
Lo primero es que la brillante operación militar no es tal. Los estadounidenses contaron con la ayuda y la información de alguien del Gobierno venezolano, seguramente la de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, que es la que más se ha beneficiado. Y con ella, debió de estar en el ajo su hermano, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea. El que el ejército haya permanecido impasible mientras fuerzas extranjeras bombardeaban el país y capturaban al jefe del Estado, sugiere que se contó también con la colaboración del ministro de Defensa, Vladimiro Padrino López. Sí pareció sorprendido el ministro del Interior, Diosdado Cabello, que al parecer corrió a esconderse apenas escuchó los rotores de los helicópteros norteamericanos.
Antes, tuvo que haber una negociación entre Trump y Delcy Rodríguez. Y muy bien podría haber sido ésta impulsada por José Luis Rodríguez Zapatero y sus amigos venezolanos exiliados en Madrid, miembros tibios de la oposición y renegados del chavismo. En septiembre se publicó que nuestro ex presidente apadrinaba una solución "sin" Maduro a cambio de cierto grado de tolerancia hacia el régimen por parte de Washington. A tal efecto hubo algunas reuniones discretas en el Hotel Santo Mauro. Incluso es posible que la recompensa por Maduro pasara de 25 a 50 millones de dólares a consecuencia precisamente de esas negociaciones.
Por otra parte, la espectacular operación de extracción protagonizada por el ejército de los Estados Unidos cuando sacó a María Corina Machado de Venezuela para que pudiera ir a recoger su Nobel de la Paz, tampoco fue tal. Ahora podemos sospechar que las mismas facilidades que se dieron para la captura de Maduro se dieron también para la marcha de la brava opositora. Es evidente que, con Machado dentro del país, no le habría sido tan fácil al ejército mantener la tranquilidad en todo el territorio.
Es obvio, por último, que lo que está haciendo el chavismo es lo de siempre, ganar tiempo. Ya lo hizo con las elecciones presidenciales. Estuvieron años negociando para luego, cuando al fin se celebraron aquéllas en julio de 2024, dar un grosero pucherazo. En esa farsa consistente en la eterna dilatación de la prometida solución democrática para el país, una y mil veces postergada, colaboró intensamente el socialismo español. No sólo ayudaron Zapatero y Sánchez, sino también Josep Borrell, desde su puesto clave de jefe de la diplomacia europea. Todos se fajaron en dar credibilidad a las evidentemente falsas intenciones de Maduro. Hasta que la tramoya se vino finalmente abajo.
Ahora, todo indica que Delcy Rodríguez y su príncipe, como ella lo llama, el infame Zapatero, hacen lo mismo. Prometen un Gobierno de transición, grandes concesiones petrolíferas a cambio del levantamiento de las sanciones y, para ganarse la confianza de los norteamericanos, le arrojan ese gran hueso con bigote que es Maduro. Y la democracia queda pospuesta ad calendas graecas. Cuando a los norteamericanos se les vuelva a agotar la paciencia, si es que no se conforman con el petróleo, ya veremos. Y, mientras, Delcy gobernando y Zapatero medrando. Y tal vez repartiéndose los dos a medias la recompensa.
