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El PP ya no teme a Vox

Feijóo y su equipo tienen claro que Vox es su socio natural, todo un paso adelante que los votantes de ambos partidos saludan con naturalidad.

Feijóo y su equipo tienen claro que Vox es su socio natural, todo un paso adelante que los votantes de ambos partidos saludan con naturalidad.
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, conversa con el secretario general del partido, Miguel Tellado, a su llegada a la reunión de la Junta Directiva Nacional del partido. | EFE

La primera vez que Santiago Abascal acudió al programa El Hormiguero, líder de audiencia en el horario estelar nocturno, el presentador del espacio de Atresmedia dijo que la diferencia entre la extrema izquierda (Pablo Iglesias había estado antes en el programa) y Vox es que el partido de Abascal "da miedo". Ergo, la basura comunista no. Por eso siguen sus dirigentes impartiendo doctrina en los medios del grupo multimedia, a pesar de que ya no les vota ni la servidumbre de Galapagar.

Las palabras de Pablo Motos representan perfectamente la absoluta falta de criterio de los medios de comunicación cuando se dirigen a su audiencia para contarles cómo va la cosa política. Por eso a Vox se le califica de ultraderecha sin entrar en matices, algo que no tendría mayor importancia si a la purria podemita se le llamara la ultraizquierda, a los partidos nacionalistas se les calificara de separatistas y a formaciones como Bildu, proetarras, que es, en pura esencia, lo que todos ellos realmente son.

El Partido Popular decidió guardar las distancias con los de Abascal, incluso debiendo agradecerles la formación de gobierno en seis autonomías tras las últimas elecciones autonómicas en las que sus candidatos no obtuvieron la mayoría absoluta. Los estrategas de Génova decidieron ponerse del lado izquierdo del muro democrático levantado por Dirty en la última sesión de investidura, porque el PP es incapaz de gobernar si la izquierda no le expide el correspondiente permiso.

Pero eso es algo que comienza a cambiar para sorpresa de muchos, que nunca creímos que el PP llegaría a comportarse algún día con las agallas que se le suponen a un partido llamado a gobernar. Desde ayer, los populares ya no temen a Vox. De hecho, han admitido que llegarán a acuerdos para gobernar sin poner cara de asco ni hacer los aspavientos ridículos que caracterizan a su candidata en Extremadura, la inefable María Guardiola, que lo primero que hizo tras ver el resultado de las elecciones que adelantó creyendo que iba a arrasar fue llamar al PSOE para que le dejara gobernar y así no tener que contar con Vox. Esta no se ha enterado aún de que su partido ya no teme a los de Abascal, pero se enterará muy pronto, cuando el parlamento extremeño rechace su investidura en primera instancia y no tenga más remedio que negociar con lealtad.

Feijóo y su equipo tienen claro que Vox es su socio natural, todo un paso adelante que los votantes de ambos partidos saludan con naturalidad. Ya solo les falta hacerles ver a sus candidatos progres (todos; para qué vamos a señalar) que la gobernación de España es más importante que la imagen que los líderes provinciales del PP quieren mantener gobernando para la izquierda con los votos de la derecha, como llevan haciendo desde hace cuatro décadas ya.

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