Menú

'El Infame' entrega a ETA la seguridad ciudadana y la Derecha se extravía

Sánchez ha entregado las leyes más opuestas a la Nación y la Constitución, la de Memoria Histórica y la de Seguridad Ciudadana al partido de la ETA, que mató a casi mil españoles.

Sánchez ha entregado las leyes más opuestas a la Nación y la Constitución, la de Memoria Histórica y la de Seguridad Ciudadana al partido de la ETA, que mató a casi mil españoles.
La portavoz de Bildu en el Congreso de los Diputados, Mertxe Aizpurua, pasa por delante de Pedro Sánchez. | Europa Press

En el casi medio siglo de democracia en España, aunque nunca en toda, no hay un caso de traición como el de Pedro Sánchez. En los últimos dos siglos, Fernando VII se ganó a pulso el título de "El Felón", en tres actos: en 1812, al volver a España, rechazó, utilizando astutamente a los serviles, la Constitución jurada por los españoles que habían combatido a Napoleón, mientras él descansaba heroicamente en Fontainebleu. En 1820, ante el golpe de Riego y compañía, proclamó "marchemos todos, y yo el primero, por la senda constitucional"; y sólo tres años después, cuando el sectarismo y la incompetencia de los liberales exaltados propició la entrada en España, sin oposición, de los Cien mil hijos de San Luis, hijos de los invasores de 1808, persiguió ferozmente a los que le habían perdonado la vida. Así, en 1834, murió El Felón, como el mayor traidor de España desde Don Julián.

Lo de Sánchez es muchísimo peor. Fernando VII creía en su legitimidad; Sánchez, no. El Felón entendía que él no era perjuro, sino que hacía lo que debía hacer por la Corona y España, bien es verdad que lo que le convenía; Sánchez hace lo que le conviene, aunque sepa que perjudica a España, y le da igual. "El Felón", o "Tigrekán", otro mote que recuerda Galdós, mandó matar a héroes de la Guerra de Independencia, enemigos del absolutismo; pero los mandó matar él, arriesgando sufrir la misma suerte. Sánchez ha entregado las leyes más opuestas a la Nación y la Constitución, la de Memoria Histórica y la de Seguridad Ciudadana al partido de la ETA, que mató a casi mil españoles y echó de su tierra a doscientos mil. Y, además, les ha permitido presumir de haberla redactado. Al lado de este PSOE que secunda su traición, los serviles de Fernando VII eran gente noble y apenas obcecada. Al lado de toda la izquierda actual, unida en su apoyo al terrorismo y el golpismo antiespañoles, los peores absolutistas eran ángeles de la convivencia, heraldos de la paz, amigos de la libertad. ¿Cómo llamar al que supera en cobardía y maldad al Felón? Probablemente, "El infame".

Para acompañar o redondear su infamia, Sánchez ha utilizado al peor de sus esbirros ministeriales, Marlaska, para urdir desde la consejería vasca de justicia, en manos del PSOE, y desde la mismísima Fiscalía de la Audiencia Nacional, la de Carmen Tagle, ahora regentada por Jesús Alonso, la suelta sin arrepentimiento ni justificación legal alguna de los jefes etarras menos arrepentidos y autores de los asesinatos más sonados de la banda: los de Miguel Ángel Blanco, Martín Carpena, el fiscal Portero o Fernando Buesa. El plan de Zapatero, unir la ETA a la suerte del PSOE, ha mutado en algo moralmente idéntico, pero políticamente distinto: es el PSOE el que une su suerte a la de la ETA. El Comando Marlaska y el nuevo Artapalo, nombre colectivo de los jefes de la banda, que bien merece llamarse Sanchezpalo. El inquilino monclovita, que ha prohibido las pelotas de goma a la policía y ha auspiciado que los cabecillas bildutarras presuman de redactar esa ley ("la hemos hecho nosotros", han dicho) imagina el momento en que, en justa correspondencia, Otegui lo indulte, como él ha indultado a los etarras.

La encrucijada del PP ante "El Infame"

Ante la radicalización de la Izquierda, la Derecha hace lo que mejor se le da: dudar de sí misma, vacilar, actuar como si el PSOE fuera lo que dice que es y, a la vez, lo que debería ser, aunque no lo haya sido nunca. Por un lado, el PP ofrece moderación y del diálogo, y como la Izquierda ni se modera ni dialoga, ofrece más diálogo y gime que se lo rechazan. Nada lo muestra mejor que la romería de dirigentes del PP que han peregrinado a la Moncloa para ser recibidos por Sánchez, después de que Ayuso dijera que ir a tomar café sin agenda que debatir sólo daría la imagen de división interna que Sánchez busca. Y como lo dijo Ayuso, corrieron a llevarle la contraria.

A la salida, todos han dicho que no han hablado de nada y les ha engañado. Nada más falso. Ha hecho lo que Ayuso dijo que haría. Pero ellos querían demostrar que no son como ella, y lo han conseguido. Mazón, que tiene razones para denunciar la infrafinanciación de su comunidad, aprovechó el viaje para pedir la "devolución" de la Dama de Elche, como si hubiera existido Elche en tiempos de la Dama, o como si Valencia no tuviera que "devolver" obras de arte "forasteras" de sus propios museos. Al final, esa vacilación esquizofrénica, esa duda entre el pacto y la lucha, retrata la doble naturaleza del PP, la que planta cara a su despotismo y la que se rinde ante él a cambio de que le conceda la legitimidad de sucederle o compartir el Poder, como hace ahora con sus socios etarras, comunistas y separatistas. Es el mejor regalo que a un Gobierno cercado podría hacerle la Oposición.

Dos leyes rabiosamente contradictorias

Que el problema no es sólo de táctica, sino de estrategia y de valores lo han demostrado las dos leyes anunciadas por el PP, la de Conciliación y la de la Vivienda. Esta última está en la línea liberal tradicional en el PP: libertad de mercado y garantías para la propiedad como forma de mejorar la oferta de vivienda de alquiler. La de conciliación, en cambio, es tan comunista que Sumar la ha recibido con alborozo y Comisiones Obreras con agrado.

El error primero, que ha señalado muy atinadamente Rosana Laviada, es el de ignorar la libertad de las mujeres para tener o no tener hijos, al margen y por encima de lo que le conviene a la sociedad. Y el PP, con una idea de la familia arcaica, semejante a la de Vox, propone una solución típicamente izquierdista: una ley y montón de comisarios vigilarán las empresas para que se cumpla la dichosa conciliación. Un comisario de conciliación a partir de 50 empleados, o uno cada 50, que por supuesto pagará la empresa.

Imaginemos dos mujeres con el mismo trabajo, una quiere tener hijos y la otra no, y la que, en uso de su libertad, no quiere ser madre, ¿debe trabajar más por la que sí quiere serlo? Se dirá que no, pero sí. En la práctica, hace tiempo que muchas empresas "concilian", desde antes de que se llamase así, pero dentro de los ajustes que permita el presupuesto, no por la fuerza. Si no hay dinero para contratar más gente, alguien deberá asumir el trabajo del que "concilia". La libertad de la empresa y la de los ciudadanos ya no existen, por una buena causa, naturalmente. La "igualdad de las mujeres" desemboca en desigualdad legal, por motivos puramente ideológicos. Que los comunistas lo defiendan por una razón y los ultraconservadores por otra, da igual: las mismas trabas a la libertad de la empresa y del empleado.

Electoralismo disfrazado de buenismo "social"

¿Por qué el PP se ha metido en ese berenjenal? Las razones que da es que hay que cambiar el discurso crítico y hacer uno de "propuestas positivas", por si acaso la legislatura dura tres años, como pretende Sánchez. Y lo que se les ha ocurrido, con alguna encuesta encargada, es asumir la agenda de la izquierda, que es básicamente comunista, intervencionista y liberticida. Un mismo partido no puede presentar a la vez la ley de Vivienda y la de Conciliación, salvo que no crea en ninguna de las dos, que es lo que parece. Como bien ha señalado Cristina Losada, si España está tan mal como dice el PP, ¿para qué presentar leyes que no se pueden sacar adelante, salvo que las haga suyas la Izquierda? ¿No es la Izquierda nuestro primer problema?

Esta es la clave del error: el PP no identifica al Gobierno con la Izquierda, y piensa que es posible hacer una política de izquierdas beneficiosa para los ciudadanos. Es decir, que lo malo no es el socialismo, solamente el PSOE. ¿Tal es el desprecio del PP por las ideas liberales, que prefiere sustituirlas por el intervencionismo comunista de Sumar o el de Vox? ¿Qué idea de la mujer y de su igualdad ante la ley tiene el gran partido de la derecha para tratarla como una delicada vasija reproductora? Se dirá que el PP piensa en los niños, no en las madres. Pero eso es imposible, con o sin conciliación. Así que vuelvo a lo primero: ¿Cree el PP en la libertad de las mujeres para procrear? ¿O que no tienen hijos por problemas de dinero o en el trabajo? Lo primero es lamentable, lo segundo es un error del todo incomprensible.

Legislar en el aire, como a mi juicio hace el PP, es puro electoralismo, malo porque no representa una reflexión seria sobre un problema real, el de la bajísima natalidad; y peor aún porque al repetir el discurso izquierdista porque "suena bien", asume que el del PP "suena mal", y en vez de afinar el violín, aporrea el bombo. Pero no deja ninguno, y el dúo de Stradivarius y Manolo el del Bombo no sólo suena mal, sino que anula los dos instrumentos. Suele decirse que sorber y soplar al mismo tiempo es imposible. El PP no deja de intentarlo.

Temas

Servicios

  • Radarbot
  • Libro
  • Curso
  • Alta Rentabilidad