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Puente, dimisión

Óscar Puente tiene que dimitir de inmediato, porque su situación política es insostenible y su presencia en el ministerio es una ofensa para los afectados.

La estrategia de comunicación del ministerio de Transportes en torno a la tragedia de Adamuz, elogiada por Sánchez y los medios gubernamentales, ha desembocado en un auténtico estropicio informativo con el paso de los días. Desde ayer ha quedado claro que Óscar Puente mintió desde el principio, cuando trató de despistar a la opinión pública con afirmaciones dudosas y sospechas infundadas, y que el descarrilamiento de los trenes no fue fruto del azar, sino consecuencia del estado deficiente de las vías por las que circulaban.

Puente trató ayer de mantener a flote las mentiras que ha utilizado para eludir su responsabilidad en el terrible accidente de la localidad cordobesa. En una entrevista vergonzosamente obsecuente en la televisión gubernamental, acorde con el talante de la comisaria encargada de realizarla, Puente llegó al extremo ridículo de acusar a un medio nacional de esparcir un bulo, mientras confirmaba lo publicado por el rotativo al que pretendía reprobar. Nos referimos a la exclusiva de El Mundo del pasado domingo, en la que conocimos que el descarrilamiento del tren Iryo, origen de la tragedia, se produjo en la junta de unión de un carril antiguo con uno nuevo, mientras Oscar Puente insistió durante días en que el trazado Madrid-Sevilla se había renovado en su totalidad.

El ministro de Transportes trata ahora de salvar la cara con disquisiciones absurdas sobre el léxico utilizado, pero lo que resulta indudable es que pretendió inculcar en la opinión pública la idea de que la vía que provocó la catástrofe era nueva, cuando no lo era en absoluto. A este respecto, el presidente de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios ha mostrado su sorpresa por el hecho de que solo se renovaran determinados segmentos del trazado y no la totalidad de las vías, como ha venido asegurando el ministro Puente hasta que se ha visto obligado a admitir la verdad.

Con este nivel de desinformación intencionada no pueden sorprender las reticencias de los familiares de las víctimas a participar en el funeral de Estado, previsto para el próximo 31 de enero y suspendido hasta nueva orden para ver si se calman los ánimos. Pero la indignación de los afectados no va a desaparecer hasta que no se conozca toda la verdad y se asuman las responsabilidades políticas al más alto nivel, algo que, desde luego, Sánchez va a tratar de impedir por todos los medios.

Óscar Puente tiene que dimitir de inmediato, porque su situación política es insostenible y su presencia en el ministerio es una ofensa para los afectados. No solo por su incompetencia al frente del ministerio, sino por la manera desvergonzada con la que intentó confundir a la opinión pública desde el minuto uno, cuando los cuerpos de las víctimas estaban aún bajo el amasijo de hierro de los vagones siniestrados.

El Gobierno en su conjunto tampoco puede salir indemne de una tragedia evitable, sobre todo estando al frente de un Estado que hace gala de una presión fiscal de niveles confiscatorios y pulveriza año tras año su propio récord de recaudación.

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