
El resultado de las urnas esta noche en Aragón puede ser engañoso. Los medios han insistido machaconamente en el batacazo del PSOE, pero nadie se tomado la molestia de pensar en el efecto sobre el futuro de las derechas, PP y Vox, cuyas relaciones, no siendo buenas, pueden ir a muchísimo peor. Es verdad que, salvo en los últimos días de campaña, no ha habido muchos golpes bajos, y tampoco demasiados a la altura legal de quienes compiten, en parte, por el mismo electorado. Pero otra parte del electorado fiel a Vox está ya en posiciones parecidas a Podemos más que a la vieja casa común, y en el PP no quieren darse por enterados. Está bien a la vista y no lo ven.
Extremadura muestra los problemas del pacto
El PP siempre ha creído que Abascal y Ortega Lara volverían al que fue su partido tantos años, y del que eran símbolos hasta la presidencia de Rajoy. De hecho, sacan de romería y en procesión al Estafermo, como un abuelito inofensivo, y no el que en el congreso búlgaro de Valencia mandó "a los liberales al partido liberal y a los conservadores al partido conservador". Y se fueron, unos a Ciudadanos y otros a Vox. Los de Ciudadanos volvieron, los de Vox, no; y hoy los jóvenes y nuevos votantes se van a Vox, no al PP. Esto no sería especialmente grave si las relaciones de Abascal y Feijóo no fueran peor que malas: inexistentes. Vox sigue viendo al PP como un solar abandonado o sin vigilancia, del que seguir sacando materiales de derribo. Y el PP, incapaz de salir del discurso del centrismo y la moderación, no logra entender por qué los jóvenes no quieren moderarse contra Sánchez.
Y como unos siguen viéndose cerca de la Moncloa y otros disfrutan de unas encuestas cada vez más halagüeñas, lo último que se les ocurre es en preparar a los votantes de ambos partidos para un acuerdo a largo plazo no sólo para echar a Sánchez, sino para demoler el monstruo que dejaría atrás.
Extremadura es el escaparate de este dialogo de espaldas, o de rabadillas, que sólo puede conducir a unas nuevas elecciones, en la que una izquierda menos lastrada que la actual, puede resucitar en terrenos antes propicios. No sabemos si esta semana que tradicionalmente empezaba los domingos, aunque se volviera a trabajar los lunes, se anunciará un acuerdo para la formación de gobierno regional o se dirá a los extremeños que el enorme cariño que les tienen sus políticos permitirá que les voten otra vez. Como tomadura de pelo, no estará mal. Y, sin embargo, la peluquería está abierta.
A Vox le conviene que haya inestabilidad
Por suerte o por desgracia, todas las bazas para el acuerdo las tiene Vox. Y en Extremadura y Aragón debe demostrar si quiere cultivar una imagen de partido fiable y de gobierno, que hace útiles los votos recibidos, o si calcula que le conviene más sabotear los pactos con el PP por un quítame allá esos menas, o lo que se le ocurra, aunque no sea responsabilidad del PP, como hace en Madrid cuando culpa a Ayuso de atraer a "millones de ilegales". También Garriga ha hablado de los "millones de aragoneses y aragonesas" que hoy pueden sacudirse el yugo de la desgracia bipartidista. Se ve que la inflación alcanza en Vox magnitudes millonarias, en créditos y población. Pero, lógicamente, si les va bien con la incertidumbre, ¿para qué cambiar?
La respuesta antigua era que por puro patriotismo. Pero del Vox antiguo no queda nada. Y del moderno cabe esperar poco. Lo único que se me ocurre para que Abascal no lleve a Extremadura, Aragón, Castilla y León y hasta Andalucía a repetir elecciones es que tenga encuestas que aseguren la caída en sus expectativas para las elecciones generales si en los parlamentos regionales aparecen como unos niñatos irresponsables a los que sólo les importa sustituir a Sánchez en la Moncloa, no sacarlo de allí cuanto antes. Como no tengo las encuestas, que las hay, no sé qué hará el de Amurrio. Barrunto lo peor. Hemos vendido la piel del oso y sólo hemos disparado un tiro al aire. Ojalá esta noche no acabe como la tristísima de Hernán Cortés.
Confiemos en la mediación de la Virgen del Pilar para que Sánchez no vaya a celebrar el resultado de los ganadores y no a lamentar el de la perdedora. Pero hay que constatar que el milagro en la Recopa del gol de Nayim no tiene trazas de repetirse. Anoche, El Yamik, que volvía al Zaragoza, marcó un gol al Eibar, otro en propia puerta, y acabó expulsado, dejando a los blanquillos con uno menos y con menos partidos por delante para la salvación. Los goles en propia puerta son ya una especialidad regional.
