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¡Qué cara más dura tenéis, pichonas!

Han tenido en sus manos muchos fondos europeos desde la pandemia.

Han tenido en sus manos muchos fondos europeos desde la pandemia.
Pedro Sánchez, María Jesús Montero, Yolanda Díaz y Teresa Ribera. | EFE

Eso de "pichona" ha sido un hallazgo paleo-lingüístico y castizo de gran relevancia, porque aunque parece inicialmente que trata de una cría de palomos, en realidad se quiere referir, dicen que cariñosamente, a algunas de ellas, humanas y femeninas. No obstante, se observa asimismo en la palabra algún matiz enraizado en la idea de ingenuidad, de bobería y de candidez. De ese modo, un palomo alfa llama afectuosamente "pichona" a algunas de sus criaturas, por lo fácilmente que es capaz de confundirlas y utilizarlas.

Es verdad que se ha usado mucho lo de "pichona". Pero cuando aludimos a La Pichona desde hace unos días, nos estamos refiriendo naturalmente a Begoña Gómez, la esposa de Pedro Sánchez. Lo de llamarla así no ha sido ocurrencia periodística, sino una mera transcripción de lo que una fuente ha contado a El Confidencial sobre las tripas de la Operación Moncloaca. El garganta profunda dijo que el Gran Jefe (o puto Amo) habría retratado a su Begoña de este modo: "Puede ser una pichona, pero no es una corrupta".

El problema es que si es una pichona, a lo mejor lo es tanto que no sabe distinguir entre lo que es algo corrupto y lo que no. Siendo tan pichona pudo no saber que disponer de una cátedra en la Complutense sin titulación universitaria, cuando menos era anómalo. Como lo era reunirse con amigotes empresarios en La Moncloa, con presencia del Gran Jefe, para eso de la ayuda mutua o como lo fue el de recomendar a algunos de ellos para conseguir ayudas del gobierno de su marido. Y así sucesivamente. O no, quién sabe, que se sabrá si es pichona por ingenua, pichona por delegación o pichona sustantivada, otra La Pichona.

Ha habido otras pichonas anteriores, al parecer, algo menos incautas. No voy a una lección de historia, sino a algunas menciones. Desde Giacomo Casanova a Cela, muchos se refieren a otras señoras conocidas como La Pichona. También Manuel Barrios e incluso Juan Eslava anota que a una de las hijas del santo Job la llamaron "Pichona". Pero estas mujeres no tenían mucho de pardillas.

Pero me quiero referir a esas otras pichonas de Pedro Sánchez, que no tienen nada de angelicales, y que son ejemplificaciones de cómo es o debe ser el Gran Jefe porque se han postrado ante Él defendiendo, eso sí, el marxofeminismo de salón.

La primera de ellas, nuestra "eternamente Yolanda", Yolanda Díaz, porque la recordaremos siempre por su asombrosa incapacidad para hilar un pensamiento discursivo racional pero asimismo por su ilimitada capacidad de conspirar contra los propios. Elefanta blanqueada contra el comunismo bolivariano, jamás se verá en otra como en esta de ser vicepresidenta de un gobierno, nos ha vuelto a sorprender.

No quiere decir, ni siquiera a Transparencia en pleno período de recurso a la democracia transparente, a quién ha dado los dineros de la publicidad institucional de su Ministerio y de su cargo, que son muchos. Debe creerse que no lo sabemos, que no sabemos que la miga rica de esos dineros van a parar a medios afines al gobierno y a su coro de grillos. ¿Y por qué no explicarlo? Fácil, señores. Sus amigos se enterarían de a quién le ha dado más que a otros y eso es malo para la salud política. Hay preferidos, amante, queridos, chulos, concubinos… Una jerarquía que dolerá si se conoce.

Luego tenemos a otra "pichona", la de Europa, la yerna del ché Bacigalupo, el que liquidó al juez Javier Gómez de Liaño por prevarigalupar, una modalidad neototalitaria en la que la intención de prevaricar se presupone. Me refiero a esa señora que, junto con otras madres superioras, nos enseñaba cómo se alteraba la temperatura desde el sol a la sombra en las calles de Madrid. Sí, estoy aludiendo a Teresa Ribera, ya vicepresidenta de la Comisión Europea, vaya piraña en el bidé de la Úrsula, para el medio ambiente y esas cosas.

Pero, oigan, esta pichona, agria como una naranja de las calles de Sevilla, junto con otros muchos pichones cómplices, han tenido en sus manos muchos fondos europeos desde la pandemia. Su ya ex Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico sólo ha pagado el 0,1% de las subvenciones previstas. O sea, que el 99'9% del dinero destinado a gente que lo espera, no les ha llegado. ¿Y cómo es eso? Cosas del Plan de Transparencia.

Y para terminar digo no, no y no a que un día podamos enterarnos con certezas y veracidad de que otra de las superpichonas, en este caso la más bate-alas del gobierno para refrescar al palomo alfa, gran Jefe o Puto Amo, ha deslizado datos de su Ministerio, secretos y protegidos por naturaleza, para enriquecer la operación Moncloaca con balas informativas que matan empresas y personas desde el punto de vista de buen nombre y de la dignidad. No, quiero ni pensarlo.

Hay pichonas y pichonas. Algunas pueden ser lelas y torpes, ya lo sabremos, pero otras no lo son tanto. Algunos ejemplos he propuesto. Por ello, hay que subrayar que las no tontas tienen la cara más dura que un rinoceronte, que diría mi admirado Ignacio Gómez de Liaño.

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