
Es difícil hablar seis horas sin decir nada, pero convenciendo a todos de que sólo ocultas un afán de supervivencia. Es casi imposible que la mayor catástrofe en vidas y haciendas de los últimos siglos se deba a la traidora incompetencia del gobierno central, pero cargue con la culpa el gobierno regional. Es inexplicable que, en España, la Oposición al peor gobierno de nuestra historia se pliegue a la supervivencia de un gobierno regional a costa de suicidarse. Y es, en fin, inimaginable que el premio de una lotería sea la ruina del afortunado. Pues bien, todo eso le ha pasado al PP en sólo dos semanas, pasando de acreedor de la Moncloa a deudor de la catástrofe.
El PP acepta la relación desigual entre el PSC y el PSOE
Era preciso distinguir a Mazón del PP. No hacerlo le ha costado a Feijóo poner en peligro su liderazgo y que su responsabilidad parezca debilidad. Su idea de un "primus inter pares", el modelo de la CEDA que ya fracasó en la II República, haced de los actuales caciques autonómicos duques y condes de frontera, jefecillos de estaditos liliputienses de tipo acondroplásico, con una cabeza enorme en sus ambiciones sobre un cuerpecillo desmedrado en sus capacidades. Y la catástrofe de Valencia ha convertido ese error estratégico y político en un gravísimo horror histórico.
El PP nacional hizo frente a esta crisis, desde el mismo día de la riada, exhibiendo una especie de liderazgo alternativo de Feijóo al de un Sánchez extraviado en Bollywood. Pero al segundo día, estaba claro sobre el terreno, o sea, sobre el fango, que ninguna autonomía tiene medios para hacer frente a una catástrofe de esa dimensión, de ahí que pidiera la ayuda del ejército. Si Mazón hubiera asumido esa política, la única inteligente y ajustada a la realidad, el peso de la responsabilidad hubiera caído sobre Sánchez y sus socios comunistas y separatistas. No lo hizo, y el Gobierno, mientras fingía con Marlaska un afán de colaboración, que era sólo el de endosarle a la autonomía la responsabilidad de la inacción del gobierno, tuvo tiempo de crear el famoso relato alternativo, que en la segunda semana desembocó en una manifestación catalanista llamando asesino a Mazón.
Suicida hubiera sido más justo. Porque sólo había una posibilidad de que las imágenes de Sánchez huyendo de Paiporta mientras los reyes aguantaban a pie firme la ira de los damnificados no le pasaran una factura inasumible: que Mazón demostrara tanto apego al cargo a cualquier precio como el marido de Begoña. Y eso es lo que ha pasado. La izquierda estatal no ha asumido su culpabilidad, al contrario, y se la ha endosado a Mazón, porque la derecha regional no ha sabido delimitar y asumir su responsabilidad. Dos veces lo intentó Feijóo, pero su empeño en mantener el poder regional lo convirtió en una suerte de abogado al que el cliente no hace caso. Después de su interminable y gaseoso discurso, sigue sin llamar al Ejército, es decir, que sigue aferrado al guion letal que le hizo el PSOE.
La relación entre el PP valenciano y el nacional se ha convertido en un calco de la que tienen el PSC y el PSOE. El partido grande tiene que respaldar lo que haga el chico, pero al chico le da igual el coste que eso le suponga al grande. El PSC manda en el PSOE, pero el PSOE no manda en el PSC. Feijóo no logró que Mazón aceptara supeditarse al interés del PP nacional; y a Mazón le dio igual que su obcecación en seguir el plan del PSOE para destruir al PP valenciano perjudicara el liderazgo de Feijóo.
Moreno se pone de ejemplo frente a Mazón… y Feijóo
Y en ese momento se produjo el brote de botulismo sorayista en Andalucía: Juanma Moreno teatralizó ante los medios una supuesta superioridad de su gestión de la DANA andaluza sobre la de Mazón en la valenciana, y logró que esos medios, en especial El Mundo, la contasen así: Moreno hacía que el PP se resarciera del desastre de Mazón. Superaba su depresión mirando a Andalucía, o sea, que el futuro del PP, pasaba por él.
En realidad, la DANA andaluza era muy inferior en peligro a la de Valencia, se obviaba que personalidades técnicamente inferiores, pero de la envergadura política del alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, habían estado desde el principio avisando del peligro, y que el precedente de la catástrofe valenciana tenía a los ciudadanos más que dispuestos a obedecer las alarmas e indicaciones de las autoridades. Es decir, que, en realidad, Moreno hacía como que controlaba lo que nunca estuvo descontrolado, mientras Feijóo no controlaba ni el desastre ni a Mazón. Una obra maestra de propaganda, de las que el PP, salvo en Madrid, no acomete jamás.
En el entorno más cercano al presidente del PP la maniobra no ha sorprendido por su protagonista. Hace tiempo que se oye: "Al final, la única fiel a Feijóo es Isabel". Pero sí por su audacia y descaro, porque nunca ha estado, en el tiempo de presidencia de Feijóo, tan en duda su capacidad de controlar a los barones autonómicos, y nunca uno de ellos aprovechó una situación tan grave para debilitarlo en lugar de ayudarlo. En resumen, que la riada de Valencia no sólo se lleva por delante al PP valenciano, sino que debilita gravemente la alternativa de Gobierno de Feijóo.
Un desastre, cuyas consecuencias se harán visibles pronto. El espíritu de Soraya, siempre a los pies del PSOE, ha vuelto tras otro verano azul. Eso pasa por conciliar tanto con los maricomplejines.