
Según el manual de resistencia de Pedro Sánchez gobernar consiste en tapar la tragedia de Adamuz con el anuncio de que va a prohibir a los menores de 16 años el acceso a las redes sociales. Ese mismo presidente del Gobierno que pretende abolir la prostitución seguramente en contra de la opinión de su familia política y de sus más leales colaboradores, se ha fijado como próximo objetivo preservar a los niños y adolescentes españoles de la maligna influencia de las redes sociales. Cuidado que estamos hablando del presidente de un Gobierno que aprovechó la pandemia para cerrar el Congreso, del incapaz de garantizar el suministro eléctrico, del primer ministro del gran apagón, del autor de frases tan memorables como "son las cinco y no he comido", del marido de la catedrática, el hermano del director de orquesta y el yerno de Sabiniano.
Las redes sociales... Cuarenta y seis muertos en Adamuz y uno en Gelida. Una letal combinación de factores como la corrupción, la falta de mantenimiento, la incompetencia política y una irresponsabilidad criminal ha destruido el sistema ferroviario español. La alta velocidad es una tragedia. Las cercanías, también. El número de usuarios del tren ha caído en picado en las últimas semanas. La primera línea de alta velocidad, Madrid-Sevilla, no funciona. Los trenes de alta velocidad entre Madrid y Barcelona tardan cinco horas como mínimo. Se conoce que aquello de las dos horas y media era una temeridad, jugar a la ruleta rusa con la vida de los millones de usuarios del puente ferroviario.
En manos del sanchismo, el Estado se cae a pedazos. La alta velocidad en general y las cercanías de Cataluña en particular. La autopista del Mediterráneo está cortada en dirección sur desde que un muro cayó sobre la vía de la línea R4 de Rodalies a la altura de Gelida. Murió el maquinista. Fue el 20 de enero, dos días después de la catástrofe de Adamuz. La movilidad en Cataluña está sumida en un caos tercermundista. Los puertos de Barcelona y Tarragona han quedado incomunicados por vía férrea. Gran parte de los servicios de Renfe se cubren con autocares. Se registran constantes incidentes con los sistemas informáticos e informativos. Cae la megafonía, las pantallas dan información errónea. Un circo. El transporte de mercancías está suspendido por el riesgo de desplome de un túnel en Rubí. La línea férrea de la costa en los aledaños de Sitges es más peligrosa que la "Carretera de la Muerte" de Bolivia.
Es muy probable que estos desastres se deban a la incompetencia de personajes como José Luis Ábalos, Raquel Sánchez (una socialista exalcaldesa de Gavá que sucedió al antedicho Ábalos y que ahora preside Paradores) y Óscar Puente, gran experto en redes, pero sociales, no ferroviarias. A Puente le hablas de Facebook, X, Instagram y Tik Tok y tiene cuenta en todas y cada una de esas mandangas. Pero le hablas de trenes y carreteras y no tiene ni p... idea. Es un inútil sin paliativos, condición sine qua non para formar parte de las administraciones socialistas.
Pero hete aquí que Pedro Sánchez, el capataz de la cuadrilla de incapaces que rige los destinos de España, se ha sacado de la manga la "idea" de prohibir las redes sociales a los chavales y chavalas, que podrá hacer casi de todo, incluido abortar sin conocimiento de sus padres, menos seguir al bueno de Puente en alguna de sus innumerables cuentas personales, oficiales, institucionales o privadas. Ni que decir tiene que lo de Sánchez es la versión digital de poner puertas al campo, una idiotez cuyo único propósito es disimular que lo último que se han cargado son los trenes, los trenes de todo tipo, los rápidos, los regionales y los de cercanías. Y que ha habido muertos, como en la gota fría de Valencia. ¿Dónde están las dimisiones? Lo que en realidad ha prohibido Sánchez es viajar en tren. Lo de las redes sociales excede sus competencias, afortunadamente.
