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Sánchez siempre está a punto de caer

Franco también estaba siempre a punto de caer. Al extremo de que se pasó cuarenta años así, a punto de caer durante todo el rato.

Franco también estaba siempre a punto de caer. Al extremo de que se pasó cuarenta años así, a punto de caer durante todo el rato.
Pedro Sánchez. | Europa Press

Esta semana, como sabrá el lector, Sánchez ha estado a punto de caer. Yo ya he perdido la cuenta del número de ocasiones en las que Sánchez estuvo a punto de caer. Más de diez, seguro. Tal vez quince o dieciséis. Y todas las veces con absoluta seguridad, además. De hecho, lo raro sería que Sánchez no estuviese muy a punto de caer en algún momento. A mí, Sánchez me recuerda mucho al general Franco por eso mismo. Pues, como recordarán las contadas docenas de verdaderos militantes antifranquistas que todavía queden vivos, Franco también estaba siempre a punto de caer. Al extremo de que se pasó cuarenta años así, a punto de caer durante todo el rato. Y si no hubiera sido porque en 1975 cayó enfermo en la cama, estoy seguro de que todavía a estas horas seguiría a punto de caer.

Uno escucha las tertulias y concluye de modo indubitado que a Sánchez solo resta administrarle la extremaunción. Tan inminente y perentoria se antoja su fatal caída definitiva. Pero a la mañana siguiente, como la lucecita del Pardo hasta el advenimiento del hecho biológico, resulta que Sánchez sigue ahí. A lo tonto, Sánchez lleva siete años cayendo todos los días. Y a mí no me extrañaría demasiado que siguiera cayendo durante otros siete. Como mínimo. Los del PP, que son un poco vagos, confían que a Sánchez lo harán caer entre los jueces, los periodistas y Puigdemont.

Pero Puigdemont, que es el único que de verdad dispone del botón nuclear, resulta más que evidente que no está ni ha estado nunca por la labor. Así las cosas, tengo para mí que únicamente la izquierda sociológica va a resultar capaz en algún momento de provocar la caída de Sánchez. Y por la vía de la abstención electoral. A Franco sólo le hizo caer una tromboflebitis aguda, no aquella raquítica oposición democrática que encabezaban los eurocomunistas descafeinados del PCE. Y a Sánchez lo echarán los jóvenes de izquierdas que estudiaron dos carreras, inglés intensivo y un doctorado para cobrar luego el SMI. Al tiempo.

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