
Señores, vayan achinando los ojos. El Gobierno de Sánchez es el Gobierno de Zapatero. A veces se nos olvida. El milagroso giro chino del sanchismo no es otro que el milagroso giro chino de Zapatero. Fundó en 2022 el Gate Center con el empresario Fangyong Du, con línea directa con los servicios de inteligencia del PCCh, para promover lazos desde Madrid entre China y España, lo que traducido del chino al leonés significa promover lazos entre el bolsillo del expresidente y China. Un simple vistazo a su actividad económica oriental de los últimos años confirma el éxito de la operación. No obstante, cuando juegas con el PCCh, nada es gratis. Y Zapatero, aunque ahora sea rico, nunca ha sido el lápiz más afilado del estuche.
Una de las peores consecuencias es la reciente visita del Rey, a quien La Moncloa, es decir, Zapatero, forzó incluso a participar bochornosamente en la ofrenda de Tiananmen por vez primera, rindiendo pleitesía ante el Monumento a los Héroes del Pueblo y el Mausoleo de Mao Zedong. Eso explica que los voceros oficiales del PCCh hayan sido capaces de editorializar con frases que avergüenzan a cualquier español, como "¡Los tiempos han cambiado! El rey de España visitará China, convirtiéndose así en el primer país en cambiar de alianza y reconocer la fuerza y el estatus de China" o esa otra nota oficial que se refiere a España como "la China de Europa".
Los altavoces del PCCh coinciden, a través de sus analistas, en interpretar el reposicionamiento sanchista como el entierro de la antigua alianza atlántica española, un corte de mangas a Trump, y tratan a España como un nuevo súbdito de Xi Jimping en el corazón del Viejo Continente. La capacidad destructora de poner a un incompetente al mando es una nación es insondable.
Hay que aclarar que, como todo en el sanchismo, ni siquiera esto responde a un sesudo plan estratégico en política internacional, ni a la búsqueda de un nuevo caladero de inversores para España, que, aunque errático, podría tener su lógica perversa, sino que responde solo a los intereses personales de Sánchez-Zapatero. A ambos les unen dos anhelos entrelazados: el de León quiere seguir ganando dinero, mientras que el del Falcon necesita garantías de que nunca terminará en prisión. Para ambas cosas, es requisito fundamental que Pedro Sánchez siga en La Moncloa a cualquier precio. Todo lo que han hecho para lograrlo es convertir su interés particular en un interés estratégico del gigante chino, que resulta un poco más solvente que contar con el apoyo de Venezuela e Irán, por citar a dos de nuestros, ejem, nuevos amigos.
Cuando Sánchez salga por la puerta de atrás de lo peor de la historia de España, quienes aterricen en La Moncloa van a tener que enfrentarse también a esto. Nuestras amistades diplomáticas que se han forjado durante siglos ya no existen, y los nuevos socios de España son todos aquellos países a los que las naciones decentes consideran simplemente "el mal". Las consecuencias de dar la espalda a Estados Unidos para abrazarse con China son tantas y de tal gravedad, que necesitaríamos cien artículos para abordarlas, pero puedes hacerte una idea de lo que se nos viene encima.
Sin embargo, disculpa mi optimismo, creo que el movimiento es demasiado temerario incluso para Sánchez. Olvida el presidente que esta nación que ilegítimamente representa por el mundo adelante está formada por españoles, uno a uno, que reniegan de este matrimonio con el PCCh, que desaprueban las estúpidas afrentas a nuestro aliado norteamericano, y que además desprecian profundamente el trato vejatorio e inéditamente desleal que Sánchez está dando al Rey de España.
Como juega con el dinero de otros, Sánchez siempre apuesta a lo más alto, sintiéndose muy cómodo en el papel de lunático que proyecta. Hasta el momento ha tenido demasiada suerte. Pero apuesto a que no saldrá indemne tras jugar con el fuego del diablo chino. Sencillamente porque España nunca será la China comunista de Europa. Y porque no es buena idea pasarse de listo con los del PCCh.
