Los miserables de toda tragedia
La hostilidad que conduce al boicot oficial del Gobierno hacia los operadores privados salta ya como causa del accidente de Adamuz.
Las tragedias ponen a prueba a las personas. En España, es habitual que los ciudadanos se echen a la calle para ayudar y consigan incluso salvar vidas. Lo hemos visto en riadas, incendios, accidentes y hasta en atentados.
Pero también es habitual en España que la gestión de las crisis fracase o deje las vergüenzas al aire de muchos políticos de todos los partidos. Sin embargo, hay una constante: el PSOE tiende a construir versiones que le alejen de la culpa. Vuelve a suceder con el trágico accidente ferroviario de Adamuz que deja 45 muertos y una veintena de heridos.
Dice el ministro de Fomento, Óscar Puente, que "hablar de causas antes de contar con conclusiones técnicas es precipitado y, sobre todo, poco respetuoso con las víctimas y sus familias".
Pero no le importó decir que se avecinaba "alguna sorpresa" poco antes de que El Diario publicara un engendro sobre piezas colgantes de algún vagón que hasta podrían haber dañado la vía y provocado después el descarrilamiento, que es casi como asumir que la tibia del delantero agredió violentamente a los tacos del defensa.
Todo les da igual, el caso es tener cuantos más días por delante para hablar de bogies, catenarias, pantógrafos y trigonometría, entreteniendo a los wikilianos que debaten sin parar, muchos de ellos pegados a un pinganillo oficial y con salvoconducto del ministro Marlaska, que admite el control de la información.
Se esforzó el ministro Puente en su primera comparecencia: "Quiero que quede claro (…) el descarrilamiento no ha tenido relación con la falta de mantenimiento o supervisión de las vías". Pero inmediatamente después admitió como "una posibilidad innegable" que una brecha de 30 centímetros en una vía puede provocar el descarrilamiento.
El silogismo nos conduce a que la brecha ha aparecido de la noche al día y siempre después de las presuntas labores de mantenimiento o a que ha sido producida por el propio tren décimas de segundo antes de la tragedia o, lo más plausible, a la insondable desvergüenza ministerial avalada por innumerables antecedentes.
Ya estamos conociendo datos fiables de expertos de verdad. Desde aquellos (inexistentes) del ministro Illa y el doctor Fernando Simón en la pandemia, los expertos que de veras lo son —no los todólogos de algunas tertulias que explican que las ruedas de los trenes son "una especie de cuadrado"— tienden a explicarse de oficio para evitar que su profesión quede a la altura del betún. Por eso están hablando una vez más los ingenieros, libremente, sin directrices del Gobierno. Y se nota.
Pero hay otros detalles para los que no hacen falta expertos en soldaduras, diseñadores de bogies ni cosa parecida. Entramos en ese terreno de la politización que quieren cerrar al público como si fuera una playa infestada de tiburones. Pues no hay más remedio que adentrarse. Y no es sólo política, también es ideología.
Malditos trenes privados
Al PSOE no le gusta lo privado. Al menos si funciona para los demás. Les pasa con los hospitales, los colegios y las universidades. Exigen lo público, lo manosean, lo comisionan, se enriquecen y se van a lo privado a escondidas. Pues con las compañías privadas de tren pasó lo mismo. Óscar Puente no ahorró en críticas a Iryo y Ouigo por introducir competencia, mercado… libertad. Todo bajo la ley pero sin garantías del gobierno del PSOE, claro.
Además de acusar a las compañías de "competencia desleal" por bajar precios y amenazar con denuncias ante la CNMC, llegó a calificar de "obsoletas" las locomotoras de Ouigo porque eso le sirvió para justificar una avería que se produjo en la línea Madrid-Andalucía en junio de 2025. La operadora, a través de su directora general en España, Hélène Valenzuela, no consintió la artimaña y lanzó una acusación sobre el estado de las vías que hoy da escalofríos:
"No podemos esperar que pasen los problemas; hay que ir a un mantenimiento mucho más preventivo y no correctivo".
Tanto Iryo como Ouigo lamentan que el Gobierno de España descargue en ellas cualquier culpa. No es sólo Puente, la encontradiza exministra de Hacienda, María Jesús Montero, también despachaba el caos de Renfe a cuenta de la compañía francesa: "Las máquinas de Ouigo tienen dificultades, se paran fácilmente y te provoca un retraso en toda la cadena". Lo desmintió la compañía con datos, que son como la kriptonita de los socialistas. Y, por supuesto, la avería se debió a una caída de tensión, no a que las locomotoras se paren de repente.
Tanta hostilidad, que no deja de ser un boicot con el riesgo que conlleva, abocó a las privadas a lamentar el trato de todo un Gobierno:
"No nos quieren aquí. Todo apunta a que se intenta expulsar a cualquiera que compita con Renfe".
Pero la hostilidad que conduce al boicot oficial del Gobierno hacia los operadores privados salta ya como causa del accidente de Adamuz. Lo dice a las claras El Diario, uno de sus altavoces. Titular y entradilla:
Iryo, el operador de capital italiano protagonista del mayor accidente de la alta velocidad en España.
La compañía, que revisó el tren siniestrado hace solo cuatro días, tiene como mayor accionista a Trenitalia, el equivalente transalpino de Renfe; segundo operador del sector, espera abandonar las pérdidas en 2027…
Ya tenemos culpable sin necesidad de tanta investigación: el capitalismo. Y el ministro Puente, con el balance de muertos todavía abierto, es capaz de confesar:
"No soy el mayor fan del régimen de liberalización, pero me toca convivir con él y no depende de mí, sino de la UE".
En cualquier juicio se detectaría una clara enemistad manifiesta del investigador sobre el investigado, pero para el PSOE sólo hay Justicia si le beneficia.
Mal que le pese, fue su gobierno el encargado de llevar a efecto la apertura a operadores privados en 2021 y de rubricar previamente su puesta en marcha en 2018. Esa liberalización de la que no es fan el ministro encargado de velar por su buen funcionamiento suponía adecuar todo el sistema ferroviario español, todo. No sólo la apariencia estética de las estaciones. Muchos más trenes por las mismas vías requiere una actualización integral y minuciosa porque en esos trenes viajan vidas.
Se lo ha recordado de manera muy sencilla la portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz: "Por donde antes pasaban 10 trenes ahora pasan 70". La proporción es mucho más alta, pero es la idea. Y el ministro que no es fan de la ley y que dedicó tantos esfuerzos a criticar los precios de lo que ya era libre competencia, no duda en descargar las culpas en eso, en la libertad que él debió garantizar y no quiso.
Viajar en alta velocidad era prohibitivo para mucha gente hasta que un invento llamado comercio llegó, cosa rara, de la mano de la UE. Pero a los enemigos del comercio —léase a Antonio Escohotado o la extraordinaria conversación con Federico Jiménez Losantos— no les gustan los billetes baratos. Al menos ya reconocen que no son fans de la libertad.
La guerra de la Moncloa contra La Zarzuela
Otro frente que alguna vez habrá que abordar en serio es la obsesión de Pedro Sánchez contra la Corona a la que considera un evidente obstáculo en su cambio de régimen. Y lo malo es que parece que le está dando frutos.
La presencia de los reyes en escenarios de tragedia suele agradecerse porque saben mostrar apoyo sincero, sentido y humano, algo poco habitual en los políticos que de pronto visten chalecos y calzan botas.
En Paiporta, cuando aún no estaba cerrado el balance de muertos por la dana, quedaron muchas cosas al descubierto al ver al presidente del Gobierno, apodado desde entonces "el galgo de Paiporta", salir huyendo para presentarse después como víctima de una indignación que tachó de premeditada y fascista. Pero en Paiporta se quedaron embarrados, además de los reyes, otros escándalos.
Hay quien aludió a una futura "remontada" tras lamentar en voz alta su percepción de que Zarzuela había metido un gol a Moncloa porque los reyes quedaban al lado del pueblo, dando explicaciones, con barro hasta las orejas, mientras el presidente huía aparatosamente entre abucheos.
Parece que la guerra real e incluso las frases que más o menos han trascendido se produjeron entre equipos de uno y otro palacio. Entre jefaturas de gabinetes, protocolos y demás órganos susurrantes. Los hombres del presidente se quedaron sin nada de lo que buscaban: dirigir la agenda y los movimientos de los reyes para que el odio popular quedara mejor repartido y hasta convocar con el presidente regional una rueda de prensa en la que se denunciaría lo que consideraban una intolerable agresión planificada por la fachosfera. Parece que Carlos Mazón se negó a tanta humillación y que Zarzuela sencillamente hizo oídos sordos a los antojos monclovitas. Sí, La Moncloa perdió ese primer partido.
En el caso del accidente ferroviario de Adamuz, nadie sabe por qué María Jesús Montero, sin cargo institucional alguno, pues sólo es candidata a la Junta de Andalucía, aparece como referencia indiscutible de la comunidad en los actos oficiales. La forma en la que lo hace sí ha trascendido y no ha defraudado expectativas. A empujones hasta llegar al plano en el que pudiera salir en los telediarios justo detrás de los reyes.
Le cuesta trabajo y ciertas influencias… o presiones. Al menos eso es lo que se deduce cuando un hombre que parece llevar un distintivo de la Casa Real en la solapa le dice al oído a una compañera que luce el mismo pin que abra paso a la exministra, que quiere palco aunque no le corresponda. Y así se hizo. Las razones… quizá sean parte de esa "remontada" que ya ha dado más señas en las formas y fondos de los discursos y presencias de los reyes en los últimos meses.
Conseguido el tiro de cámara electoral, la exministra que adelantó la exclusiva sobre el novio de Ayuso antes de que se publicara presume del desmarque sonriendo y levantando varias veces las cejas ante la mirada de algún fan. 'No saben con quién están tratando', parece decir. Y el caso es que ya se empiezan a reproducir viejos esquemas en los que suele caer el PP.
Hay elecciones en Andalucía y parece que algunos medios están dispuestos a colaborar, al dictado, diciendo que Juanma Moreno no estuvo a la altura en la coordinación de emergencias. Pero lo primero es esa cordialidad entre administraciones que tantos puñales por la espalda ha dejado en el PP.
Nada de todo esto es más importante que la pronta recuperación de los heridos y la atención a los afectados por la inconsolable pérdida de un ser querido. Nada de todo esto es más urgente que conocer las causas exactas de una tragedia para que no se repita y que la seguridad vuelva a ser lo habitual, no lo extraordinario.
Pero tampoco conviene dejarlo en el olvido porque detrás de las tragedias que se llevan vidas irrepetibles siempre se esconden y se mueven los miserables.
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