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¿Qué pretende?

No recuerdo, entre sus ideas, medida efectiva alguna para fomentar el empleo, para incrementar la productividad, para disminuir la cifra de parados.

No recuerdo, entre sus ideas, medida efectiva alguna para fomentar el empleo, para incrementar la productividad, para disminuir la cifra de parados.
Yolanda Díaz. | EFE

El interrogante del título es para suavizar su contenido, porque bien hubiera podido adoptar forma exclamativa; las razones para ello llevan siendo, desde tiempo, más que suficientes.

Tras aquel 13 de enero en que el presidente Sánchez la nombró ministra de Trabajo y Economía Social, conocidas sus ideas, sus propuestas –prácticamente todas fallidas– me inicié un período de preguntas sin respuestas, acerca de los objetivos políticos, económicos y sociales de la señora Díaz.

Lejos de atenuarse en el tiempo, han ido agravándose a medida que sus apariciones iban aumentando en número, aunque no en racionalidad. Recientemente, mi desorientación ha llegado al límite de lo tolerable, cuando parece haber olvidado que su cometido es el mercado de trabajo –no me gusta el término mercado, porque el trabajo es algo más que una mercancía, pero admítase para saber de qué hablamos–.

Tal ha sido la diversificación que su actividad política más reciente se ha derivado a la fiscalidad, con sugerencias –no cabe llamarlas ideas ni proyectos–, que no por rechazadas, usurpan menos parte del campo que es propio de la ministra de Hacienda; aunque, no he oído reparos de ésta, por lo que debo de suponer que ha habido complacencia.

¿Qué piensa el presidente de este tránsito en las responsabilidades? Realmente, no sé si piensa algo, porque debe estar absorbido por otros asuntos, considerando estos problemas menudencias que no requieren atención.

Siguiendo mi propósito de suavidad, me pregunto hoy, qué preocupa realmente a la señora Díaz, como ministra de Trabajo y Economía Social, en una España que se dispone a comenzar el año 2025.

Una España que alcanza la vergonzosa cifra de desempleo real próximo a los dos millones de parados. Porque los parados no son un simple dato estadístico, que como bien sabe se puede manipular, aunque la manipulación se rechace también por las fuentes estadística europeas [EUROSTAT].

No recuerdo, entre sus ideas, medida efectiva alguna para fomentar el empleo, para incrementar la productividad, para disminuir la cifra de parados, porque son muchos, muchísimos, los que querrían trabajar y no encuentran trabajo. Su preocupación visible es el SMI, en el cual pone tanto empeño como para jugarse el prestigio, si alguno, en la función que le es propia.

Es tal el disfrute de la señora Díaz subiendo el SMI que en los cinco años que va a cumplir desde su designación como ministra de Trabajo, el SMI ha acumulado un incremento del 54%.

Y, para animar a los empresarios, ya ha dicho que la próxima subida se hará "con o sin acuerdo" con el sector empresarial, porque al sindical ya les ha aumentado la subvención. ¡Diga que sí, que se note dónde hay autoridad!

¿Podrá la ministra dormir tranquila? ¿No le inquietan los trabajadores que quedarán en paro, pues, como en todo, al aumentar el precio disminuye la demanda –en este caso de trabajo– ni el cierre de empresas, por no poder afrontar los mayores costes?

No se tranquilice pensando que eso será en grandes empresas (las capitalistas), porque el problema es mayor en las pequeñas y en los trabajadores menos cualificados.

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