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Pandemia de desmemoria

Fíjense en Pedro Sánchez. Se acuerda de que Begoña Gómez es su esposa, pero no se acuerda de su relación con Juan Carlos Barrabés.

Fíjense en Pedro Sánchez. Se acuerda de que Begoña Gómez es su esposa, pero no se acuerda de su relación con Juan Carlos Barrabés.
Begoña Gómez y Pedro Sánchez. | Cordon Press

Aquí apenas nadie se acuerda de nada. Parece que muchos españoles están sufriendo o han sufrido un ataque de desmemoria y no se acuerdan de nada o quieren que nadie se acuerde de lo que han hecho. O, tal vez lo más probable, han decidido no recordar lo que conviene que no sea recordado. Fíjense en Pedro Sánchez, nuestro presidente del Gobierno. Se acuerda de que Begoña Gómez es su esposa. ¡Hasta ahí pudiéramos llegar! Pero no se acuerda de su relación con Juan Carlos Barrabés.

¿Cómo es posible, presidente? Si Barrabés, en su comparecencia ante el juez, dijo que se ha reunido varias veces con su esposa y que, en dos de ellas, estuvo usted presente (vea RTVE, que no fabrica bulos contra usted por la cuenta que le trae a su directora). ¿Ha tenido que tener alguna relación con él? ¿O es que Barrabés miente y ha lanzado un bulo contra usted? Pues queréllese, señor, como ha hecho contra el juez Peinado por diferentes causas menos claras aunque no haya prosperado demasiado. Hasta ahora, claro.

Lo que ocurre es que los periodistas buleros y enfangadores ya han recordado que usted elogió al grupo Barrabés en público y hay testimonios sonoros y visuales. ¿Cómo se puede elogiar a algo o a alguien con los que usted no tenía relación? Haga memoria, porque a lo mejor su esposa le contó algo sobre las cartas de recomendación que cursó sobre estas empresas amigas que han tenido ingresos extraordinarios desde que la conocieron.

Hay pastillitas e incluso juegos y pasatiempos para conservar la memoria intacta el máximo tiempo posible. Transmítaselo a su señora que, al parecer, olvidó decir en la Complutense que no era licenciada para que el todavía rector Joaquín Goyache Goñi, que también estuvo en La Moncloa y le sobrevino desmemoria de licenciatura, le ayudara a conseguir la dirección de una Cátedra porque eso de que la esposa de un alto mandatario no tenga más que el Bachillerato, le parecería feo.

Pero esto de la amnesia, palabra íntimamente relacionada con amnistía, parece una pandemia para la que no necesitamos mascarillas, sino máscaras testificales e institucionales rotundas y fabricadas a toda prisa con una cualidad maravillosa: permiten seleccionar de qué cosas debemos acordarnos y de cuáles no, si de lo que se trata está relacionado con la Presidencia del Gobierno y el PSOE. Estudien el caso Hidalgo, que es de libro.

Me refiero, claro, a Javier Hidalgo, que fue Chief Executive Officer (CEO, máximo ejecutivo de una entidad) de Globalia. Javier Hidalgo, que no se acordó en su declaración judicial como testigo ante el titular del Juzgado Central de Instrucción nº 2 de la Audiencia Nacional, Ismael Moreno, en la instrucción del caso Koldo, de las dos reuniones que mantuvo en 2020 en la sede de la compañía en Madrid en las que estuvieron presentes la esposa del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, y el empresario y comisionista, Víctor Gonzalo de Aldama.

Pase que no se acordara del pobre diablo Víctor Gonzalo de Aldama, aunque negociaba con Koldo; aunque conociera a la alto cargo del Ministerio de Transportes, Ana Pardo de Vera y a su jefe, el chivo expiatorio Ábalos; aunque se hubiera reunido siete veces con Begoña Gómez y tantas cosas más. Podría ser natural, no recordar a las personas irrelevantes que por nuestra vida pasan, aunque lo de Aldama siembre la duda por su egregia estatura de conseguidor.

Pero, hombre, ¿no acordarse de Begoña Gómez Hernández, esposa del presidente del Gobierno de España? Es difícil de creer incluso con pandemia de desmemoria general. ¿Qué por qué? Porque esposa del presidente sólo hay una, porque ha coincidido en diferentes momentos y lugares con muchos testigos posibles con mejor memoria y porque es la primera dama, y la única que despacha en La Moncloa, no como Juan Guerra, el pobre, en un cuartito de la Plaza de España de Sevilla.

Por si fuera poco, la primera vez que la vio, lea la prensa, fue hace cinco años, en septiembre de 2019. ¿Tampoco lo recuerda? Es difícil de olvidar a una primera dama en un primer encuentro en el que le pidió un favorcete, pero ¿cómo olvidar que el encuentro tuvo lugar en la ciudad rusa de San Petersburgo, en su habitación, y con Aldama delante? Ah, que lo que no recuerda es lo que se habló en las reuniones con ella. Claro, claro. Como el agua.

No es por abusar, pero además de estos despistes o desmemorias testificales, hay otras inquietantes pérdidas de la facultad de recordar. Es el caso de la amnesia institucional que sobreviene a los socialistas que son nombrados, sin pudor alguno, para cargos que exigen un distanciamiento de partidos e intereses políticos.

Por ejemplo, Concepción Cascajosa, presidenta de la RTVE, por ahora, dejó de ser afiliada socialista al día siguiente de ser nombrada a propuesta del PSOE, signo inequívoco de su neutralidad e independencia. O José Luis Escrivá, nombrado por Pedro Sánchez Gobernador del Banco de España habiendo sido ministro suyo hasta el día antes, algo que se le va olvidar porque, créanlo, a partir de su nombramiento lo que presidirá su gestión será "el rigor, la búsqueda de la objetividad basada en la evidencia y el ejercicio del juicio independiente". ¿Antes no, pues?

Ya dijo Julio Camba, en referencia al PSOE: ""Dicen que el poder ofusca la razón y que uno de los dones con que favorece a aquellos que logran conquistarlo es el precioso don del olvido, evitando así que, al recordar sus propias predicaciones, haya quien sienta el remordimiento de no ajustarse a ellas". Qué don, el olvido.

Pero como la pandemia no ha hecho más que empezar, dejémoslo aquí y ya seguiremos. Lo aclaró Pío Baroja hablando de sus Memorias. No tenía la costumbre de mentir, pero si lo había hecho alguna vez, no lo recordaba. Así de mala es esta pandemia histórica de desmemoria.

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