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La corrupción sistémica del sanchismo

Ya no solo es la corrupción de haber pactado con los proetarras y con los golpistas catalanes, sino la corrupción en todas sus dimensiones políticas, morales y económicas.

La declaración judicial de Víctor de Aldama es consistente y debe contar con los elementos probatorios necesarios como para justificar su puesta en libertad a petición de la fiscalía. El aplomo mostrado tras abandonar la prisión es otro serio indicio sobre la veracidad de sus graves acusaciones. Aldama apunta directamente a Pedro Sánchez y a su esposa, así como a Ábalos y a medio Gobierno y no parece que sea sólo como una estrategia de defensa por elevación, pues de lo contrario continuaría en prisión preventiva por su presunta participación en la trama de los hidrocarburos, con un fraude de más de 182 millones en el pago de tributos.

La situación de Sánchez es cada vez más comprometida. No hay nadie de su entorno directo que no esté imputado. Su hermano está imputado. Su esposa está imputada. Quien fuera su mano derecha, José Luis Ábalos, en la operación para recuperar el mando en el PSOE, está imputado. Barrabés está imputado. Koldo García también está imputado y de las confesiones y revelaciones de Aldama en sede judicial cabe suponer que el siguiente en la lista de investigados será el mismo Pedro Sánchez aunque en esta España todo es posible, incluso que Sánchez salga de rositas.

Es pura ficción sostener que el presidente del Gobierno está al margen de los tratos de su esposa con Aldama, Hidalgo y compañía, que ignora los tejemanejes y el cobro de comisiones en la adquisición de material sanitario durante la pandemia o los pormenores del rescate de Air Europa y las andanzas de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez en España. Además, Aldama ha implicado a otros ministros como Fernando Grande-Marlaska, María Jesús Montero, Teresa Ribera, Víctor Ángel Torres, y exministros como el actual presidente de la Generalidad catalana Salvador Illa y al secretario de organización del partido, Santos Cerdán, en la corrupción sistémica del sanchismo. No se puede pasar por alto tampoco el hecho de que Aldama hablara de "cupos" regionales que afectaría a la estructura territorial del PSOE.

Con mucho menos material incriminatorio han caído presidentes, ministros e incluso gobiernos enteros, pero la justicia en España es tan garantista como lenta, lo que concede a Sánchez la posibilidad de maniobrar contra los jueces y los fiscales que se interponen en su camino y en el de sus allegados. Cuenta además con unos medios de comunicación a su entera disposición para demonizar a los jueces, anular a la oposición y estafar a las audiencias. Ha establecido ya algunos de los mecanismos bolivarianos que le pueden permitir superar las cargas de profundidad del testimonio de Aldama, pero de lo que no cabe ya duda alguna es de que está de fango y lo que no es fango hasta las cejas, que su entorno es pura corrupción y que los negocios alumbrados por el sanchismo son materia del Código Penal y que pasará a la historia como un presidente marcado por la corrupción en su familia, en su partido y en su Gobierno. Ya no solo es la corrupción de haber pactado con los proetarras y con los golpistas catalanes, sino la corrupción en todas sus dimensiones políticas, morales y económicas.

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