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Bellaca sois, Gómez

Vaya, el juez parece que no era tan "político" ni está vendido a la oposición, sino que sencillamente instruía un caso escandaloso

Vaya, el juez parece que no era tan "político" ni está vendido a la oposición, sino que sencillamente instruía un caso escandaloso
Pedro Sánchez, Begoña Gómez y María Jesús Montero en el 41º Congreso Federal del PSOE | Europa Press

Bellaco sois Gómez es el título de una comedia atribuida a Tirso de Molina, en la que un Gómez Dávalos (lo de que concuerde con Ábalos es mera coincidencia), que, en realidad, era una mujer, se disfraza de hombre, de mujer e incluso de alma en pena para conseguir sus justos fines como era agradar y recuperar a su marido.

En el futuro, los psicólogos dirán si los fines secretos de Begoña Gómez han sido complacer o estar a la altura de su marido o contentarlo. Lo cierto es que en esta otra comedia tan poco divertida que podría titularse Bellaca sois, Gómez también hay disfraces de otro tipo para conseguir fines quizá mucho menos nobles.

Me centraré en tres. El primero es el que pretende enmascarar la realidad contundente de que la esposa de un presidente del gobierno de España era, cuando se conocieron y se ennoviaron, la pagadora de las saunas-puticlubs de su familia, según testigos presenciales directos. Desdora, cómo no, la figura de la primera Dama, de su marido, del feminismo que dice defender y del Partido Socialista. Vamos, que es un escándalo descomunal sobre el que correr un espeso velo fue menester.

El segundo se refiere a la asombrosa circunstancia de que una joven con dinero bastante no hubiera avanzado en los estudios hasta el punto de que ni se tiene constancia de que hubiera terminado el Bachillerato. Se sabe, eso sí, que no hizo la Selectividad ni cursó carrera universitaria alguna. No tendría por qué, pero está claro que este bajo nivel académico parece causar un menoscabo en el crédito presidencial. Incomoda, fastidia, perturba. Ergo, a taparlo.

El tercero tiene que ver con los trapicheos orquestales en la oscuridad con los dineros y la administración de influencias a partir de la posición alcanzada por el marido, Pedro Sánchez. Había que impedir que el público se diera cuenta de que en realidad se estaba hablando de euros y de cuantos. Pero su condición de "pichona", a saber qué significa de verdad (mejor no leer a Cela sobre el particular), precisaba un encubrimiento.

El primer disfraz fue el silencio sepulcral sobre antecedentes y consecuentes. Lo sabían algunos, como el ex comisario Villarejo, el gobierno de Rajoy y seguramente algunos del PSOE, pero hasta 2021 ni una palabra. Hasta entonces, bastó con una leve mascarilla de feminismo -exhibida en 2020 el Día de la Mujer, en plena pandemia, aquella que se negó con engaño, para contener a los demonios que acechaban desde las sexaunas.

El siguiente embozo ya fue de envergadura. Se trataba de elevar el bajo nivel de la formación oficial de Begoña mediante una burda operación con la Universidad Complutense. Como convertirla en catedrática resultaba imposible, se trató de hacerla directora de una Cátedra. De ese modo, la penosa realidad académica quedaría transmutada a los ojos de los propios y los ajenos en un alto postín universitario. Tacones cercanos para aparentar la altura deseada.

La última careta que consideramos es la que ha pretendido ocultar que la supuesta voluntad y calidad emprendedora de Begoña Gómez no era otra cosa, si le quitamos todo lo que la vestía de gala, Resines lo interpreta mejor en su anuncio, que el viejo y despreciable tráfico de influencias unido al amiguismo más execrable en una sociedad democrática en la que deberían regir el Derecho y la igualdad. Pero presentado como bulo de hideputas plumillas y pérfidos jueces, a lo mejor colaba.

Dándose cuenta el coreógrafo de La Moncloa de que los antifaces ya no eran suficientes, se agarró a Gaza, a la flotilla de siempre Hamás manque mate o viole, a Trump, a Netanyahu, al genocidio y al Pedro Nóbel de la Paz. La que está cayendo sobre su hermano, sobre sus ex secretarios generales, sobre su Fiscal pues eso y ya está y muy especialmente sobre su Gómez, Begoña, exigía.

Tan enfrascado estaba en el numerito antisemita que no vio venir al denostado Trump que, en pocas horas, ha dejado de ser el instigador de la estrategia de exterminio del judío Bibi para convertirse en el promotor de un acuerdo de paz que aceptan muchos países árabes, casi todos los países europeos y casi todo el mundo, salvo Hamás y ya lo veremos. ¿Y ahora? Pues que le han birlado el Pedro Nobel y ha quedado con el culo al aire.

Por si fuera poco, su DANA política no había sino empezado. Ayer se hicieron públicos dos informes que han desmoronado toda defensa posible, la moral y la judicial, de su esposa. La judicial, porque ha quedado más que claro que usó dineros públicos y empleados públicos para sus negocios privados. Y, además, la propia Hacienda Pública ha desvelado a la Fiscalía Europea que en sus negocios ha habido irregularidades evidentes. O sea, que Begoña nos ha mentido, al juez y a todos. Ah, la moral de la mujer del César.

Vaya, el juez parece que no era tan "político" ni está vendido a la oposición, sino que sencillamente instruía un caso escandaloso. Vaya, parece que no eran bulos los extendidos por los periodistas canallas y otras víboras. Vaya, parece que la esposa no era tan inocente ni tan "pichona", si es que eso significa, cariñosamente, simple o ingenua. La película ya no es la que era. Ahora, si hay que llamarla de algún modo, se titula Begoña al desnudo.

Hay quien no descarta que en algún momento Pedro Sánchez salga al escenario y exclame con voz rota y cara de luto desenamorado: "Bellaca sois, Gómez". Ya se sabe que, en este caso, sólo puede quedar uno. O ninguno. O sea.

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