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Rigor mortis sinistrae politicae

Los llorones de esta izquierda muerta no han derramado en años una lágrima por la democracia en Venezuela.

A pesar de los muchos años que tuve el Latín como asignatura, creo que cinco, dos de ellos universitarios y aunque tuve un padre que hablaba en Latín (llegó hasta el diaconato en su juventud), no me desenvuelvo bien con esta lengua. El título que he elegido para esta pieza espero sea correcto, aunque no estoy seguro. De lo que sí tengo una clara conciencia es de la consistencia de lo que quiere decir. El único rigor que la izquierda española (y otras) expone ya es el rigor mortis, el suyo propio.

Mezclo deliberadamente dos sentidos de la palabra rigor, el de ajustarse a la verdad de los hechos, el rigor intelectual y moral, y el de rigidez cadavérica, ya imposible de eludir tras haber muerto. Defiendo por ello que la izquierda española está muy muerta y de ahí su incapacidad de darse cuenta del fin de su propaganda. Sostengo además que ya no es capaz siquiera de vestir sus muñecos con un ropaje instruido que le permita, siquiera, jugar al doble lenguaje y al doble sentido.

Pongamos un primer ejemplo: Venezuela. No es nada nuevo que nuestra izquierda haya defendido dictaduras. El PSOE colaboró con la de Primo de Rivera y el PCE defendió la soviética durante la Guerra Civil y dos décadas más hasta que el informe de Nikita Jrushchov aireó la barbarie estalinista. A pesar de todo, recuérdese cómo autores como Juan Benet atacaron a Aleksander Solzhenitsyn cuando expuso en España los horrores del Archipiélago Gulag, muchísimo peores que los de toda la dictadura franquista en su historia, en número y en crímenes.

Durante muchos años, mucha gente, tanto de izquierda como "centristas" moderados, así como cristianos e incluso liberales de salón, se negaron a condenar tamaña falta de rigor intelectual y moral por no contribuir al desarrollo del "sistema", esa "gran cosa mala" en la que se condensaban todas las pesadillas ideológicas de unas y de otros sin que nadie sepa muy bien a qué se refieren.

Y coló durante mucho demasiado tiempo. Se justificaron los asesinatos de los Castro en Cuba – Cuba, ese modelo que durante casi 70 años no ha dejado de matar -, del Che exportando terrorismos, de las hambrunas y las ejecuciones de la China de Mao y la de ahora, del Vietnam comunista, de la Corea fanática y cómo no, para abreviar, las masacres inhumanas de los jemeres rojos en Camboya, dos millones de personas aniquiladas. Del silencio islamo-comunista sobre la represión sobre los iraníes, especialmente sus mujeres, ni palabra

Y se ha seguido haciendo impunemente, con ETA reciclada ya por Zapatero Sánchez como "fuerza democrática" (¡qué libertad la del tiro en la nuca de los demás!), hasta ahora. Pero esta vez, y ya era hora, su falta de rigor intelectual y moral, ha quedado en evidencia. Mientras Trump le hacía caso al padre Vitoria ejercitando el derecho de la gente frente al tirano, los llorones de esta izquierda muerta no han derramado en años una lágrima por la democracia en Venezuela ni por los torturados en el Helicoide, ni por la emigración masiva de hambrientos y disidentes. Merecido castigo a los gusanos, los fachas y los imperialistas.

Ahora, cuando el propio régimen dictatorial bolivariano se somete a la prueba del nueve con la liberación de unos pocos presos políticos, se sabe con certeza ya indisimulable que lo que ha ocurrido en Venezuela desde hace un cuarto de siglo es la imposición de una ideología comunista a base de ejecuciones y torturas, como siempre. Pero ya no se puede negar salvo incurrir en una falta de rigor asqueante hasta para los más forofos y crédulos.

Segundo ejemplo, el "llamado principio de ordinalidad" de la financiación autonómica que, en su aplicación a Cataluña, se ha convertido en un "principio de ordinariez", del robo descarado de una tribu nacional-socialista separatista a todos los ciudadanos españoles. Y saben que eso de la ordinalidad, en serio, esto es, en Alemania, es que "existente un ranking de los lander's en renta per cápita, éste no se vea alterado por los mecanismos de solidaridad interterritorial."[i] O sea, sí a la solidaridad, pero no tanta que los más ricos dejen de serlo.

El problema es que lo que aquí se maquilla como principio de ordinalidad encubre la operación de convertir a Cataluña en otra región más de España, junto con el País Vasco y Navarra (a los que sí ampara la Constitución, guste más o menos), que se beneficiará de un cupo-fuero propio privilegiado. O sea, que se está consumando la desigualación insolidaria entre españoles, algo que una izquierda coherente debería rechazar si le quedara un mínimo de rigor ideológico.

De ahí, la ordinariez del fondo y de la forma de esta descarada compra de votos hacia Esquerra Republicana y Junts. Lo de que un presidente socialista del gobierno español se reúna, habilitando de hecho a un inhabilitado judicial, con un condenado por la Justicia por tratar de dar un golpe de estado, es de nota. Que perdure el gobierno Sánchez es más importante que lo hagan la nación y la sociedad española. Es la apoteosis del capricho, del egoísmo y del narcisismo, incamuflable ya.

Es el fin del rigor intelectual y moral mínimo exigible, de la lógica más simple, y la evidencia de que, para esta izquierda, durante décadas emperifollada de dobles lenguajes y de dobles raseros que ocultaban su miseria íntima, el único rigor que pueden exhibir a estas alturas es el rigor mortis. Su desprestigio, sin hablar siquiera de sexo y corrupción, es ya insuperable.

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