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Feijóo es un doble de cerveza servido hace veinte minutos

El líder de la oposición no estuvo mal sin estar del todo bien. Montero sufrió de lo lindo cuando le hurgaron en la herida de su jefe de gabinete.

El líder de la oposición no estuvo mal sin estar del todo bien. Montero sufrió de lo lindo cuando le hurgaron en la herida de su jefe de gabinete.
Feijóo, durante su intervención en la sesión control al Gobierno que se celebra este miércoles en el Congreso. | EFE

Toda la sesión de control de este miércoles cabe en dos daguerrotipos, en dos fogonazos de comunicación no verbal: la mirada larga y reptiliana, guarnicionada con una sonrisa letal, de Sánchez a Feijóo al rematar su segunda réplica, y la coreografía manual iracunda e incontenible –¿por desesperada?–, aliñada con un tartamudeo timorato, apenas perceptible, pero manifiesto al fin y al cabo, que María Jesús Montero empleó mientras defendía a su jefe de gabinete, Carlos Moreno, cuando respondía a la diputada popular Patricia Rodríguez. Recordemos que el empresario declaró en el Supremo que el escudero político de la viseprecidenta le "pidió oportunidades de inmuebles para adquirir con su pareja".

Alberto Núñez Feijóo no estuvo mal sin estar del todo bien. La intervención del genovés alfa supo como un doble de cerveza servido hace veinte minutos. Su "cuánto más nos va a costar que usted (Sánchez) siga en el Palacio de la Moncloa" no fue atendido por un presidente que se limitó, también con la puigdemontonera Míriam Nogueras, a contestar a las preguntas estampadas en el orden del día, pasando de las que salían de las boquitas de sus señorías. Este qué no es, en absoluto, nuevo en el hemiciclo, pero el cómo tenebroso y sulfúrico que utiliza el marido de Begoña es inigualable.

Dos días después del funeral por las víctimas de la DANA en la catedral de Valencia, y a las pocas horas de la enésima invocación gubernamental y pornográfica de Franco, Feijóo atacó con una pistola de bolas pudiendo haber empleado un AK-47. Ofreció en bandeja el titular al restregarle a Sánchez que, "en su mesa de Navidad, se sentarán al menos dos imputados", pero azuzó en vano a Junts, perro ladrador y zumbado mas, al final, mascota obediente del Ejecutivo: "Señora Nogueras, claro que Sánchez no es de fiar, claro que les ha engañado, claro que les va a seguir engañando, se lo he dicho hace mucho tiempo". El presidente del PP le exigió al egregio líder socialista que "deje de comprar el poder con la dignidad y el dinero de los españoles" y profetizó que "ni el independentismo les perdonará sus mentiras, ni los jueces les perdonarán sus delitos". En fin, tendrá su público.

Sánchez, impasible, le quiso ridiculizar tratándolo como a un niño tonto: "No ha tenido su día hoy, le veo un poco flojo". El presidente le despreció con un argumento blandiblú e infantil: "Lo que me pregunta el señor Feijóo es '¿a quién escucho como presidente?', si creo que gobernar consiste 'en vivir mejor en la Moncloa'… ¿De verdad esta es la política para adultos que iba a traer de Galicia?". Al concluir, mientras tomaba asiento y bajaba el micro, centró su mirada en Feijóo, una mirada fija, prolongada, depredadora, como la de un leopardo al acecho, y expuso una sonrisa oscura y carnívora, como la de un cocodrilo de ébano, conformando un rostro como patrocinado por Thanos y Norman Bates. En esa mirada estaba todo un personaje. Más de uno tragó saliva.

Acto seguido, la valida parlamentaria de Puigdemont prolongó esa impostada dramaturgia –con la que, de manera recurrente, tiene sueños húmedos la derecha Chanquete de que hará caer al Gobierno: "Nos plantamos porque es nuestra responsabilidad defender a Cataluña ante un gobierno que no lo hace". Sánchez pasó de ella. Cuca Gamarra, a Montero: "La corrupción se aproxima a usted peligrosamente. Está usted a punto de quemarse. ¿Por qué su jefe de gabinete se reunió con Aldama, al menos, cuatro ocasiones? ¿Puede garantizar que Aldama no recibió favores y que su jefe de gabinete no recibió ninguna contraprestación? ¿Nos dirá, como con los ERE, que no se enteró de nada?". La visepreci recurrió al manoseado estribillo de los "bulos y mentiras" y, en una pirueta inexplicable, saltó: "¿Le parece que el Senado albergue, de la mano del señor Mayor Oreja, un cónclave en donde lo que se hizo fue negar a la ciencia?".

A Patricia Rodríguez se la dejó botando: "A este cónclave, el PSOE votó sí y figura en las actas, no diga mentiras". La popular le preguntó a la ministra de Hacienda "de quién recibe órdenes su jefe de gabinete", y ésta, como una lavadora vieja centrifugando, defendió "la honorabilidad, la profesionalidad, el compromiso de Carlos Moreno, mi director de gabinete, y, al igual que yo, lo defiende la mayoría de los grupos parlamentarios de esta cámara". En el hemiciclo, entonces, cantó un grillo. La del PP, al instante, marcó uno de los goles de la jornada: "Con el plan de vivienda de la corrupción del PSOE, ya sabe: chalé de verano para las amigas, piso en la Castellana para Ábalos, piso también para su hijo, otro también para encuentros de diversa índole para Ángel Víctor Torres y un piso de lujo para su director de gabinete". Y Montero, histriónica y zaza, acusó al PP de ser "portavoz de los delincuentes confesos, llámese señor Aldama o la pareja de la señora Ayuso". Se le vio bastante jodida a la señora.

Por su parte, Jaime de Olano colmó con pétalos de rosa la bienvenida a Sara Aagesen a la mesnada sanchista de ministros: "Se ha incorporado a un Gobierno para el cual el narcotirano Maduro es un demócrata (…), para el que la prensa libre y los jueces son los enemigos (…), con un presidente más preocupado por un dictador muerto hace 50 años que por las más de 220 víctimas de la riada de Valencia del pasado mes". El diputado popular también le avisó de que es sabido que, desde que la heredera de Ribera "se incorporó al ministerio, su familia más directa ha recibido casi dos contratos públicos por mes. Ya son más de cien contratos. Eso sí que es economía circular y familiar". "Creo", continuó, "que cumple con los estándares éticos de este Gobierno y con el anterior de Sánchez, pero no con los de ningún otro gobierno de la democracia. ¿Usted qué cree?". La ministra de la Pachamama, con serios problemas para desenvolverse: "No merece la pena gastar el tiempo para responder a falsedades".

Además, Miguel Tellado preguntó a Bolaños si pone "la mano en el fuego" por Cerdán, Ábalos, el jefe de gabinete de Montero o Ángel Víctor Torres, "o Víctor Ángel Torres, alias Rudolf en la trama". El ministro trinitario, circunspecto: "Me ha preguntado el portavoz de un delincuente confeso. Comprenda la gravedad de lo que usted hace". El portavoz del Grupo Popular en el Congreso, venga a hurgar: "Nos ha quedado claro: usted no pone la mano en el fuego por ninguno de ellos, porque usted acabaría con quemaduras de tercer grado". La respuesta del socialista, previsible: "Prudencia. Si quiere hablar de corrupción, escriba la historia del PP". Más de un periodista se dio raudo el piro porque, a las 12:30, se sirve la copa de Navidad en Moncloa. ¡Alcohol gratis! Cualquiera se resiste.

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