Aun cuando la renuncia al escaño del imputado y encarcelado ex ministro de Transportes, José Luis Ábalos, no vaya a tener consecuencias procesales, por cuanto, a pesar de dejar de ser aforado, continuará siendo juzgado por la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, su renuncia tiene una deriva política que, si bien no hay que magnificar, vale la pena comentar:
Desde que Ábalos se incorporó al grupo Mixto, en febrero de 2024, seguía votando junto al PSOE. Sin embargo, con su entrada en prisión primero y su suspensión después, el Ejecutivo perdió ese voto clave, quedando obligado a depender del activo respaldo de Junts. Con la renuncia ya consumada de Ábalos, Sánchez recupera cierto margen de maniobra, puesto que, a partir de ahora, le bastará la abstención de los de Puigdemont para sacar adelante sus proyectos legislativos. Eso sí, siempre que restablezca los lazos con el resto de formaciones que le auparon a la presidencia.
A eso es a lo que Sánchez se está dedicando y eso es lo que contribuye cada día más al desgobierno al que está sometida España precisamente por su empeño de seguir en el gobierno al precio que sea: Si ayer comentábamos en estas páginas, el acuerdo con Podemos por el que se va a regularizar más de medio millón de inmigrantes ilegales -un irresponsable disparate que el Gobierno tenía aparcado desde hace años hasta que Podemos se lo ha exigido con carácter de urgencia, sin contar con el Congreso y que ya está generando un "efecto llamada" hasta en la prensa marroquí-, no hay que olvidar el compromiso de Sánchez ante ERC y Junts de dotar a la administración autonómica catalana de una "financiación singular" -léase privilegiada y similar al cupo-, así como las competencias de inmigración a esta administración regional.
Otro tanto se puede decir del PNV, al que Sánchez también ha ofrecido no sólo las competencias en inmigración sino también la gestión de los aeropuertos. Y eso, a pesar de que el propio presidente de AENA, el otrora diputado y portavoz del PSC, Maurici Lucena, afirmó categórico hace escasos días que "la cesión de los aeropuertos de Aena como resultado de acuerdos políticos, por mucho que un gobierno quisiera imponerlas, serían nulas de pleno derecho".
Eso, sin olvidar las cesiones, ya sean pública o clandestinamente, que Sánchez ha hecho y sigue haciendo a los proetarras de Bildu.
Así las cosas, no le faltará razón a Felipe González cuando advierte a Sánchez de que "una cosa es gobernar y otra es resistir", pero el hecho cierto es que Sánchez sigue decidido a resistir en el gobierno y lo estaría incluso, tal y como lo hemos advertido en otras ocasiones, aun al precio de no poder gobernar. Para colmo, este nihilista presidente del gobierno está decidido a dejarse exprimir -más bien, a exprimirnos- por los que abiertamente abanderan la ruptura de España como nación y Estado de derecho.
Ante este panorama, convendremos en que el hecho de que la sustituta de Ábalos vaya a ser Ana María González, una alcaldesa de Llaurí, detenida y condenada hace años por conducir completamente ebria, es peccata minuta comparado con el perfil de su antecesor y de muchos de los que todavía ocupan un puesto en el Consejo de Ministros de este desgobierno.

