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No hay excusa para que PP y Vox no conformen gobiernos

El compromiso de Feijóo de "no mantener el statu quo sino hacer las reformas que España necesita" debe ser el eje de los retardados gobiernos PP-Vox

Si Santiago Abascal mostraba este lunes su convencimiento de que "Vox va a gobernar en las tres regiones", en referencia a Extremadura, Aragón y Castilla y León, Alberto Núñez Feijóo no ha podido ser tampoco más claro este martes al manifestar ante los micrófonos de esradio que el PP "ha entendido el mensaje de las urnas" y que, "a falta de mayoría absoluta" del PP en las tres comunidades, "el único socio posible es Vox". Llegados a este punto, cabe, pues, preguntarse qué es lo que impide a fecha de hoy que ambos partidos conformen gobiernos en las referidas comunidades autónomas, sobre todo en Extremadura cuyas elecciones se celebraron en diciembre del año pasado.

Y es que, por mucho que el líder del PP de Castilla y León Alfonso Fernández Mañueco haya insistido todavía este mismo lunes en favor de "un gobierno en solitario", lo cierto es que las urnas no se lo permiten si Vox, su "único socio posible", en palabras de Feijóo, no se contenta con un mero pacto de legislatura que le excluya de las responsabilidades de gobierno. Y esto, que es válido para Castilla y León, lo es también para Aragón y Extremadura, como lo será, según los sondeos electorales, en Andalucía dentro de pocos meses y en las Generales del año que viene.

Así las cosas, ¿qué es lo que impide el acuerdo? ¿A qué se debe esta falta de entendimiento que lamentan el electorado de ambos partidos y que está dejando en segundo plano, para beneficio de Sánchez, los consecutivos reveses electorales que está cosechando el PSOE, incluido en Castilla y León, donde los socialistas, a pesar de llevar décadas en la oposición y quedarse con el electorado de su izquierda, no han sido capaces de crecer más que en dos escaños? ¿Se debe a que Vox reclama una representación sobredimensionada o desproporcional al numero de escaños que ha obtenido, muy inferior a los del PP en las tres comunidades autónomas? ¿O el problema está, no en el número, sino en las consejerías concretas que reclama para sí cualquiera de los dos partidos? ¿Será tal vez un problema, no de cargos, sino de programas? ¿Es la bajada de impuestos un escollo para el acuerdo? ¿Lo son las subvenciones a chiringuitos o subvenciones a patronal y sindicatos? ¿El problema está en la lucha contra la inmigración ilegal, en las cuestiones de violencia de género, en la política agraria común?

El electorado de ambos partidos tiene el derecho de saber dónde están concretamente esos escollos y los mandatarios de ambos partidos tienen el deber de superarlos dentro del respeto al marco constitucional en el que ambas formaciones están instaladas. Y es que, aunque sea muy orteguiano eso de culpar de todo a "las masas", lo cierto es que aquí tenemos un claro problema de élites incapaces de conformar la alternativa que posibilitan los ciudadanos en las urnas.

Hay quienes culpan de este retraso en el acuerdo a un PP que le da pánico que le increpen que va de la mano de "la extrema derecha" y que no termina de desembarazarse de lo que podíamos llamar el "espejismo andaluz"; a saber, la idea de que el PP podría volver a tener mayoría absoluta en unas elecciones en las que también concurriera Vox. Hay otros que culpan de la falta de entendimiento al maximalismo de Vox y a una supuesta estrategia de querer ser, no tanto un correctivo del PP, sino su alternativa. Lo cierto es que, aunque pueda haber algo de cierto en ambas consideraciones, la realidad es que ambos partidos, tal y como temíamos hace un año, han llegado a estos comicios regionales sin haber cumplido "el principal deber de oposición a Sánchez" y que no es otro que hacer pedagogía en favor de un acercamiento y entendimiento entre dos formaciones que tienen el derecho y el deber de entenderse.

Habiendo trabajado previamente en lo fundamental, que es en lo que el PP y Vox están de acuerdo, luego podrían marcas distancias, como legítimamente cabe esperar en periodo electoral sin que eso fuera un obstáculo para conformar gobiernos rápidamente tras cada comicio.

El PP debe saber ya a estas alturas que le van a difamar por ir de la mano de la "derecha extrema", haga lo que haga. Y Vox tiene que saber y tener la elasticidad para rehuir dos extremos: El de convertirse en una mera correa de transmisión del PP al que entrega gratis et amore sus votos con tal de desbancar a los socialistas; pero también el extremismo de decir no al PP a todo en defensa de un esencialismo que ignora que lo mejor es enemigo de lo bueno y que, en realidad, es inútil para desbancar a los socialistas. Ambos extremos serían letales para Vox.

Finalmente destacar también el encomiable compromiso de Feijóo ante los micrófonos de esradio de que el PP no va a caer en lo que podríamos llamar el "mito del buen gestor" y que Jiménez Losantos ha rebautizado acertadamente como la mera "tentación administrativa"; a saber, limitarse a la gestión de las dañadas estructuras que han dejado en herencia los socialistas pero sin proceder a las profundas reformas que necesita el país. En este sentido, el compromiso del líder del PP de no ir a La Moncloa "a dormitar ni a mantener el statu quo, sino a hacer las reformas que España necesita", debe ser el eje no sólo de la conformación de gobiernos PP-Vox sino de nuevas y distintas políticas en España y en todas y cada una de sus comunidades autónomas.

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