
Acudió Sánchez este jueves al Senado para comparecer ante la comisión que investiga el caso Koldo, y al hombre se le vio feliz. El portavoz adjunto del PSOE en la Cámara Alta, Alfonso Gil, hablaba de "comisión de la crucifixión". Nada más lejos de la realidad. Al presidente del Gobierno sólo le hizo cosquillas, y a primera hora, la senadora de UPN, María Mar Caballero, quien le arrancó el único titular verdaderamente noticiable: "En alguna ocasión he podido liquidar en efectivo del partido como secretario general". Punto. El voxero Ángel Pelayo Gordillo se largó de vacío; el voluntarioso popular Alejo Miranda de Larra, desbordado. ¿Financiación ilegal en Ferraz? Pero Génova. ¿Vivía David Sánchez en Elvas? Pero Alberto Quirón. Y así.
"Comisión de la crucifixión", decía el vasco Gil. Los socios del Gobierno se dejaron el alma intentando convertir la Sala Clara Campoamor en un spa para el líder del Ejecutivo. La competición de los pelotas se la llevó de calle Enric Morera, de Compromís, quien celebró que Sánchez haya "comparecido aquí antes que Mazón" y denunció que "escuadrones nazis fascistas le agredieron a usted en Paiporta". Carla Antonelli, senadora de esa especie en extinción que responde al nombre de Sumar, rellenó su solicitud de reingreso al PSOE defendiendo a Begoña Gómez de los tránsfobos y celebrando que "queda Gobierno de coalición para rato". Uxue Barkos, de Geroa Bai, recibió el premio de consolación atizando a UPN: "Han utilizado el fango para manchar el nombre de mi comunidad y sus instituciones". Si esto es un Gólgota…
El yerno de Sabiniano tildó a la comisión de "circo" –varias veces–, de "comisión de difamación" y de "comisión de la frustración", exasperando al presidente de la misma, el popular Eloy Suárez, quien llegó a decir: "Serán retiradas estas palabras del diario de sesiones". El voxero Gordillo se rebeló: "Ruego que consten. ¿Qué dice usted –dirigiéndose a Sánchez–? ¿Es el respeto que tiene a las Cortes Generales?". "El respeto a esta institución", le respondió el jefe del Ejecutivo, "debería empezar por uno mismo".
Fue Sánchez quien, disfrutón, impertérrito y mercúreo, hizo del Senado un circo. Recurriendo al chiste y al escapismo. Miranda de Larra le preguntaba por Delcy, y el presidente, a lo Vinícius, se marcaba un regate imposible: "Veo a senadores del PP haciendo fotos. No sé si entra en el reglamento. En el Congreso de los Diputados, eso no sucede". María Mar Caballero: "En el Peugeot, ¿cuántos iban?". El presidente: "Pues, señoría, depende del día". Y se descojonó.
Alejo Miranda de Larra arrancó bien, pero acabó superado: "Soy una víctima del covid. Hace exactamente cinco años, en octubre de 2020, estaba en una UCI, sedado, intubado y conectado a un respirador que respiraba por mí. (…) Me gustaría que hoy, cuando me mire y cuando responda sobre su corrupción, se acuerde de que algunas personas agonizábamos en la UCI mientras su número dos, su asesor y su número tres estaban intentando hacerse de oro. ¿Se avergüenza de Ábalos, de Koldo y de Cerdán?". Fue la primera de las muchas preguntas que Sánchez no le contestó. En su lugar, el presidente cargó contra Ayuso y contra el Senado. Brotaron los gritos, prendió la bronca, y Sánchez gozaba. El popular lo intentaba, se desesperaba y sudaba; mientras, el socialista se relamía: "Entiendo la frustración y la desesperación…".
Varios senadores reclamaron elecciones. "Lo que quieran los españoles", le repitió Sánchez a Caballero, "lo decidirán en las urnas". "Pues deje a los españoles que decidan en las urnas", le replicó la senadora de UPN. No tiene intención de hacerlo hasta 2027. Es de lo poco que sabe y le consta…, aunque, dadas las circunstancias, cualquiera sabe.
