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La comedia de Podemos y los inmigrantes

En España existe, y desde hace varios lustros, una coalición fáctica a favor de que el país se siga llenando de inmigrantes no cualificados.

En España existe, y desde hace varios lustros, una coalición fáctica a favor de que el país se siga llenando de inmigrantes no cualificados.
Dos inmigrantes pasean por la calle. | Antonio Sempere / Europa Press

No se llame a engaño a nadie, a los mindundis de Podemos se les está permitiendo aparentar que a ellos se debe la legalización de otro medio millón largo de extranjeros que habían infringido nuestras leyes de residencia en tiempo reciente. Pero el peso efectivo de los mindundis de Podemos fue irrelevante en ese asunto. En España existe, y desde hace varios lustros, una coalición fáctica a favor de que el país se siga llenando de inmigrantes no cualificados procedentes de la práctica totalidad de las regiones subdesarrolladas del planeta. Y esos, no Irene Montero, son los que han promovido el Real Decreto.

Por lo demás, se trata de una coalición políticamente casi invencible, toda vez que abarca a la izquierda al completo ( desde los socialdemócratas convencionales a las distintas variantes organizadas de los antisistema, independentistas incluidos), a la Iglesia Católica ( todavía la mayor entidad de la sociedad civil en España) y a una facción notable en número del empresariado autóctono (el menos eficiente y competitivo, ese que depende siempre de los salarios bajos para subsistir de modo exclusivo en el mercado interno, ya que opera por norma en sectores protegidos de la concurrencia de empresas extranjeras más modernas y tecnificadas).

Y esa poderosa coalición transversal es la que está logrando imponer en el imaginario de la opinión pública el relato absolutamente inverosímil de que un país que lleva ya más de medio siglo avanzando en un proceso constante de desindustrialización, el nuestro por más señas, va a necesitar que vengan millones y millones de trabajadores manuales, todos para producir nadie sabe qué, en las próximas décadas. Es la historia más idiota del mundo jamás contada. Pero cuela. Igual que cuela esa otra majadería ridícula, la de que las empleadas domésticas recién aterrizadas desde Sudamérica y los recogedores temporales de fruta oriundos del Magreb van a garantizar, gracias a sus liliputienses cotizaciones sociales, la viabilidad financiera de las pensiones de los 'boomers' que nos empezamos a jubilar ahora. Hasta un niño de cinco años podría entender que ese argumentario es absurdo. Pero cuela, sí.

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