
Solían ser más cuidadosos. Un Gobierno no anunciaba que iba a dar un premio fiscal a una parte del país un minuto antes de que hubiera elecciones en la parte del país que iba a pagar el pato. Cosas así se podían hacer y se hacían, pero se hacían después, cuando las urnas ya habían hablado. Se engañaba a la gente y se le hurtaba esa información a la hora de ir a votar, pero el engaño y el hurto significaban que la política tenía conciencia del coste de su decisión y, en consecuencia, la aplazaba. Ahora vemos una secuencia distinta y opuesta. La financiación autonómica que complace al separatismo catalán, aunque a medias, siempre a medias, y que perjudica al resto, quitando a los forales, se presenta justo cuando va a comenzar una ronda electoral en autonomías que salen damnificadas. Se presenta, además, con luz y sonido, a bombo y platillo, con publicidad y fanfarria. Con Oriol Junqueras y Pedro Sánchez enlazados en Moncloa, certificando para quién se hace y por qué motivo.
No es temerario: es suicida. La candidata de Sánchez en Aragón hará de conejillo de Indias. Es la primera en la lista y no tiene pinta de que vaya a pasar la prueba. Aragón no es un sitio que tenga costumbre de celebrar que el Gobierno de Cataluña vaya a tener más pasta porque "yo lo valgo". El segundo examen que pasará la estrategia kamikaze es en Castilla y León y será difícil que lo apruebe. Las cesiones al independentismo, económicas u otras, no suelen cosechar allí grandes ovaciones. En cuanto a lo de Montero, la ministra que trata de colar la estafa y, a la vez, la candidata de Sánchez en Andalucía, no es menos dramático que un suicidio político en directo. En tierras andaluzas no son muy fans de Junqueras, sus outfits y sus sermones kumbayá. Casi tan poco como de Puigdemont.
Tres son las citas electorales que vienen y ninguna de las tres en regiones que hayan mostrado indulgencia con los privilegios o cariño por el separatismo catalán. Sánchez, sin embargo, va a forzar a su partido a presentarse a las tres elecciones cargado con el lastre de una financiación autonómica cortada a medida de Esquerra y aplaudida sólo por Illa. No es normal. Puede ser que crean que el cuento que cuentan - "nadie pierde, todo el mundo gana", en la versión de Junqueras - va a ganar el concurso de relatos de la legislatura. Es posible que presuman que el lío de la financiación no cala en el votante, y que podrán redirigir la atención del público hacia esta o aquella atrocidad verbal del hombre naranja, pese a que las campañas electorales autonómicas no admiten viajes al exterior. Pero la hipótesis que se adapta mejor a este movimiento insólito parte de que en Moncloa conocen los costes de la cesión y están por asumirlos. Si el partido se estrella en esas tres autonomías, que se estrelle. Como se estrelló en Extremadura. Son los peones que hay que sacrificar en la partida. Porque sólo una pieza importa.
