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Sánchez no deja nada a su izquierda

Sánchez ha decidido acaparar todo el voto radical izquierdista para tratar de afrontar su reválida en las urnas del año próximo con alguna posibilidad

Uno de los efectos más llamativos de las elecciones en Castilla y León es la enésima debacle de los partidos ultraizquierdistas, que prosiguen con paso firme su camino hacia la desaparición. Convertidos en fuerzas extraparlamentarias, los comunistas de IU y las diversas combinaciones ultra promovidas en el entorno de Podemos son ya irrelevantes en diez comunidades autónomas a pesar de contar con una vicepresidenta del Gobierno y cinco ministros, una representatividad claramente sobredimensionada que no les ha servido para mantener, al menos, algún escaño testimonial.

Pero no cabe atribuir toda la responsabilidad de la ruina a los dirigentes ultraizquierdistas, a pesar de que sus discursos y la manera delirante de interpretar las necesidades de los ciudadanos sean motivos suficientes para caer por sí solos en la sima de la irrelevancia. Su problema principal es que el sanchismo ha ocupado el espacio que antes detentaban las fuerzas antisistema, de manera que, en estos momentos, no hay en España ningún partido más radical que el PSOE.

Los ataques a las libertades y a las instituciones democráticas y sus alianzas exteriores con lo más peligroso y zafio de la política internacional convierten al PSOE en una máquina de fagocitar a los partidos que, tradicionalmente, mantenían esas posiciones extremistas. Desde que Sánchez decidió convertirse en el dirigente antisistema de la UE, no hay espacio político a su izquierda para dar cabida a otras siglas, aunque reclamen en muchos casos esa dudosa legitimidad.

Desde las elecciones de 2023, Sánchez ha decidido acaparar todo el voto radical izquierdista para tratar de afrontar su reválida en las urnas del año próximo con alguna posibilidad, aunque sea reeditando su Gobierno Frankenstein. El resultado es la paulatina desaparición formal de las opciones a la izquierda del PSOE, el último de cuyos episodios tuvo lugar este pasado domingo en Castilla y León.

Y mientras la extrema izquierda se hunde, Yolanda Díaz, principal dirigente antisistema y vicepresidenta del Gobierno de España, decide irse a la ceremonia de entrega de los Óscar a codearse con multimillonarios y famosos, aunque cualquiera diría que hizo el viaje en la clandestinidad a tenor de la extrema discreción que ha rodeado esa curiosa visita a EEUU.

Díaz ha debido interiorizar ya que el radicalismo ultra, gracias al cual ella y sus colegas irrumpieron en la política, es un proyecto fallido en beneficio de Sánchez, al que ella misma sirve con una especial dedicación.

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