sueldo público otorgado graciosamente por el PSOE, el partido más feminista de Europa. "¿Por qué es feminista el ministro de transportes?", se preguntaba la página de Facebook del PSOE el 6 de marzo de 2020. En esa época Jessica trabajaba de auxiliar administrativo en la empresa pública Ineco, en cuya web corporativa todavía se puede leer este titular: "Ábalos celebra el compromiso de Ineco con la igualdad real entre hombres y mujeres". Como decían en la granja orwelliana, todos somos iguales, pero unos más iguales que otros.

Jessica es lo que alguien con gracia denominó amiga de suscripción. Girlfriend as a service o GAAS, diríamos en el mundillo informático y corporativo. ¿Es facha enchufar a una acompañante a sueldo 30 años más joven en una empresa pública? ¿Es machista, o al menos poco feminista viajar como ministro con una moza de buen ver a razón de 1.500 euros por jornada laboral? Por supuesto que no, porque lo hace un cargo público socialista, y ¿cómo va a ser machista un ministro del PSOE? ¿Estamos locos? ¿Los pájaros disparando a las escopetas? El feminismo está en el ADN del socialismo, lo dice el propio Ábalos en el video enlazado un párrafo más arriba. Sería machismo, y del malo, si el de Torrente, provincia de Valencia, abriera la boca más de la cuenta sobre según qué temas relacionados con mascarillas y contratos públicos, pero mientras la manta permanezca en su sitio tapando lo que tiene que tapar, el feminismo de don José Luis Ábalos Parera está fuera de toda duda. ¿Ha visto usted, querido lector, una sola feminista con cargo público o concertado decir algo acerca de la compatibilidad de los principios del feminismo con la vida privada del exministro? Por supuesto que no. Por algo será.

Lo gracioso es que absolutamente todo el mundo sabía la clase de persona que es la exmano derecha de Pedro Sánchez. Las bromas con su presunta afición a las mujeres que fuman (me estoy empezando a quedar sin eufemismos) eran moneda común en el Tuíter pre-Elon. Si cualquier troll de Internet tecleando furioso en una penumbra con olor a fuet y Chetos Pandilla sabía lo que había en 2020, ¿nos podemos creer que ninguna de las grandes redacciones de España conocía el percal? En 2021 se publicó que Ábalos había sido cesado "por su vida oscura y caótica", celebrando fiestas en plena pandemia "con mujeres en pisos privados". Si uso un solo eufemismo más yo creo que me dan el sillón q minúscula de la RAE. Aquello lo publicó uno de los medios que el presidente del gobierno denomina "máquina del fango de la extrema derecha". Fachas, para entendernos. Porque facha, en 1993, en 2008 y hoy día, en realidad sólo significa una cosa: que no quiere que gobierne el PSOE, el partido de FIlesa y de los GAL, de Ábalos y de la farlopa y las putas (se acabaron los eufemismos ya) a cuenta de los parados andaluces. Así que, amigos, es hora de asumirlo. Somos fachas. Y orgullosos.

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