Aunque no sea siempre verdad el refrán español que dice que "quien calla, otorga", pocos silencios dan tanta apariencia de autoincriminación como el bochornoso mutismo que ha mantenido Begoña Gómez durante su comparecencia ante la comisión de investigación de la Asamblea de Madrid que trata de dilucidar las posibles irregularidades y el posible trato de favor dispensado por la Universidad Complutense a la esposa del presidente del Gobierno. Y es que, a pesar de las veces que se ha dicho desde su entorno que Gómez "no tiene nada que ocultar" y se ha defendido la "claridad y transparencia" de todas sus actuaciones, lo cierto es que la esposa de Pedro Sánchez se ha negado a responder a todas las preguntas que le han formulado los grupos parlamentarios, limitándose a hacer una breve declaración introductoria en la que, básicamente, se ha limitado a repetir lo que dijo su marido al conocerse las nuevas imputaciones contra ella por los delitos de apropiación indebida e intrusismo profesional. A saber, que estaba siendo víctima de "bulos y difamaciones" y que "más pronto que tarde la verdad pondrá las cosas en su sitio".
Vaya por delante que serán ciertamente los tribunales de Justicia, y no la comisión de investigación de ninguna asamblea parlamentaria, los que dictaminen la inocencia o culpabilidad de Begoña Gómez frente a las numerosas y graves acusaciones que pesan contra ella. Pero resulta increíble que una persona que se considera inocente no aproveche esta comparecencia para combatir esos "bulos y difamaciones" de los que dice ser víctima para contribuir con sus refutaciones a que "la verdad ponga las cosas en su sitio".
Y es que, si la mujer del César no sólo debe ser honrada sino además parecerlo, Gómez ha desaprovechado una oportunidad única para parecerlo y para rebatir políticamente los supuestos bulos que hasta la fecha los jueces consideran, por el contrario, sólidos indicios de la comisión de varios delitos.
No menos incriminatoria para Begoña Gómez, y para sí mismo, han resultado las declaraciones del también imputado rector de la Complutense: aunque Goyache también se haya negado a confirmar o a desmentir que la Universidad Complutense haya aclarado que no hubo apropiación indebida del software por parte de Gómez, el rector de dicha Universidad ha incurrido en clamorosas contradicciones. Así, y tras admitir que no conoce un sólo director de cátedra (entre todas las existentes) que no tenga titulación superior, ni sea personal docente ni tenga vinculación permanente con la Universidad, ha tenido la desfachatez de afirmar, prácticamente a renglón seguido, que la concesión de la cátedra a la mujer del presidente "no ha sido excepcional en ningún caso".
No menos "excepcional", por no decir asombroso, resulta que el rector y máximo responsable de la concesión de la cátedra haya afirmado que "no sabía" que Begoña Gómez ni siquiera era licenciada, ignorancia que ha excusado afirmando que para dirigir una cátedra no se exige una "formación específica", puesto que se trata de un cargo de "gestión". Lo que no ha dicho es qué méritos de "gestión" acreditó, entonces, Begoña Gómez para merecerla o por qué es el único caso de directora de cátedra conocido, tal y como él mismo ha admitido, que no ha acreditado una formación específica. Y es que todo indica que lo único que Goyache sabia, ciertamente, de Begoña Gómez es que era la mujer del presidente de gobierno…