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Pedro de Gaza y Miraflores

Un presidente que apenas puede serlo de su país pretende erigirse en líder mundial para escapar de su cerco. ¿Lo conocen bien ahí fuera? Hay que ayudarle.

Un presidente que apenas puede serlo de su país pretende erigirse en líder mundial para escapar de su cerco. ¿Lo conocen bien ahí fuera? Hay que ayudarle.
Pedro Sánchez durante la rueda de prensa en París, tras participar en la reunión de la Coalición de Voluntarios por Ucrania. | EFE

Pedro Sánchez siempre está donde no debería y jamás se le encontrará donde sería su obligación estar. Es como la antítesis del sentido común y de la vergüenza arrastrando a todo un país como España al vacío de su destino.

A todos se nos ocurre el lugar exacto en el que tendría que estar este presidente del Gobierno, pero todavía no ha llegado ese momento procesal y hay que centrarse en denunciar debidamente las bombas de humo tras las que pretende huir cada día.

Fue el primero en reconocer el Estado palestino sin entrar en más detalles que su vacía declaración. Para que el mundo girara el cuello hacia él, envió buques de la Armada como escolta a una flotilla pro-Hamás, proterrorista, que pretendía entrar en aguas territoriales de Israel sin una misión definida, es decir, como amenaza directa a un estado. El buque de guerra Furor se envió sin consulta alguna a las Cortes. Ahora dice que propondrá al Congreso el envío de "tropas de paz a Palestina". Como si eso fuera posible sin que Israel lo tomara ya como el desafío definitivo del impertinente socialista español.

Da igual, el escándalo le permite avanzar entre sombras. Y si en la Pascua Militar tiene que dejar tirado al Rey con la excusa de que es imprescindible su presencia en París en la Coalición de Voluntarios para Ucrania… pues mejor.

Como era de esperar, es uno de los primeros en criticar abiertamente y empleando lenguaje de justicia universal garzonita (otro al que le llegará algún día la cuenta) la operación de Trump en Venezuela como algo del todo intolerable. Una muesca más en la culata de juguete de este cobarde que siempre ha mendigado un saludo del presidente americano y que no tuvo el coraje de negarle a la cara el aumento de gasto en Defensa que le exigió.

Un presidente que apenas puede serlo de su país, pues necesita a siete partidos de la peor extracción para sostenerse, pretende erigirse en líder mundial para escapar de su cerco. ¿Lo conocen bien ahí fuera? Hay que esforzarse en ayudarle.

En Kiev, en Gaza y en Caracas deben saber que ese figurín demacrado que les habla llegó a su partido a través de un sistema amañado de elecciones primarias que usaba las urnas como quien reparte caramelos y que los amigos íntimos que le ayudaron en ese y otros fraudes ya saben lo que es la prisión.

O que su esposa regentaba saunas y burdeles de su padre, suegro del presidente, en los que, según algunos policías que lo usaban para gestionar informaciones sensibles y también según exempleados, se incluía sexo con menores. Era un negocio, vivieron de ello.

O que todos los españoles hemos estado costeando la afición de este PSOE por el sexo de pago, la colocación de prostitutas preferidas en empresas públicas y toda una red de negocios privados de amigos íntimos del presidente que de pronto dejaron de serlo.

Y hasta convendría apuntar que todo lo anterior, dentro de su enorme gravedad, es casi anecdótico ante la trama que supone el rescate pactado y comisionado de líneas aéreas con escala en Caracas o la compra irregular, pero igualmente comisionada, de mascarillas en plena pandemia, con muertos a miles por día. Para los muy cafeteros dejaríamos ya capítulos como la colocación del hermano del presidente, que hasta aparcaba gratis en La Moncloa y sólo sabía que no sabía nada pero que él lo valía y por eso lo cobraba.

El curriculum verdadero de Pedro Sánchez daría para unas Memorias por entregas que serían un auténtico superventas. Ojalá algún día las escriba él mismo, cosa impensable porque nada de lo publicado que figura a su nombre es creación suya, desde algún lugar seguro para él y para los demás.

La Liga de los Cobardes

El resto de la izquierda, sobre todo el comunismo podemita, llámese como se llame en cada amanecer, salió a protestar contra la extracción de Maduro, o sea, siempre a favor del chavismo asesino, y todavía se les notaban las marcas de las gafas de esquiar en la cara. Irene y Pablo, comunistas de forfait sin pasar por Siberia. Todos ellos, por más que se odien entre sí, ayudarán a Sánchez con todo el humo posible en Venezuela, en Gaza o allí donde haga falta una escandalosa barricada que oculte el fracaso de su sistema, tan rentable para ellos, tan letal para el resto. Si cae Pedro no es buena noticia para su causa.

Y mientras, en el mundo real, mujeres de Irán arriesgan sus vidas con una campaña verdadera en la que se muestran encendiendo cigarrillos usando fotos ardiendo de Alí Jamenei. ¡Cuánta simbología en una sola imagen! Compárese con los rostros torpemente tostados al sol de los marqueses de Galapagar. Con el silencio absoluto de las feministas de carné, del "mundo de la cultura" y del resto de cobardes que tienen asignadas cantidades recurrentes en el BOE.

¿Irán, un problema para nuestros pijos revolucionarios? Si financiaba los proyectos televisivos del bolivariano Pablo Iglesias. Si tapaban el escote de Beatriz Talegón porque "tía, el patrocinador…". Si es el polvorín de Hezbolá, primo de Zumosol de los colegas de Hamás. Si el dinero, el petróleo, los espías y las armas fluyen entre Teherán y Caracas que es un escándalo. Si es que no tienen vergüenza ni coraje alguno. Irán y Venezuela son inseparables y eso ahora viene muy bien para dejar que ellos mismos se muestren al mundo tal como son.

Detrás del ruido irán apareciendo los hechos. Donald Trump es capaz de pronunciar un discurso irritante para no hacer nada nuevo o de cambiar el curso de un país sin avisar, pero lo que está claro es que la entrada en Venezuela, además de una ventana para la libertad, nos puede traer muchas explicaciones a esos asuntos que el PSOE y su fauna gubernamental pretender pasar por pasados y cerrados.

De momento, José Luis Rodríguez Zapatero ya no es el mismo y el mundo entero tiene ahora la oportunidad de conocerlo. ¿Quería dimensión mundial? La va a tener de veras. Y cuando "mi prínsipe" tenga que explicar lo del aeropuerto de Barajas y las maletas de Delcy Rodríguez —todavía no conocemos el verdadero rol de esta sabandija y su hermano en la operación Trump—, ya no estarán los hermanos Trinidad (Koldo y Ábalos) para cubrirle la salida.

Y cuando al cuentanubes de ojitos claros se le atragante alguna diligencia, pregunta o noticia sobre Hugo El Pollo Carvajal y sus reuniones en España, quizá hasta Pedro le niegue tres veces y ni los montes de El Pardo le protejan.

El delicado sistema de lealtades se ha venido abajo, colapsado en arrabales y burdeles, quemado en comisiones y pasado por el trullo. Ya nadie vela más que por sí mismo.

Sánchez y Zapatero empiezan a estar muy solos ante el peligro. Ni Trump, ni Gaza ni tropas. El cerco se estrecha definitivamente.

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