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Bordalás y un cansancio peligroso

El técnico pide clemencia a la afición y les hace ver que esto es lo que hay ahora

El técnico pide clemencia a la afición y les hace ver que esto es lo que hay ahora
Cordon Press

Tuvo la valentía de coger al Getafe cuando el equipo madrileño se moría en Primera División, allá por abril de 2023. Lo salvó del descenso en un partido dramático en Valladolid donde empataron a cero. A José Bordalás (Alicante, 1964) le valía ese empate. Lo consiguió, además, de la manera más rácana posible. Sin pasar de medio campo, haciendo un partido a la medida de la exigencia que él tenía. Sin arriesgar lo más mínimo porque lo que había en juego era demasiado como para ir arriesgando.

La temporada siguiente fue mejor y el Getafe se mantuvo en Primera con mucha solvencia y el año pasado también, salvado dos semanas antes del capítulo final. Bordalás cumplía siempre con los objetivos. Vino en auxilio de Angel Torres porque el equipo se desangraba a pesar de poner en peligro su etapa anterior. Cuando vuelves a un lugar en el que has conseguido casi el techo competitivo es muy complicado que alguna cosa no se te vuelva en contra. Bordalás había llevado a Europa al Getafe en 2019 y había rozado proezas nunca imaginables. Pero cuando volvió en 2022 todo era un riesgo.

Ahora, tras dos temporadas completas, unas jornadas de otra y media de esta campaña en curso, el técnico alicantino ya no aguanta más. Le ha mandado mensajes directos e indirectos al presidente sin encontrar respuesta o, lo que es peor, encontrando alguna contestación fuera de tono de un hombre habitualmente fuera de tono, como es el presidente. A Bordalás parece que ya no le escucha nadie, que está sólo frente al peligro y eso es letal. El pasado domingo, tras el empate ante el Celta y otro partido de bochorno, al mister se le pitó en la grada y el técnico se mostró tajante en rueda de prensa "Si no me quieren aquí, ya saben lo que tienen que hacer".

Un mensaje más para la directiva, no sólo a la gente porque los aficionados al final son los que más sufren. De ley es saber apreciar que el aficionado puede imponer sus reglas, exigir algo más en el campo. Eso es tan lícito como comprender que el Getafe tiene, sin duda, una de las peores plantillas, si no la peor, de Primera División. Ellos pueden pitar pero el técnico puede hacerles ver que con esto no se va a ningún sitio.

Y en esas está el equipo, un punto por encima del descenso, y eso que hace dos meses estaba cómodo en la categoría cuando llegó a ser séptimo. Un equipo que empezó jugando bien, ganando en Sevilla y en San Mamés entre otros logros. Un equipo que se ha ido desangrando porque el fuelle de la plantilla se ha ido desgastando, se ha ido acabando. El Getafe está ahogado y en una posición que pocos quieren asumir. Esa es la realidad.

Con cuatro fichas todavía por completar, y peleado con la Liga por el dichoso fair play financiero, el Getafe se encuentra estancado y sin posibilidad de jugar mejor. En el mercado de invierno, incluso, se le ha podido ir Luis Milla, el jugador más talentoso de la plantilla. Lo pudieron retener al final pero será como nadar y morir en la orilla. Al equipo madrileño, a la larga, estos jugadores se le marcharán. Y parece que cuando baje a Segunda, algo que puede pasar este año, el equipo tendrá difícil remedio.

Mientras tanto Bordalás clama al cielo, pide clemencia a la afición y que comprendan que esto esta es la realidad con la que tienen que convivir. Que no se le puede exigir al equipo algo con lo que no cuenta. Que no hay manera de explicarles que los jugadores son los que son y que milagros es complicado hacer en el mundo del fútbol. Es muy difícil hacerles ver que en el menú ahora hay mortadela, comida basura y pan duro. No hay caviar, ni marisco.

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